Del mercado a la basura: frutas y verduras son los alimentos más desperdiciados en México

Los vegetales constituyen el 18.8 % del desperdicio de alimentos en los hogares mexicanos

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Bote de basura gris con bolsa blanca desbordado de plátanos, manzanas, jitomates, lechuga, zanahorias, naranjas y cebolla.
Un bote de basura desbordado muestra frutas y verduras frescas, algunas con leves señales de deterioro, lo que señala el desperdicio de alimentos domésticos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En los hogares mexicanos, frutas y verduras ocupan el primer lugar entre los productos que más frecuentemente terminan en la basura, muy por encima de otras categorías como embutidos, botanas o bebidas alcohólicas. Así lo evidenció un estudio internacional realizado por un equipo de especialistas de la Universidad Iberoamericana y el Tecnológico de Monterrey, cuyos resultados fueron publicados en la revista Cleaner Waste Systems.

Este trabajo constituye uno de los primeros intentos formales por analizar con detalle el problema del desperdicio de alimentos en el ámbito doméstico en México y por identificar tanto los grupos de comida más afectados como los factores sociales que inciden en este proceso.

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La investigación se llevó a cabo mediante un cuestionario aplicado a 127 personas de diferentes zonas del país. Los datos recabados permiten conocer mejor el perfil del desperdicio alimentario, al tiempo que brindan un punto de partida para futuras acciones y políticas destinadas a reducir esta situación.

Alimentos frescos: los más vulnerables al desecho

El análisis reveló que los vegetales (tanto frescos como en otras presentaciones) constituyen el 18.8 % del desperdicio reportado, seguidos de cerca por las frutas, con un 13.8 %. Estas dos categorías superan ampliamente a otros grupos como el pan (11 %) y los cereales, pastas o arroces (9 %), que también figuran entre los más desechados. En conjunto, estos rubros representan más de la mitad de los alimentos que las familias mexicanas eliminan semanalmente de sus cocinas.

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Asimismo, en el extremo opuesto, las bebidas alcohólicas y productos como embutidos y botanas apenas aparecen en las estadísticas. Por ejemplo, el alcohol solo conforma el 0.5 % del total descartado, mientras que botanas y embutidos se ubican también entre los menos desperdiciados.

Una bolsa de tela con frutas y verduras; un refrigerador con frutas y verduras organizadas; un bote de basura con alimentos desechados
Una secuencia visual muestra la compra de productos frescos, su almacenamiento en el refrigerador y el descarte de algunas piezas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Especialistas explican que la razón de este fenómeno radica en la naturaleza perecedera de los productos frescos, cuya vida útil es considerablemente menor que la de otros alimentos procesados. La falta de consumo oportuno o el almacenamiento deficiente provocan que terminen en el cubo de basura antes de poder ser aprovechados.

Pese a la frecuencia con que se desperdician, la mayoría de los encuestados indicó que las cantidades descartadas suelen ser reducidas; entre una y dos porciones de verdura y cerca de una cuarta parte o una pieza de fruta cada semana. Este dato sugiere que si bien el problema es generalizado, la magnitud individual puede ser menor de lo que se estima en otras regiones o contextos.

Factores socioeconómicos y comportamientos asociados al desperdicio

Uno de los hallazgos más llamativos de la investigación es que los hogares con mayores niveles de ingreso tienden a desperdiciar más. Las instituciones atribuyen este patrón a la capacidad económica para adquirir más alimentos de los que realmente se consumen, lo que incrementa la probabilidad de que una parte de la compra termine desechada por no ser utilizada a tiempo.

El estudio identificó también que las personas adultas mayores desperdician menos fruta. Los expertos relacionan este comportamiento con mejores prácticas de planificación de compras, almacenamiento y aprovechamiento de los productos, adquiridas a lo largo de los años.

De acuerdo con el equipo de investigación, los resultados pueden utilizarse como base para diseñar campañas educativas y políticas públicas dirigidas a disminuir el desperdicio alimentario en México. Algunas de las estrategias sugeridas incluyen fomentar una mejor organización al momento de comprar, difundir técnicas adecuadas para conservar la comida, aclarar el significado real de las fechas impresas en los empaques y promover el uso de aplicaciones móviles que ayuden a llevar el control de los alimentos en casa.

También se recomienda fortalecer los programas de donación y reutilización de excedentes, así como el aprovechamiento de residuos orgánicos, con el fin de reducir el volumen de comida que termina en los vertederos.

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