
“El verdadero desafío no es crecer, sino estar a la altura del crecimiento”, señala Leandro Bochatay. En su análisis de la actualidad del oil & gas en el sur del país, destaca que el desarrollo logístico enfrenta cuellos de botella, que es clave identificar los insumos más críticos para evitar pérdidas operativas y que la formación de talento será un diferencial para consolidar el sector a largo plazo.
¿Cuál es la situación actual del sector gasífero?
El mercado del gas está atravesando un crecimiento muy grande. Todo este cambio de escala asociado a Vaca Muerta, sumado a la apertura de importaciones y otros factores, está impulsando una reorganización estructural. Esto se nota, por ejemplo, en ciudades como Cipolletti o Añelo, que están transformándose completamente.
Hoy los reclamos pasan por infraestructura básica como caminos, hospedaje y servicios, porque la arquitectura logística del sector está exigiendo una transformación urgente.
Esta situación también se refleja en el redireccionamiento de inversiones logísticas. Por ejemplo, operadores que inicialmente apostaban por el litio en el norte del país se están volcando hacia el sur, adaptando sus estructuras al desarrollo de Vaca Muerta.
El cambio de escala no es solo un crecimiento, es una transformación profunda que afecta tanto la producción como la logística que la acompaña.
¿Cómo se vinculan los costos logísticos con la eficiencia en este contexto?
Hay una fuerte política de ajuste de costos, no solo por razones económicas sino también por cuestiones de eficiencia operativa.
En el sector oil & gas se está empezando a aplicar con fuerza la filosofía “Lean Manufacturing”, que se enfoca en reducir desperdicios y optimizar recursos. Durante mucho tiempo se creyó que este tipo de empresas tenían recursos ilimitados, pero la realidad muestra que el mal uso de esos recursos puede significar pérdidas millonarias.
Las distancias son enormes, los productos son costosos y los riesgos son altos. Un error puede derivar en la pérdida de un pozo entero, ya sea por falta de componentes o por fallas de calidad. Por eso, toda la cadena de abastecimiento está siendo revisada con lupa para alcanzar los niveles de rentabilidad esperados.
¿Estamos preparados en términos de infraestructura para acompañar esta demanda?
La infraestructura está rezagada frente al ritmo del crecimiento del sector gasífero. Es necesario avanzar con la construcción, reparación y mantenimiento de rutas, hospedajes y con el abastecimiento de servicios esenciales en los lugares donde se llevan a cabo los distintos desarrollos. Muchas de estas localidades no estaban preparadas para recibir semejante volumen de movimiento logístico, lo que genera cuellos de botella en el transporte, demoras y mayores costos operativos.
En paralelo, la complejidad del transporte de productos no estandarizados, como maquinaria de gran porte o materiales sobredimensionados, exige condiciones viales adecuadas, zonas de descarga amplias y equipamiento especializado.
La falta de infraestructura acorde limita la eficiencia logística e incrementa los riesgos en las entregas. Por eso, tanto el sector público como el privado están frente a un momento decisivo, invertir en infraestructura vial y nodos logísticos será clave para sostener el desarrollo de esta industria en expansión.

¿Qué importancia tienen los insumos críticos en esta cadena de abastecimiento?
El manejo de la cadena de abastecimiento es clave y empieza por entender cuáles son los insumos críticos para cada operación. Se trata de identificar qué productos duelen más si faltan, para generar una estrategia de aprovisionamiento diferenciada.
Es importante la comunicación entre empresas. Conocer la dinámica del mercado y las curvas de consumo permite ajustar el inventario sin exponerse a quiebres de stock. Mantener niveles bajos de inventario es deseable, pero si no se detectan los insumos clave, puede terminar siendo contraproducente.
¿Qué proyectás para el futuro de la industria gasífera en Argentina?
Creo que el gas tiene un enorme potencial para el país. Se nota una transformación real: desde universidades que crean nuevas carreras hasta profesionales que se trasladan a zonas clave para sumarse al desarrollo. Hay una sensación de movimiento positivo y muchas empresas están creciendo más rápido de lo previsto.
Con la apertura de importaciones, también se abre la posibilidad de competir en otros mercados. No se trata solo de un cambio puntual, sino de una nueva escala productiva que puede reposicionar a Argentina globalmente.
Si apostamos a la formación de talento local, al desarrollo de proveedores estratégicos y a una infraestructura moderna, vamos a poder consolidar un sector energético competitivo, integrarnos con mayor fuerza al comercio internacional y generar oportunidades sostenibles en el tiempo.
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