
“El desafío es hacer que la cadena sea lo más eficiente y sustentable posible”, afirma Valentina. Desde su experiencia en gestión internacional, analiza cómo la logística puede ser un motor central para avanzar en términos de sustentabilidad.
¿Por qué considerás que la sustentabilidad debe estar en el centro de las decisiones del comercio internacional?
La sustentabilidad es un compromiso que debemos asumir todos, tanto desde las empresas como desde nuestro rol como consumidores. En el caso del comercio internacional, la responsabilidad es doble, porque muchas veces estamos hablando de procesos logísticos complejos que tienen un impacto significativo en el medio ambiente. Las decisiones sobre cómo producir, cómo transportar y con quiénes operar deben tener en cuenta ese impacto.
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Lo mismo aplica a nuestro comportamiento como consumidores. Algo tan simple como elegir productos de empresas comprometidas con el medio ambiente o evitar la compra innecesaria de plásticos de un solo uso puede tener una consecuencia positiva. Cuando uno empieza a tomar conciencia del efecto que esas decisiones tienen hoy y pueden tener en el futuro, inevitablemente las empieza a aplicar en todos los ámbitos de su vida.
¿Cuál es el rol del comercio exterior y la logística internacional en esta transición hacia una industria más sustentable?
El comercio exterior es parte esencial de la cadena de valor de casi todos los productos. Es muy raro encontrar un producto que se fabrique enteramente en un solo país. En ese contexto, el desafío es hacer que esa cadena sea lo más eficiente y sustentable posible. Desde minimizar emisiones en el transporte internacional hasta digitalizar procesos para reducir el consumo de papel, hay muchas formas de aportar a esa transformación.
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La tecnología está disponible, pero muchas veces no se implementa por falta de conocimiento o inversión. Digitalizar las operaciones, reducir la burocracia innecesaria y adoptar soluciones tecnológicas también son formas de reducir el impacto ambiental, además de mejorar la eficiencia en términos de tiempos y costos.
¿Percibís un compromiso real del sector en este sentido?
A nivel global, definitivamente. Hay regiones del mundo, como Europa o Norteamérica, donde el compromiso con la sustentabilidad está mucho más avanzado y donde incluso es un requisito legal operar con ciertos estándares. En América Latina hay un compromiso también, aunque estamos un poco rezagados, en parte por cuestiones estructurales que hacen más lenta la transición.
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Las grandes compañías y muchas organizaciones no gubernamentales están impulsando este cambio. El enfoque en minimizar el impacto ambiental de las operaciones es cada vez más visible. Creo que estamos yendo hacia una logística internacional más responsable.
¿Cuáles son los principales desafíos que enfrenta hoy el sector para avanzar hacia una mayor eficiencia?
Uno de los grandes desafíos es reducir el uso de recursos que generan impacto ambiental, pero también aquellos que generan sobrecostos. En países como Argentina, ser competitivos en los mercados globales requiere ser eficientes en todos los eslabones de la cadena.
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Implementar tecnologías como el Internet de las Cosas o la inteligencia artificial, que podrían mejorar los procesos de importación, el rastreo de cargas o la toma de decisiones, es clave. Pero también implica una inversión. El desafío está en identificar dónde se puede generar mayor impacto con menos recursos.

¿En qué áreas se está avanzando con innovación tecnológica hacia una mayor eficiencia y sustentabilidad?
Trabajo con productos vinculados a la ingeniería y la tecnología, y veo que constantemente se avanza hacia soluciones que permiten minimizar el consumo energético y reducir el impacto ambiental. Muchas de estas innovaciones están orientadas a facilitar procesos productivos más responsables y alcanzar una mayor eficiencia operativa.
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Es un sector muy dinámico, cada nueva línea de productos tiende a incorporar mejoras que buscan reducir el consumo de recursos y optimizar costos. También se avanza en la integración de herramientas digitales que ayudan a monitorear y mejorar los procesos, lo que hace que, a la vez, la innovación tecnológica esté cada vez más alineada con los objetivos de sustentabilidad.
¿Y la inteligencia artificial? ¿Ya impacta en tu trabajo?
Todavía no está completamente incorporada a las operaciones de comercio exterior, pero sí la usamos como herramienta de apoyo. Por ejemplo, para redactar un correo, armar una presentación o buscar una perspectiva distinta frente a un problema.
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La inteligencia artificial puede tener aplicaciones concretas relacionadas a la trazabilidad, la automatización de tareas y el análisis de datos. El desafío será entender bien esas herramientas y adaptarlas al comercio internacional de forma estratégica.
¿Cómo imaginás el futuro del comercio internacional en relación con la sustentabilidad?
Creo que el futuro del comercio internacional va a estar marcado por un compromiso mucho más profundo con la sustentabilidad. Ya no se trata solo de una ventaja competitiva, sino de una necesidad. Las empresas que no se adapten a estas nuevas demandas quedarán fuera del mercado global.
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Vamos a ver una integración más fuerte entre tecnología, eficiencia operativa y responsabilidad ambiental. La digitalización y la automatización van a tener un rol clave, pero también será fundamental mantener una mirada crítica como consumidores y operadores. La sustentabilidad no es solo una meta, es un camino que estamos empezando a recorrer con mayor convicción.
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