Hígado graso, diabetes e hipertensión: la tríada metabólica que más afecta a los mexicanos

Esta combinación de enfermedades crónicas representa la mayor carga para el sistema de salud pública y limita la calidad de vida de millones de mexicanos

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Dibujo que representa la tríada metabólica con tres círculos conectados: hígado graso (hígado con manchas), diabetes (glucómetro y cubo de azúcar), e hipertensión (tensiómetro).
La tríada metabólica afecta la calidad de vida de millones de personas y representa un desafío para el sistema de salud pública en México. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El hígado graso, la diabetes y la hipertensión se han consolidado como la tríada metabólica que configura la mayor carga de enfermedad crónica en la población mexicana.

Esta combinación, reconocida por las autoridades nacionales de salud, no solo afecta la calidad de vida de millones, sino que también representa uno de los principales desafíos financieros y operativos para el sistema de salud pública.

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A lo largo de las últimas décadas, se ha producido una transición epidemiológica en México, donde las enfermedades infecciosas ceden terreno ante padecimientos crónicos no transmisibles.

Los organismos como el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y la Secretaría de Salud han advertido que el tratamiento aislado de cada enfermedad resulta ineficaz y costoso, por lo que la tendencia actual es abordar esta tríada como un fenómeno metabólico interconectado.

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Cifras de la tríada metabólica en México

La evidencia recopilada por la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2022 muestra un panorama alarmante: cerca de la mitad de los adultos mexicanos presentan al menos uno de los componentes de esta tríada.

La diabetes mellitus tipo 2 afecta al 18.4% de la población adulta, mientras que la hipertensión arterial, medida con los criterios más estrictos internacionales, alcanza una prevalencia cercana al 48%.

El hígado graso, bajo la nueva denominación de enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD), se estima en torno al 46-50% de los adultos.

Estos porcentajes se ven agravados por un alto grado de subdiagnóstico y control insuficiente. Por ejemplo, se calcula que uno de cada tres adultos con diabetes desconoce su condición, lo que retrasa el inicio de tratamientos efectivos.

En la hipertensión, el desconocimiento supera el 60% bajo ciertos criterios. El hígado graso suele pasar desapercibido hasta que la enfermedad progresa a etapas avanzadas, lo que dificulta la intervención temprana.

De acuerdo con informes del IMSS, la atención de la diabetes y sus complicaciones acapara la mayor parte de las consultas y recursos médicos en el primer nivel de atención.

Además, la institución ha identificado una tendencia creciente de nuevos diagnósticos anuales, lo que refuerza la urgencia de implementar estrategias preventivas y de control integral.

En México, la tríada metabólica está impulsada por factores ambientales, biológicos y sociales, incluyendo una alimentación alta en calorías y baja en nutrientes, sedentarismo, y acceso limitado a servicios de salud y espacios para la actividad física.

Mujer de mediana edad sentada en una mesa, sosteniendo un pastillero, con un plato de comida, un vaso de agua, un tensiómetro y un medidor de glucosa.
El tratamiento aislado de hígado graso, diabetes e hipertensión resulta ineficaz y costoso, por lo que la tendencia actual es abordar estas enfermedades como un fenómeno metabólico interconectado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Efectos de la tríada metabólica: del desequilibrio metabólico a las complicaciones cardiovasculares

El desarrollo simultáneo de hígado graso, diabetes e hipertensión no es casual. La literatura médica y los protocolos institucionales coinciden en que la resistencia a la insulina, la inflamación crónica de bajo grado y la acumulación de grasa visceral constituyen el eje común de estos padecimientos.

El exceso de ácidos grasos libres en la sangre, resultado de una disfunción en el tejido adiposo, llega al hígado y favorece la acumulación de triglicéridos en los hepatocitos, desencadenando la MASLD.

El hígado infiltrado de grasa no es un órgano pasivo. Produce alteraciones en los perfiles de lípidos que incrementan el riesgo de enfermedad cardiovascular.

Asimismo, la resistencia a la insulina y la disfunción endotelial resultantes amplifican la presión arterial y deterioran la función pancreática, perpetuando el ciclo de daño metabólico.

El impacto de esta tríada va más allá de las cifras. Las complicaciones asociadas, como el infarto agudo de miocardio y la insuficiencia renal, constituyen las principales causas de mortalidad y discapacidad en el país.

Cada año, cientos de miles de mexicanos sufren eventos cardiovasculares graves derivados de este círculo vicioso metabólico.

El sistema de salud ha respondido a este reto con la implementación de programas específicos, como el “Código Infarto”, que busca garantizar una atención rápida y coordinada ante eventos cardiovasculares agudos.

Según los protocolos del IMSS, el tratamiento oportuno puede reducir la mortalidad y las secuelas asociadas a estos episodios.

Primer plano de un hombre mestizo con camiseta oscura y jeans, de pie en una calle borrosa, con un contorno brillante de un hígado superpuesto en su pecho.
Cada año, cientos de miles de personas en México presentan eventos cardiovasculares graves como consecuencia de la tríada metabólica. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Innovación en diagnóstico y tratamiento: nuevas estrategias oficiales

Las autoridades sanitarias mexicanas han actualizado sus criterios diagnósticos y terapéuticos siguiendo las recomendaciones de sociedades internacionales y adaptando los protocolos a la realidad local.

El cambio de nomenclatura de hígado graso a MASLD responde tanto a una mejor comprensión fisiopatológica como a la necesidad de evitar estigmas y mejorar la adherencia al tratamiento.

Actualmente, se promueve el uso de pruebas no invasivas como el índice FIB-4 y la elastografía hepática para identificar el riesgo de fibrosis hepática sin recurrir a la biopsia.

El IMSS recomienda evaluar rutinariamente a los pacientes con factores de riesgo para intervenir antes de que la enfermedad progrese.

En cuanto a la diabetes, los estándares internacionales y nacionales enfatizan la importancia de un abordaje integral.

Más allá del control glicémico estricto, se prioriza la reducción del riesgo cardiovascular y renal mediante el uso de medicamentos innovadores aprobados por los protocolos vigentes.

El tratamiento de la hipertensión también se ha alineado con guías internacionales, buscando objetivos de presión arterial cada vez más bajos y promoviendo la combinación temprana de antihipertensivos.

Políticas públicas y retos pendientes

El Estado mexicano ha unificado sus esfuerzos a través de normativas, guías clínicas y programas de acción específicos que concentran la prevención y control de obesidad, diabetes, hipertensión y dislipidemias en una estrategia transversal.

El Programa de Acción Específico de Enfermedades Cardiometabólicas y los Protocolos de Atención Integral del IMSS constituyen los pilares actuales de la respuesta institucional, aunque existen desafíos en la actualización y aplicación homogénea de estas directrices en todo el país.

El éxito futuro depende de la capacidad para actualizar rápidamente las guías clínicas, fortalecer el primer nivel de atención y abordar los determinantes sociales que perpetúan la epidemia metabólica.

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