
China, Estados Unidos e Israel concentran gran parte de las exportaciones del complejo carnes y cueros bovinos de la Argentina. Para sostener e incrementar estos despachos, la logística cumple un rol estratégico, no solo en términos operativos, sino también como facilitadora de acuerdos sanitarios y acceso a cuotas arancelarias preferenciales.
Según un informe reciente de la Bolsa de Comercio de Rosario, en 2024 las exportaciones del complejo carnes y cueros bovinos totalizaron US$ 3.672 millones, consolidándose como el sexto complejo exportador más importante de la economía argentina. De ese total, el 81% correspondió a carne bovina en distintos formatos, mientras que el 10,2% fue explicado por cueros y productos vacunos.
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Este crecimiento sostenido no sería posible sin una estructura logística sólida, que articula procesos sanitarios, transporte multimodal, condiciones de frío, gestión aduanera y acuerdos internacionales. La carne deshuesada y congelada —el principal producto exportado— requiere de una cadena de frío rigurosa, condiciones de empaque especializadas y trazabilidad en cada etapa del proceso, desde los frigoríficos hasta los puertos.
Logística diferenciada según el destino
Cada mercado de destino impone requisitos distintos, lo que obliga a planificar la logística de forma segmentada. En 2024, China absorbió el 49,1% de los despachos, consolidándose como el principal comprador de carne vacuna congelada. Este tipo de exportación exige infraestructura frigorífica portuaria de alta capacidad, almacenamiento temporal adecuado y transporte marítimo con control térmico.
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En contraste, la Unión Europea demanda carne fresca o refrigerada de alta calidad, que se exporta en el marco de las cuotas Hilton y 481. Esto implica una logística mucho más sensible a los tiempos de tránsito y a la integridad del producto durante su traslado. Alemania, Italia y Países Bajos, entre otros, valoran la trazabilidad y certificaciones sanitarias que requieren una coordinación eficiente entre frigoríficos, transporte terrestre y despacho aduanero.
Por su parte, Estados Unidos representa un caso emblemático en términos logísticos y normativos. Argentina cuenta con una cuota de 20.000 toneladas de cortes sin hueso, frescos o congelados, con un arancel preferencial de US$ 40 por tonelada. Por fuera de esa cuota, el arancel asciende al 26,4%, por lo que la precisión logística es clave para no perder beneficios fiscales y mantener la competitividad.
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Adaptación logística ante la reapertura y expansión de mercados
La capacidad del país para adaptarse logísticamente a los cambios en el comercio internacional ha sido determinante. Tras 17 años de inactividad, en 2019 se reabrió el mercado de EE.UU. para la carne argentina gracias al aval sanitario del USDA. Desde entonces, las exportaciones hacia ese destino crecieron hasta alcanzar US$ 262 millones en 2024, marcando un récord de los últimos 18 años.
En el primer trimestre de 2025, las exportaciones del complejo carnes y cueros bovinos sumaron US$ 883 millones, y EE.UU. duplicó sus compras respecto al mismo período del año anterior, alcanzando los US$ 100 millones. Este desempeño, que compensa parcialmente la caída de la demanda china (-30% interanual), muestra la capacidad logística argentina para diversificar mercados y responder rápidamente a la demanda internacional.
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Además, Israel amplió su recepción de carne argentina al permitir, en 2024, el ingreso de carne kosher con hueso, un segmento que requiere manipulación especializada y procesos logísticos aún más específicos.
Más de 50 destinos, un mismo desafío: eficiencia y trazabilidad
En 2024, el complejo exportó a más de 50 países, entre ellos Chile, Vietnam, Rusia, México e India. Esta diversidad exige una logística flexible y resiliente, capaz de adaptarse a distintos modos de transporte, exigencias documentales y regulaciones sanitarias.
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Asimismo, el caso del cuero presenta sus propios desafíos logísticos: almacenamiento en condiciones controladas, preservación del material durante el transporte y comercialización en nichos industriales específicos, particularmente hacia Asia y Europa.
La logística, lejos de ser un mero engranaje operativo, se consolida como un factor clave de competitividad. En un entorno global en permanente cambio, la capacidad de Argentina para exportar carnes y cueros de forma eficiente, segura y rentable dependerá en gran medida de seguir fortaleciendo su infraestructura logística, su capital humano técnico y su marco regulatorio.
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