La Orquesta Escuela Carlos Chávez sacude Bellas Artes: 200 jóvenes paralizan la sala con Réquiem de Verdi

Jóvenes músicos llenaron la Sala Principal con una de las obras más poderosas del repertorio clásico. El público no se fue igual...

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La interpretación congregó a cientos de personas y mantuvo a la audiencia cautivada por más de dos horas, culminando en una ovación al director Emilio Aranda Mora y en un reconocimiento al esfuerzo de los jóvenes ejecutantes. (Infobae-Itzallana)
La interpretación congregó a cientos de personas y mantuvo a la audiencia cautivada por más de dos horas, culminando en una ovación al director Emilio Aranda Mora y en un reconocimiento al esfuerzo de los jóvenes ejecutantes. (Infobae-Itzallana)

El sábado 25 de abril, a mediodía, el Palacio de Bellas Artes se llenó para escuchar algo que difícilmente se olvida: una misa compuesta hace más de 150 años y que sigue siendo capaz de paralizar a una sala entera.

De acuerdo con la Secretaría de Cultura, la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes registró localidades agotadas para recibir a la Orquesta Escuela Carlos Chávez (OECCh). Personas de todas las edades ocuparon cada butaca para escuchar la Misa de Réquiem de Giuseppe Verdi, una de las partituras más exigentes del repertorio sinfónico-coral.

Lo que siguió fueron una hora y cuarenta minutos que transitaron por la angustia, el miedo, la desesperación y, al final, algo parecido a la luz.

Un mediodía de abril, la interpretación de la célebre obra reunió a más de doscientos artistas en el escenario e hizo vibrar a los asistentes, quienes brindaron ovaciones prolongadas a músicos y solistas tras un acto inolvidable. (Infobae-Itzallana)
Un mediodía de abril, la interpretación de la célebre obra reunió a más de doscientos artistas en el escenario e hizo vibrar a los asistentes, quienes brindaron ovaciones prolongadas a músicos y solistas tras un acto inolvidable. (Infobae-Itzallana)

El momento que nadie en la sala olvidará

Si hay un pasaje en el Réquiem de Verdi que sacude físicamente al público, es el Dies Irae —Día de la ira—: la representación sonora del juicio final. Las percusiones y los metales irrumpen sin advertencia, con una fuerza que se siente en el pecho antes de procesarse en la mente.

Más de 200 voces e instrumentistas lo ejecutaron con una contundencia que llenó cada rincón de la Sala Principal.

No es casualidad. Verdi no compuso esta obra como plegaria sino como drama humano. A diferencia del recogimiento espiritual de otros réquiems —como los de Mozart o Fauré—, el suyo es visceral: construido a partir de contrastes brutales, de los susurros corales a los estallidos orquestales, de la súplica íntima al clamor colectivo.

Desde los primeros compases del Requiem aeternam, la atmósfera de la sala se volvió densa. Los solistas —la soprano Bertha Granados, la mezzosoprano Belém Rodríguez, el tenor Alan Pingarrón y el bajo José Luis Reynoso— sostuvieron un diálogo constante con el coro y la orquesta, alternando los momentos más íntimos con los más desgarradores.

(Infobae-Itzallana)
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Lo que sintieron quienes estuvieron ahí

Concepción, de 70 años, lo resumió al salir: “Es un sonido extraordinario, pero también muy aterrador… te hace pensar en la muerte, en algo funesto, y lo transmiten de una forma impresionante”.

Carlos, de 22, fue más directo: “Es increíble ver a los jóvenes involucrarse en la cultura y en la música”.

Lucía, de 36, describió lo que muchos sintieron sin poder explicarlo: “No necesitas entender todo para sentirla. Te envuelve completamente”.

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Flores, ovación y el silencio que lo dijo todo

Tras el Libera Me —el último movimiento—, la sala guardó silencio unos segundos antes de que llegara el aplauso. Prolongado, de pie, con vítores que se extendieron varios minutos en una sala todavía cargada de emoción.

Al director Emilio Aranda Mora le regalaron decenas de flores desde el público. Un reconocimiento que habla tanto de la obra como de quienes la interpretaron.

La Orquesta Escuela Carlos Chávez forma parte del Sistema Nacional de Fomento Musical de la Secretaría de Cultura, un modelo de formación donde la práctica colectiva es el eje. El sábado, en Bellas Artes, eso se tradujo en algo concreto: más de 200 jóvenes artistas que sostuvieron con firmeza una de las obras más demandantes del repertorio clásico y se ganaron, minuto a minuto, cada aplauso.

El video registra la cobertura de un concierto de la Misa de Réquiem de Giuseppe Verdi en el Palacio de Bellas Artes. Una orquesta, un coro y solistas actúan en el escenario. El director dirige a los músicos. Pantallas en el fondo muestran el nombre del compositor y fragmentos del texto de la obra. El público ocupa las butacas de la sala. (Infobae-Itzallana)