
La construcción del ferrocarril proyectada como una solución estratégica para mejorar la logística del agronegocio en Brasil generará un impacto ambiental mucho mayor al previsto. El ambicioso corredor ferroviario de 933 kilómetros, que unirá el corazón productivo de Mato Grosso con puertos del Atlántico, busca facilitar la salida de granos hacia el mercado internacional, pero arrastra un fuerte señalamiento técnico por sus riesgos sobre la Amazonía y las comunidades indígenas. La advertencia surge de un informe elaborado por investigadores de las universidades de Sao Paulo y Minas Gerais junto a expertos del Observatorio del Clima, red de ecologistas que difundió este miércoles las conclusiones.
Diseñada durante la gestión de Jair Bolsonaro (2019-2022), la Ferrogrão, como se conoce a dicha línea férrea, se presenta como una vía clave para abaratar costos de exportación y reducir la presión sobre las carreteras que hoy saturan la llamada “frontera agrícola” brasileña. Sin embargo, el estudio oficial de viabilidad subestimó de manera crítica el impacto ambiental de la obra, según sostiene el informe que será presentado este jueves en la ciudad de Santarém, en el estado amazónico de Pará.
La vía férrea busca reconfigurar el transporte de granos hacia el Atlántico
El proyecto prevé transportar principalmente soja y maíz desde Mato Grosso, primer productor de ambos cultivos en Brasil, hasta puertos fluviales y marítimos de Pará. La nueva vía promete recortar distancias y tiempos de traslado respecto a las rutas actuales, donde el flujo de camiones genera embotellamientos y deterioro de las rutas, especialmente en temporada de cosecha. Para el sector agropecuario, la Ferrogrão representa una pieza clave en la estrategia de competitividad y expansión hacia nuevos mercados.
Pero el informe técnico advierte que esa optimización logística no será inocua para la selva. Según el relevamiento de los especialistas, el estudio de viabilidad realizado por el gobierno presenta “fallos y lagunas” en la medición de los impactos acumulativos y la proyección de la deforestación que generará la obra. Uno de los principales cuestionamientos apunta a la premisa oficial de que la expansión agrícola ocurrirá solo sobre pastos degradados, sin afectar áreas de vegetación nativa.
El avance agrícola ya reconfigura el uso de la tierra en la región
Los investigadores califican esa hipótesis como “genérica, no probada y contradictoria” con la dinámica real de la región. Entre 2012 y 2023, más de 1,3 millones de hectáreas de pastizales en la zona de influencia de la futura línea férrea se convirtieron en cultivos de soja. En paralelo, más de 1,3 millones de hectáreas de bosques fueron transformadas en pastizales, revelando el ciclo de avance agrícola sobre la selva.
“La ausencia de riesgo de deforestación señalada en el estudio gubernamental carece de fundamentos técnicos y desconoce la dinámica histórica de uso de la tierra en la región", sostiene el informe. Según el relevamiento, sin un mecanismo de control efectivo, la expansión de los monocultivos presionará aún más sobre los ecosistemas amazónicos, y la línea férrea funcionará como un nuevo vector de deforestación.

Junto a este estudio, el evento en Santarém incluirá la presentación de otros dos informes críticos sobre el proyecto: uno elaborado por el Instituto Socioambiental (ISA) y otro de la Universidad Federal de Pará (UFPA) en conjunto con organizaciones de la sociedad civil. Ambos trabajos coinciden en señalar la necesidad de rediseñar la planificación de la obra y de garantizar medidas efectivas para proteger la Amazonía.
El proyecto es impulsado con fuerza por el agronegocio brasileño, que lo considera clave para reducir los costos logísticos y aumentar la competitividad internacional del país. La Ferrogrão permitiría un flujo más eficiente de la producción, hoy afectada por la dependencia de rutas terrestres colapsadas. Pero expertos y ambientalistas sostienen que avanzar sin considerar sus riesgos podría derivar en consecuencias irreversibles para la selva amazónica, uno de los mayores reguladores climáticos del planeta.
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