Carlos Monsiváis, cronista mexicano: “No nos une el amor, sino el espanto”

El periodista reflexionó sobre cómo en el corazón del país, la resignación se convierte costumbre

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Dibujo en acuarela de un hombre mayor con gafas sentado en un escritorio abarrotado de libros y papeles. Detrás, estanterías repletas y una lámpara de escritorio.
Un intelectual mexicano es representado en un dibujo artístico de acuarela, sentado en su estudio desordenado con libros y documentos, bajo la luz de una lámpara de escritorio. (Imagen Ilustrativa Infobae/Cuartoscuro)

En Ciudad de México, la convivencia se funda menos en la solidaridad que en la sobrevivencia compartida ante la catástrofe.

Carlos Monsiváis, cronista, activista y referente de la vida cultural mexicana, sintetizó el ánimo colectivo con su frase: “No nos une el amor, sino el espanto”.

¿Qué significa la frase de Monsiváis?

Esta declaración extraída de su texto México: Ciudad del Apocalipsis a Plazos recorre las capas de la vida urbana: el miedo como lazo, el desastre como costumbre, la resignación que se convierte en optimismo radical.

Carlos Monsiváis (Foto: Cuartoscuro)
Carlos Monsiváis (Foto: Cuartoscuro)

“Esta es la paradoja: una ciudad con signo apocalíptico habitada por quienes, en su conducta sedentaria, se manifiestan como optimistas radicales”, señaló en sus reflexiones donde equiparaba la capital del país con un entorno apocalíptico.

El escritor nació en 1938. Estudió en la UNAM y colaboró con figuras como José Emilio Pacheco y Elena Poniatowska.

Fue impulsor de movimientos sociales y defensores de la diversidad sexual, la igualdad y la memoria histórica. Su muerte, hace 16 años, marcó el fin de una era para la crónica mexicana.

En la ciudad, lo moderno se confunde con el desorden. Para Monsiváis, la americanización impulsa el olvido del pasado y la aspiración suburbana, pero la vida cotidiana resiste y adapta. La crisis se sobrevive con ironía.

Carlos Monsiváis (Foto: Cuartoscuro)
Carlos Monsiváis (Foto: Cuartoscuro)

El desastre ecológico, la corrupción y la precariedad se incorporan al espectáculo de la multitud. La ciudad es el único show donde todos tienen lugar, aunque sea de pie.

La religiosidad popular se vive en el tumulto de la Basílica de Guadalupe: la fe se expresa en el aglutinamiento, en la coreografía del caos.

El espectáculo de la ciudad es también el de la resistencia:

“Nada estará muy mal mientras nosotros a ratos nos sintamos tan magníficamente, el Progreso también consiste en ver en la ciudad el mayor espectáculo concebible, el majestuoso desfile al que hemos llegado por la resignación y el hábito, pero al que es ya hora de admirar porque es el único show que nos incluye", escribió Monsiváis.