Cuál agua fresca es mejor para la hipertensión: jamaica vs. tamarindo vs. horchata

No todas las aguas frescas tienen el mismo efecto sobre la presión arterial

Tres vasos con agua de jamaica, tamarindo y horchata sobre una mesa de madera junto a un tensiómetro digital y una jarra de agua.
La fama de bebida “natural” no basta para que un agua fresca sea adecuada en casos de hipertensión. (Imagen Ilustrativa Infobae)
Guardar

La horchata dulce es la menos aconsejable para las personas con hipertensión, mientras que el agua de jamaica sin azúcar aparece como la alternativa con mejor respaldo científico.

Los ensayos clínicos y un metaanálisis publicados entre 2010 y 2022 hallaron descensos modestos de la presión arterial con Hibiscus sabdariffa cuando se consume de forma regular.

PUBLICIDAD

El tamarindo queda en una posición intermedia por resultados todavía contradictorios.

Para alguien con presión arterial elevada, la mejor elección entre jamaica, tamarindo y horchata es el agua de jamaica sin azúcar añadida o con un dulzor mínimo.

La razón es que sus compuestos bioactivos se han vinculado con reducciones de la presión sistólica, mientras que el tamarindo cuenta con evidencia irregular y la horchata suele aportar una alta carga de azúcares añadidos.

La comparación no depende únicamente de la flor, la fruta o el arroz utilizados en cada bebida.

La preparación define gran parte de su impacto: una agua fresca con abundante azúcar puede tener un perfil parecido al de un refresco, incluso si parte de ingredientes tradicionales.

PUBLICIDAD

La jamaica sin azúcar tiene la evidencia más sólida

El agua de jamaica se prepara con los cálices secos de Hibiscus sabdariffa, una planta rica en antocianinas y polifenoles.

Estos compuestos se han estudiado por su posible relación con la función de los vasos sanguíneos, el estrés oxidativo y la regulación de la presión arterial.

Un ensayo doble ciego publicado en American Journal of Clinical Nutrition evaluó a 65 adultos con prehipertensión o hipertensión leve que no recibían fármacos antihipertensivos.

Durante seis semanas, un grupo consumió tres tazas diarias de té de jamaica y otro recibió una bebida placebo.

El grupo que tomó hibisco registró una reducción media de 7,2 mmHg en la presión sistólica, frente a 1,3 mmHg en el grupo placebo. La diferencia fue más evidente entre las personas que comenzaron el estudio con cifras de presión más elevadas.

La presión diastólica también bajó entre quienes recibieron jamaica, aunque la diferencia con el placebo no alcanzó significación estadística. El resultado sugiere que el posible efecto de la bebida se concentra sobre todo en la presión sistólica.

Un metaanálisis publicado en 2022 revisó estudios de intervención con hibisco y encontró una reducción media de 7,10 mmHg en la presión sistólica frente al placebo. En algunos análisis específicos, la diferencia fue todavía mayor.

La revisión también detectó una tendencia favorable en la presión diastólica, aunque con resultados menos uniformes.

Las diferencias entre dosis, tipos de extracto, duración de las intervenciones y perfiles de los participantes dificultan establecer una magnitud única del beneficio.

La evidencia disponible no permite presentar la jamaica como sustituto de un tratamiento médico.

Sí respalda su papel como complemento dietético para personas con presión elevada, especialmente cuando reemplaza a refrescos, jugos endulzados u otras bebidas con azúcar.

Bebida refrescante de jamaica, vaso de agua fresca, infusión de flor de hibisco, bebida tradicional mexicana. - (Imagen Ilustrativa Infobae)
El agua de jamaica se prepara con los cálices secos de Hibiscus sabdariffa, una planta rica en antocianinas y polifenoles. - (Imagen Ilustrativa Infobae)

El azúcar puede anular la ventaja del agua de jamaica

El principal problema de muchas recetas tradicionales es que usan grandes cantidades de azúcar para compensar la acidez natural de la flor.

En esas condiciones, el posible efecto favorable del hibisco puede quedar relegado frente al impacto metabólico de las calorías líquidas.

La American Heart Association advierte que las bebidas azucaradas son una fuente central de azúcares añadidos y se asocian con aumento de peso, diabetes tipo 2, enfermedad cardíaca y presión arterial elevada.

La entidad recomienda que la mayoría de las mujeres no superen 25 gramos diarios de azúcares añadidos y que la mayoría de los hombres permanezcan por debajo de 36 gramos.

Un vaso grande de agua fresca muy dulce puede ocupar una parte considerable de ese margen.

La Organización Mundial de la Salud también recomienda reducir el consumo de azúcares y priorizar una alimentación con frutas, verduras, legumbres y agua.

Para la hipertensión, la restricción de sal y el control del peso son otras piezas del mismo enfoque.

Por eso, la versión más conveniente de jamaica es una infusión fría sin azúcar o con una cantidad muy reducida.

Para quienes no toleren su sabor ácido, el ajuste debe ser gradual para evitar que la bebida vuelva a convertirse en una fuente habitual de azúcar.

Hombre en la cocina bebe de un vaso, con un manguito de tensiómetro en el brazo; una jarra de bebida y un tazón de frutas sobre la mesa.
La versión más conveniente de jamaica es una infusión fría sin azúcar o con una cantidad muy reducida. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El tamarindo ofrece resultados mixtos

El agua de tamarindo no tiene un respaldo clínico tan uniforme como la jamaica. Algunos estudios identificaron posibles descensos de la presión, pero otros no observaron ventajas claras frente a grupos de comparación.

Un ensayo exploratorio en personas con VIH e hipertrigliceridemia evaluó dos preparaciones de jugo de tamarindo durante cuatro semanas. La bebida con 10% de pulpa se asoció con una reducción de 7,4 mmHg en la presión sistólica.

La preparación con mayor proporción de pulpa no produjo el mismo resultado sobre la presión arterial, aunque sí mostró una reducción de triglicéridos.

Los propios investigadores señalaron que el trabajo no tenía el tamaño necesario para sacar conclusiones definitivas sobre hipertensión.

Otro ensayo, realizado en adultos con sobrepeso u obesidad, detectó descensos en mediciones del grupo que consumió pulpa de tamarindo. No obstante, esas variaciones no fueron superiores a las del grupo control.

Un estudio en pacientes con hipertensión primaria de estadio II encontró una disminución de la presión diastólica cuando la pulpa de tamarindo se añadió al tratamiento farmacológico.

La presión sistólica, en cambio, no mostró una diferencia significativa respecto del grupo control.

Estos resultados indican que el tamarindo podría tener efectos en circunstancias específicas, según la concentración de pulpa, los compuestos fenólicos, la población estudiada y los tratamientos que ya recibe cada paciente.

Aún no existe una base suficiente para recomendarlo como bebida antihipertensiva.

Una jarra de cristal con agua de tamarindo de color rojizo, llena de hielo y con gotas de condensación, rodeada de vainas de tamarindo sobre una mesa de madera.
El agua de tamarindo no tiene un respaldo clínico tan uniforme como la jamaica. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El consumo real de tamarindo exige precaución

La incertidumbre aumenta al observar cómo se consume el tamarindo fuera de los ensayos. En muchas preparaciones se combina con azúcar, sal o ambos ingredientes, como ocurre con algunos dulces y bebidas comerciales.

Una cohorte de 2.823 personas en una comunidad costera analizó la asociación entre consumo de tamarindo e hipertensión. El estudio observacional identificó un mayor riesgo entre quienes tenían un consumo moderado o alto.

Las mujeres con una ingesta elevada también presentaron cifras más altas de presión diastólica. El diseño del estudio no permite afirmar que el tamarindo fuera la causa directa del problema.

La asociación podría estar condicionada por las recetas, la presencia de sal y azúcar, el resto de la dieta u otros hábitos de las personas participantes. Aun así, el hallazgo impide presentar al tamarindo como una opción inequívocamente favorable para la presión arterial.

Para una persona con hipertensión, el agua de tamarindo puede ser una alternativa ocasional si se prepara sin sal y con poca o ninguna azúcar. Su consumo no debería reemplazar la medicación indicada ni interpretarse como una terapia.

La horchata se acerca más a un refresco que a una infusión

La horchata suele elaborarse con arroz, agua, canela, azúcar y, en algunas recetas, leche o leche condensada. Las versiones industriales pueden añadir jarabe de maíz de alta fructosa, saborizantes y otros ingredientes.

El etiquetado de una horchata comercial distribuida en Estados Unidos indica que una porción de 240 ml contiene 20 gramos de azúcares añadidos.

Esa cantidad se acerca al límite diario recomendado por la American Heart Association para la mayoría de las mujeres.

Aunque algunas versiones aportan calcio y pequeñas cantidades de proteína, no existe evidencia clínica que relacione la horchata con una reducción de la presión arterial. Su perfil nutricional la ubica entre las bebidas azucaradas.

Un estudio de cohorte de 25 años divulgado por la American Heart Association halló que quienes consumían dos o más porciones diarias de bebidas azucaradas tenían un 52% más riesgo de desarrollar hipertensión que quienes tomaban menos de tres porciones semanales.

El problema no es exclusivo de los refrescos. Las bebidas dulces elaboradas con fruta, arroz o leche también aportan azúcar en forma líquida y generan menos saciedad que los alimentos sólidos, lo que puede facilitar un exceso de calorías.

La horchata no tiene por qué desaparecer de manera absoluta de una dieta, pero debería quedar reservada para ocasiones esporádicas y porciones moderadas. Para el consumo cotidiano, no es la opción más adecuada en personas que necesitan controlar la presión arterial.

Vaso alto de agua de horchata sin azúcar con hielo y espolvoreado de canela molida, adornado con una rama de canela, sobre una mesa de madera.
La horchata suele elaborarse con arroz, agua, canela, azúcar y, en algunas recetas, leche o leche condensada. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La elección debe formar parte de una dieta completa

Las guías de la Sociedad Europea de Cardiología y de la Sociedad Europea de Hipertensión recomiendan limitar las bebidas azucaradas y reducir el consumo de sal.

También promueven patrones alimentarios como la dieta DASH y la mediterránea.

Estos enfoques priorizan verduras, frutas enteras, legumbres, frutos secos, cereales integrales, pescado y alimentos con bajo contenido de grasas saturadas. El agua simple debe ocupar el lugar principal entre las bebidas.

Dentro de ese patrón, el agua de jamaica sin azúcar puede encajar como una alternativa habitual con potencial beneficio adicional.

El agua de tamarindo puede consumirse con moderación, siempre que no incluya azúcar ni sal en exceso.

La horchata dulce queda en el extremo menos favorable de la comparación. Su consumo frecuente puede dificultar el control del peso, la glucosa y la presión arterial, sobre todo cuando se suma a una dieta alta en sodio y alimentos ultraprocesados.

La conclusión práctica es directa: para personas con hipertensión, la jamaica poco endulzada o sin azúcar es la mejor opción entre estas tres aguas frescas.

El tamarindo requiere moderación y una preparación cuidadosa. La horchata, por su contenido habitual de azúcar, conviene limitarla.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD