¿Por qué mezclar vitamina D y calcio podría ser peligroso para los riñones? 

El consumo simultáneo de estos suplementos sin conocer los niveles basales incrementa la absorción de minerales y puede conducir a problemas como hipercalciemia y daño permanente en los riñones, según la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos

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(Imagen Ilustrativa Infobae)
La evidencia respalda el uso combinado de calcio y vitamina D únicamente en situaciones clínicas específicas, como osteoporosis, raquitismo o en ancianos institucionalizados, siempre bajo control médico.

Tomar vitamina D y calcio juntos se ha convertido en una práctica habitual, impulsada por la creencia de que más siempre es mejor cuando se trata de salud ósea. Sin embargo, especialistas y revisiones científicas advierten que esta combinación, fuera de indicación médica precisa, puede tener consecuencias serias para los riñones.

El nefrólogo Borja Quiroga, quien ejerce en España, es categórico al respecto: “He visto gente que ha venido con los riñones llenos de piedras”. El especialista explica que la vitamina D favorece la absorción intestinal de calcio, un mecanismo que, en condiciones normales, es beneficioso, pero que en exceso satura los riñones y forma depósitos minerales que derivan en cálculos renales.

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Polvo lácteo, leche deshidratada, fuente de calcio, nutrición diaria, bebida instantánea, producto envasado, alternativa a la leche líquida, suplemento alimenticio, preparación fácil, alimento esencial. - (Imagen Ilustrativa Infobae)
Suplementar vitamina D junto con calcio sin supervisión médica eleva la probabilidad de litiasis renal, según revisiones en Reumatología Clínica y el Colegio Mexicano de Reumatología; los riesgos se agravan en personas sanas que no lo requieren

El mecanismo detrás del daño

El riñón es el principal sitio donde la vitamina D se convierte en su forma activa: el calcitriol. Cuando los niveles de esta forma activa se elevan en exceso —ya sea por consumo elevado del suplemento o por una predisposición individual—, el complejo calcitriol-receptor de vitamina D activa genes que incrementan la absorción intestinal de calcio y fósforo. En concentraciones altas, ambos minerales favorecen las calcificaciones en tejidos blandos y la formación de cálculos renales, según explica la Revista de Nefrología de la Sociedad Española de Nefrología.

Este proceso se conoce como hipercalciemia, un estado en el que el calcio en sangre supera los rangos normales. La Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos confirma que la hipervitaminosis D —es decir, el exceso de vitamina D en el organismo— es una causa directa de hipercalciemia, cuyas complicaciones incluyen desde cálculos renales hasta daño renal permanente.

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Modelo de riñón con cálculos, botella de vitamina D3 abierta con pastillas, vaso de orina y estetoscopio sobre una mesa de madera clara.
Un modelo de riñón con cálculos, pastillas de vitamina D3 y una muestra de orina ilustran el riesgo de daño renal por el consumo excesivo de suplementos sin supervisión médica. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando la combinación multiplica el riesgo

Si bien un análisis prospectivo publicado en el Journal of Urology —que incluyó a 193.551 participantes de tres cohortes de la Escuela de Medicina de Harvard, con un seguimiento de más de 3,3 millones de personas-año— no encontró una asociación estadísticamente significativa entre el consumo habitual de vitamina D y la formación de cálculos renales, los propios autores advierten que no puede descartarse un mayor riesgo con dosis superiores a las estudiadas.

El matiz decisivo aparece cuando entra en juego el calcio: la combinación de vitamina D con suplementos de calcio sí se ha asociado a un mayor riesgo de cálculos renales en otros estudios, incluyendo los analizados en una revisión publicada en Reumatología Clínica, órgano oficial de la Sociedad Española de Reumatología y del Colegio Mexicano de Reumatología. Dicha revisión señala que, en mujeres sanas, la administración conjunta de ambos suplementos puede incrementar la frecuencia de litiasis renal, además de plantear interrogantes sobre el riesgo cardiovascular.

Una mujer sentada en una cocina toma una píldora con un vaso de agua. Lleva una camiseta con la silueta de unos riñones. Una botella de ibuprofeno está sobre la mesa.
Algunos suplementos, lejos de proteger, podrían favorecer problemas renales si no existe una razón médica para tomarlos juntos

¿Cuánta vitamina D es demasiada?

MedlinePlus precisa que la cantidad diaria recomendada de vitamina D oscila entre 400 y 800 UI según la edad, y que la mayoría de las personas no requiere más de 2.000 UI al día. Los síntomas de toxicidad, en general, aparecen con dosis superiores a las 10.000 UI diarias y pueden incluir fatiga, vómitos, orina frecuente, presión arterial alta y daño renal irreversible.

El problema, advierte Quiroga, es que los suplementos se recetan con frecuencia sin evaluar adecuadamente el estado de salud previo del paciente. El nefrólogo sostiene que en personas sanas la vitamina D “no mejora el riesgo cardiovascular, ni reduce tumores, ni evita fracturas”, y califica de injustificada la tendencia a suplementar incluso a niños. Solo la recomienda en casos de osteoporosis o enfermedad renal crónica diagnosticada.

Ilustración detallada de un riñón cortado por la mitad, mostrando cálculos renales de color marrón amarillento en su interior y en el uréter
La vitamina D favorece la absorción de calcio, lo que en exceso puede saturar los riñones y formar depósitos minerale, causando litiasis renal.

Cuándo sí está indicada la combinación

Esto no significa que la combinación de calcio y vitamina D sea siempre perjudicial. La revisión de Reumatología Clínica reconoce que en contextos específicos —como el raquitismo, el tratamiento con bifosfonatos para la osteoporosis o en ancianos institucionalizados— la administración conjunta de ambos suplementos ha demostrado reducir el riesgo de fracturas y es clínicamente justificada.

La clave, coinciden los especialistas, está en la indicación médica. Tomar estos suplementos sin un diagnóstico previo, sin conocer los niveles basales de vitamina D en sangre y sin considerar la ingesta de calcio a través de la dieta es lo que convierte una intervención potencialmente útil en un riesgo innecesario para los riñones.

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