La Torre Latinoamericana conmemoró sus 70 años el jueves 30 de abril de 2026 con un espectáculo de pirotecnia lanzado a las 19:30 horas desde lo alto del edificio, en medio de los festejos del Día del Niño en el Zócalo capitalino, donde el grupo 31 Minutos ofreció un concierto simultáneo.
El edificio de 44 pisos y 182 metros de altura, ubicado en la esquina de Madero y Eje Lázaro Cárdenas, abrió sus puertas el 30 de abril de 1956, fecha elegida también para celebrar el 50 aniversario de la aseguradora La Latinoamericana Seguros de Vida, empresa que financió y dio nombre al proyecto. La coincidencia de fechas convirtió la inauguración en una celebración doble que se repite, siete décadas después, con la misma simbología.
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El rascacielos fue el más alto de México durante casi 27 años y, al momento de su apertura, ocupaba el lugar 45 entre los edificios más altos del mundo. Era también el más alto de toda América Latina y el cuarto fuera de Nueva York.
Una ingeniería que desafió el suelo y los sismos
La construcción comenzó en 1948 bajo el diseño del arquitecto Augusto H. Álvarez y la ingeniería de los hermanos Leonardo y Adolfo Zeevaert, con la consultoría del estadounidense Nathan M. Newmark, uno de los padres de la ingeniería sísmica. El reto era monumental: levantar el edificio más alto de la región sobre el antiguo lecho del lago de Texcoco, un suelo blando, arcilloso y propenso a los temblores.
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La solución fue una cimentación de 361 pilotes de concreto hundidos 33 metros bajo tierra, sobre una capa de arena compacta. El sistema permite que la base del edificio funcione como una caja flotante, de modo que la torre no se hunde —fenómeno que afecta a decenas de construcciones del Centro Histórico— sino que literalmente flota sobre el subsuelo.

Las vigas de acero de la estructura fueron fabricadas por la misma empresa que construyó las del Empire State Building: McClintic-Marshall, de Pittsburgh. La fachada, por su parte, está compuesta por 2,500 ventanas de vidrio enmarcadas en aluminio, lo que la convirtió en el primer rascacielos con cubierta de vidrio en el mundo.
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Un año después de su inauguración, el sismo del 28 de julio de 1957 —de magnitud 7.9— sacudió la Ciudad de México y derribó el Ángel de la Independencia. La Torre Latinoamericana se mantuvo en pie sin daños. El American Institute of Steel Construction le otorgó por ese hecho el Award of Merit como “el edificio más alto jamás expuesto a una enorme fuerza sísmica”.
El terremoto del 19 de septiembre de 1985, de magnitud 8.1, destruyó cientos de edificios en el área del Centro Histórico. La torre volvió a resistir. En el sismo de 2017, de magnitud 7.1, solo se desprendieron algunos vidrios.
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Por otro lado, el terreno donde se levanta tuvo vidas anteriores: fue el zoológico de Moctezuma II en la época prehispánica y, tras la Conquista, el sitio del Convento de San Francisco, demolido durante las Leyes de Reforma del siglo XIX.
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