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Comer carne después de entrenar: La razón médica por la que esto te impide ganar masa muscular

El estudio proporciona evidencia científica que muestra que no toda la carne de cerdo contribuye de igual manera al desarrollo muscular

Primer plano de una persona en camiseta gris comiendo una dieta equilibrada de pollo a la parrilla, quinoa y ensalada en una mesa blanca con un vaso de agua.
Una persona en ropa de entrenamiento disfruta de una comida saludable y equilibrada, que incluye pollo a la parrilla, quinoa y ensalada fresca, para recuperarse después de hacer ejercicio. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Tras sesiones de ejercicio intenso, numerosas personas optan por la carne como fuente principal de proteína para favorecer la reparación y el crecimiento muscular.

Sin embargo, una reciente investigación publicada en The American Journal of Clinical Nutrition revela que no todas las carnes aportan el mismo beneficio para este proceso y que incluso hay algunas que pueden afectar y retrasar la reparación muscular.

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El estudio proporciona evidencia científica que muestra que no toda la carne de cerdo contribuye de igual manera al desarrollo muscular.

Ilustración de un hombre sonriente con cubiertos y un plato con pollo, arroz, lechuga y tomate; junto a una mujer corriendo en una cinta de ejercicio.
Esta ilustración caricaturesca representa la importancia de un estilo de vida saludable, mostrando a un hombre con una comida balanceada y a una mujer haciendo ejercicio en una cinta de correr. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuál es la mejor carne para comer después del entrenamiento

La investigación demostró que la carne molida magra, caracterizada por su bajo contenido graso, resulta considerablemente más eficaz para estimular la síntesis de proteína miofibrilar (MPS), mecanismo a través del cual el organismo repara y construye fibras musculares tras el entrenamiento de resistencia.

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En el experimento, los participantes realizaron ejercicios de fuerza y, posteriormente, consumieron distintos alimentos: carne de cerdo alta en grasa, carne magra o una bebida con carbohidratos.

Los resultados muestran que quienes ingirieron carne con alto contenido lipídico presentaron una respuesta anabólica inferior, es decir, su capacidad para reparar y generar músculo fue menor.

En contraste, el consumo de carne magra produjo una activación más marcada de la MPS. Este hallazgo resulta de especial interés para deportistas, personas que practican ejercicios de fuerza y adultos mayores que desean prevenir la sarcopenia, la pérdida de masa muscular asociada al envejecimiento.

En este sentido, y tal como señala la investigación, seleccionar cortes magros no solo asegura la provisión de proteína completa y rica en aminoácidos esenciales —como la leucina, fundamental para la síntesis proteica—, sino que también optimiza el entorno metabólico necesario para la construcción muscular.

Uno de los aportes más relevantes del estudio es la explicación de cómo la grasa puede dificultar este proceso: un contenido elevado de lípidos ralentiza la digestión y retrasa el vaciado gástrico, lo que demora la llegada de aminoácidos al torrente sanguíneo lo cual reduce la rapidez con la que los músculos reciben los nutrientes requeridos para iniciar la reparación y el crecimiento.

Ilustración de dos figuras levantando pesas. Una recibe carne magra, sus músculos son rosados. La otra recibe carne grasa, sus músculos son rojos. Fragmentos de proteína flotan.
Dos figuras abstractas levantan pesas en una ilustración que compara la formación muscular a partir de cortes magros de cerdo, que generan fibras robustas, y cortes grasos, que producen fibras delgadas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

¿Por qué la calidad de la proteína importa?

El exceso de grasa también puede afectar la señalización anabólica de vías como mTOR, un sistema clave en la reparación y síntesis muscular. Así, no basta con consumir proteína, sino que la forma en que se presenta y absorbe en el organismo marca diferencias sustanciales.

Dos alimentos que aportan la misma cantidad de proteína pueden generar respuestas metabólicas distintas según su composición. La denominada “matriz alimentaria”, es decir, la proporción de nutrientes en el alimento, incide directamente en los resultados del entrenamiento.

Respecto a la elección entre cerdo magro y cortes grasos, la investigación subraya que el tipo de carne es tan relevante como la cantidad consumida.

Cortes magros como el lomo, el solomillo o la pierna desgrasada se destacan como fuentes de proteína completa y contienen todos los aminoácidos esenciales, sin el exceso de lípidos que puede obstaculizar la síntesis muscular.

Por el contrario, productos con mayor proporción de grasa, como la carne molida tradicional o los cortes con abundante marmoleo, pueden reducir la eficacia del entrenamiento si se consumen inmediatamente después del ejercicio. El estudio no sugiere eliminar estos cortes de la dieta, sino planificar su consumo de manera estratégica.

Plato blanco con filetes de cerdo, brócoli, espárragos y arroz blanco en una mesa de madera. Al fondo, una toalla azul enrollada y una botella de agua.
Un plato con filetes de cerdo a la plancha, brócoli, espárragos y arroz blanco sobre una mesa, acompañado por una toalla y una botella de agua que indican una comida post-entrenamiento. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Se recomienda reservar los cortes grasos para otras comidas del día, mientras que los cortes magros deben priorizarse en la llamada “ventana anabólica”, las dos primeras horas tras el entrenamiento, periodo en el cual el organismo aprovecha de manera más eficiente los nutrientes.

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