Expertos de la UNAM alertan sobre riesgos y desastres en CDMX, Acapulco y Mérida por fallas en planeación urbana

El crecimiento desordenado, la expansión sobre terrenos de riesgo y la falta de políticas públicas adecuadas aumentan la vulnerabilidad de sus habitantes, advirtieron especialistas

Montaje de rascacielos junto a una montaña, una bahía con playa y edificios altos, y una calle con casas tradicionales y una iglesia
Los participantes coincidieron en la necesidad de vincular el desarrollo urbano con la reducción del riesgo y la atención a las desigualdades territoriales.
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Las zonas metropolitanas de Ciudad de México, Acapulco y Mérida enfrentan condiciones de vulnerabilidad ante desastres vinculadas con el crecimiento urbano desorganizado, las deficiencias en la planeación territorial y la falta de políticas públicas adecuadas, señalaron especialistas reunidos en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

De acuerdo con la información de Gaceta UNAM, estas regiones presentan diferencias en ubicación, características geográficas y tamaño de población, pero permiten analizar cómo se construyen los riesgos en las ciudades. El encuentro no estableció una clasificación nacional ni un pronóstico que las identifique como las tres zonas más vulnerables del país.

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Durante el seminario “Riesgos socioambientales, planeación del territorio y políticas públicas en las zonas metropolitanas de Mérida, Acapulco y Ciudad de México”, los participantes coincidieron en la necesidad de vincular el desarrollo urbano con la reducción del riesgo y la atención a las desigualdades territoriales.

¿Qué aumenta la vulnerabilidad de CDMX, Acapulco y Mérida?

María Isabel Vázquez Padilla, secretaria académica del Instituto de Geografía (IGg), explicó que las tres zonas metropolitanas ilustran los procesos de riesgo, desastre y vulnerabilidad que afectan a distintas regiones de México.

Al inaugurar el encuentro en representación de la directora del instituto, María Teresa Sánchez Salazar, destacó que el propósito es fomentar un diálogo crítico y proponer opciones desde la academia y la gestión pública para construir territorios más seguros, justos y resilientes.

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Por su parte, Alma Gloria Pérez García, secretaria general de la Facultad de Trabajo Social (FaTS), señaló que durante las últimas cinco décadas la urbanización en México ha mantenido condiciones de vulnerabilidad estructural frente a amenazas de distinta naturaleza.

Entre ellas mencionó sismos, inundaciones, deslaves, explosiones, incendios y contingencias ambientales. Su exposición abordó problemas de la urbanización en el país, sin asignar a cada una de las tres ciudades un listado específico de amenazas.

La especialista advirtió que la planeación urbana no ha logrado integrar las dimensiones social, urbana, ambiental y económica para reducir el riesgo de desastres. La persistencia de políticas y programas sectoriales, explicó, favorece la fragmentación territorial y el incremento de riesgos.

Urbanización desregulada y fallas en el uso del suelo

Uno de los factores señalados durante el seminario fue la expansión de las ciudades sobre espacios cuyas características generan condiciones de vulnerabilidad para la población.

Pérez García explicó que el crecimiento urbano ha ocupado suelos de conservación, laderas montañosas y cuencas de ríos. Este proceso, asociado con una urbanización desregulada, contribuye a la construcción social del riesgo de desastre.

A ello se suma una aplicación insuficiente de las normas de uso del suelo y construcción, así como deficiencias en su vigilancia y seguimiento. La académica indicó que estos problemas involucran tanto a asentamientos populares como a unidades habitacionales edificadas con financiamiento público o privado.

Desde esta perspectiva, la conformación de zonas de alto riesgo también está relacionada con las decisiones sobre dónde y cómo se construye, y con las condiciones sociales de quienes habitan esos espacios.

La especialista agregó que, durante los últimos años, las políticas urbanas han privilegiado el desarrollo de negocios inmobiliarios bajo una lógica de modernización que no siempre atiende suficientemente la desigualdad territorial ni las distintas condiciones de vulnerabilidad de las ciudades.

Protección Civil debe considerar edificios y población

Pérez García recordó que en 2026 se cumplen 40 años del decreto de creación del Sistema Nacional de Protección Civil y cuestionó que algunas medidas se diseñen al margen de las condiciones reales de vulnerabilidad urbana.

Como ejemplo, mencionó los simulacros centrados en la amenaza sísmica en Ciudad de México, cuando no se consideran las condiciones estructurales de los edificios ni las características de la población usuaria de inmuebles afectados.

Su planteamiento apunta a incorporar esas diferencias en las acciones de prevención: las características de las construcciones y de sus ocupantes forman parte del contexto que debe atenderse para reducir riesgos.

Los riesgos urbanos cambian con el territorio

Francisco León Cruz, encargado de despacho del Seminario Universitario de Riesgos Socio-Ambientales (SURSA), destacó que las ciudades concentran población, infraestructura, actividades económicas, servicios y vulnerabilidades.

Explicó que estas condiciones se transforman conforme las zonas metropolitanas crecen, cambian los usos del suelo y se desarrollan nuevas infraestructuras. Las modificaciones territoriales también alteran las condiciones ambientales y sociales que pueden incrementar la vulnerabilidad.

El seminario fue organizado por el Instituto de Geografía, el SURSA y las facultades de Trabajo Social y de Filosofía y Letras de la UNAM, con el propósito de discutir opciones de planeación y políticas públicas para reducir los riesgos socioambientales.

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