Los psicólogos coinciden: las personas que cruzan los brazos cuando hablan con otros no es por groseras sino por protección

El sentido del gesto depende de la situación y de las demás señales de la persona

Una mujer y un hombre están sentados en un banco de parque, rodeados de árboles con hojas amarillas y anaranjadas en el suelo.
Un hombre y una mujer, sentados en un banco de parque, conversan y muestran posturas diferentes sin aparente tensión, rodeados de árboles con follaje otoñal. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Contrario a lo que podría pensarse, debido a lo intimidante que puede lucir, el cruzar los brazos durante una conversación no necesariamente expresa enfado ni desinterés. En realidad, la postura puede funcionar como una forma de protección, concentración, comodidad e incluso como respuesta al frío y al cansancio, según la interpretación de especialistas en comunicación no verbal.

El sentido del gesto depende de la situación y de las demás señales de la persona. Durante una reunión de trabajo, por ejemplo, alguien puede escuchar una exposición con los brazos sobre el pecho sin rechazar lo que oye; esa posición también puede ayudarle a mantener la atención o a sentirse seguro.

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Los expertos agrupan las explicaciones habituales en cuatro categorías. La primera es la protección: los brazos forman una barrera física ante estrés, miedo, ansiedad o frustración.

La segunda es la concentración, pues la postura puede favorecer el procesamiento de información compleja o evitar que alguien pierda el hilo durante una charla extensa.

También puede ser una posición cómoda y refleja para descansar los músculos, además de responder a factores físicos como el frío o el cansancio.

Una mujer gesticula frente a un hombre con los brazos cruzados en una sala de estar con sofá, mesa de madera y ventanal.
Una mujer gesticula al hablar frente a un hombre con los brazos cruzados durante una discusión en la sala de su vivienda. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La postura puede expresar incomodidad o inseguridad

Hanan Parvez, maestro en Psicología y autor de un artículo publicado en PsychMechanics, asocia el gesto con una actitud defensiva ligada a la incomodidad, la inquietud, la timidez y la inseguridad.

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De acuerdo con su explicación, una persona que no se siente cómoda con los temas abordados en una conversación puede poner los brazos sobre el pecho como si levantara una barrera.

La postura también se relaciona con niveles altos de temor o ansiedad, como una respuesta natural ante la angustia. En otros casos, puede operar como un mecanismo de autocontrol frente a la frustración o la ira contenida, por lo que no descarta por completo una relación con el enojo.

Un experimento publicado en 2008 por los investigadores Ron Friedman y Andrew Elliot, de la Universidad de Rochester en Estados Unidos, examinó si cruzar los brazos modifica la persistencia ante una tarea.

El estudio, difundido en la revista European Journal of Social Psychology, incluyó dos pruebas con estudiantes. En la primera, los participantes intentaron resolver un anagrama imposible: una mitad debía hacerlo con las manos sobre los muslos y la otra con los brazos cruzados.

Quienes mantuvieron las manos sobre los muslos perseveraron en promedio 30 segundos. Los estudiantes con los brazos cruzados siguieron intentando resolverlo durante casi 55 segundos.

Una mujer de cabello rizado habla y gesticula en una mesa frente a un hombre con gafas y barba que la observa.
Una mujer gesticula con las manos al hablar frente a un hombre que la escucha al otro lado de una mesa. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En la segunda prueba, la postura se asoció con un mejor desempeño en anagramas que sí tenían solución. Friedman y Elliot atribuyeron ese resultado a una mayor persistencia de quienes cruzaban los brazos.

Los investigadores no detectaron diferencias entre los grupos en comodidad, cumplimiento de instrucciones o estado de ánimo. Los participantes tampoco parecieron advertir que la posición corporal influyera en su comportamiento.

El estudio y las interpretaciones sobre lenguaje corporal coinciden en que un gesto aislado no permite determinar qué siente una persona; la circunstancia concreta en que cruza los brazos define el significado que puede tener.

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