
Más de la mitad de los adultos en México tiene algún tipo de ahorro, pero solo una minoría lo orienta específicamente al retiro o utiliza mecanismos formales. Las principales barreras para ahorrar no se limitan a los bajos ingresos: incluyen la alta informalidad laboral, la falta de instrumentos accesibles y diversos obstáculos conductuales y de desconfianza hacia el sistema financiero, según los informes de INEGI, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores y la organización México ¿cómo vamos?.
En México, el ahorro enfrenta dificultades por la interacción de varios factores estructurales y culturales. La mayoría de la población trabaja en la informalidad, existen percepciones limitadas sobre los instrumentos financieros y predomina la desinformación sobre la utilidad del ahorro formal.
Esta situación afecta especialmente a mujeres, jóvenes y habitantes de zonas rurales, mientras que los sesgos de comportamiento y la desconfianza restringen la proporción de personas que prevén su futuro financiero.
El panorama nacional muestra un hábito de ahorro extendido, aunque enfocado principalmente en gastos inmediatos y por vías informales. El 56% de los adultos ahorra, pero solo una minoría destina recursos al retiro; la mayoría reserva fondos para emergencias o necesidades cotidianas fuera del sistema financiero formal.
Por su parte, México, ¿cómo vamos? estima que, en 2024, el 66.4% de la población realiza algún tipo de ahorro activo, aunque solo el 29.8% utiliza canales formales. El ahorro informal persiste, impulsado por prácticas como guardar dinero en casa o participar en tandas.
El acceso desigual a productos financieros es un factor clave. Aunque el 76.5% de la población de 18 a 70 años cuenta con al menos un producto financiero formal, solo el 42.2% tiene una cuenta de ahorro para el retiro (AFORE).
La brecha se acentúa entre mujeres, jóvenes y habitantes rurales, donde ahorrar formalmente es poco frecuente. Emergencias y gastos a corto plazo motivan la mayor parte del ahorro, mientras que la previsión para la vejez sigue siendo marginal: apenas dos de cada cien personas destinan sus fondos al retiro.
Las barreras estructurales que limitan el ahorro
Ambos informes identifican la restricción presupuestaria como una de las principales limitantes: para millones de mexicanas y mexicanos, ahorrar resulta inviable porque sus ingresos apenas cubren lo indispensable.
Según México, ¿cómo vamos?, el 53.1% de la población ocupada percibe ingresos inferiores al costo de la canasta básica alimentaria y no alimentaria, lo que deja sin margen real para apartar recursos.
La informalidad laboral representa otro obstáculo central: en 2024, el 54.5% de los trabajadores carecía de seguridad social, por lo que no accede a la AFORE ni a aportaciones al IMSS o ISSSTE. Esta condición multiplica las dificultades para ahorrar sostenidamente a largo plazo. Además, el bajo nivel educativo, la residencia rural o el empleo doméstico agravan el problema: solo el 16.6% de quienes ganan menos de 3 mil pesos logra ahorrar por vías oficiales, frente al 70% de quienes perciben más de 20 mil pesos mensuales.
La brecha de género persiste en el acceso a instrumentos de retiro. Apenas el 34.2% de las mujeres cuenta con una AFORE, frente al 51.4% de los hombres. Esta diferencia obedece a la baja participación laboral femenina y a su alta presencia en la informalidad, así como a las interrupciones de carrera por labores de cuidado.

Desinformación y desconfianza en el sistema financiero
Junto a los factores estructurales, la combinación de desinformación y desconfianza en el sistema financiero desincentiva el ahorro formal y para el retiro. Según ambos informes, una proporción considerable de la población desconoce cómo funcionan las aportaciones voluntarias o cómo abrir una cuenta de ahorro para el retiro.
Este desconocimiento afecta al 41.6% de los hombres y al 43.2% de las mujeres con AFORE que no realizan aportaciones adicionales.
La percepción negativa sobre la fiabilidad del sistema refuerza el temor al fraude o a perder el dinero depositado. Solo el 37% de las personas confía en las instituciones financieras, y hasta un 60% teme perder sus ahorros, según las encuestas citadas por México, ¿cómo vamos?. Este clima de desconfianza fomenta mecanismos informales incluso entre personas con capacidad de ahorro.
De acuerdo con la especialista Nadia Jiménez, “la mayoría de las personas sí intenta guardar dinero, pero pocas lo hacen con una estrategia clara para el retiro. El problema no siempre es la falta de ingresos, sino la falta de planeación”, explicó en Los mexicanos sí ahorran.
Factores psicológicos y culturales que dificultan ahorrar
Las barreras conductuales también juegan un papel relevante. México, ¿cómo vamos? destaca la contabilidad mental como un reto: muchas personas destinan sus recursos a gastos inmediatos y rara vez separan una parte para el futuro, relegando la importancia del retiro. El sesgo al presente lleva a privilegiar la recompensa inmediata, anteponiendo emergencias o compras sobre la previsión de largo plazo.
Otros sesgos, como la aversión a la pérdida, el optimismo excesivo, el efecto avestruz —evadir la realidad ante la ansiedad— y ciertas normas sociales influyen en las decisiones de ahorro. Siete de cada diez personas creen que el gobierno atenderá sus necesidades en la vejez, lo que reduce el incentivo para ahorrar personalmente a largo plazo.
Estos factores afectan a toda la población, pero tienen mayor impacto en quienes trabajan en la informalidad, ya que deben decidir abrir una cuenta, investigar opciones y confiar en nuevas instituciones. En contraste, para los trabajadores formales, la afiliación a la AFORE y las deducciones suelen realizarse automáticamente al ingresar a un empleo.

Propuestas para facilitar el ahorro en México
Especialistas y los informes consultados coinciden en la necesidad de automatizar el ahorro para superar los sesgos y facilitar el acceso, por ejemplo, inscribiendo automáticamente a las personas en cuentas de ahorro digital al obtener documentos oficiales. También recomiendan ampliar los incentivos fiscales para fomentar las aportaciones voluntarias, tanto entre quienes trabajan formalmente como en la informalidad.
La tecnología, a través de Fintech y Sofipos, acerca plataformas digitales y aplicaciones como alternativas accesibles, especialmente para poblaciones jóvenes o previamente excluidas. Herramientas como la digitalización, chatbots, calculadoras y la gamificación de la educación financiera ayudan a disminuir barreras cognitivas y a reducir el temor hacia el sistema.
Entre las recomendaciones se encuentra flexibilizar los retiros en casos de emergencia, favorecer la inclusión financiera automatizada, formalizar esquemas como las tandas e impulsar campañas de educación financiera adaptadas al entorno digital y emocional de las personas usuarias.
Asimismo, se reconoce la importancia de estrategias con enfoque de género, como bonos por hijo o el reconocimiento del trabajo no remunerado, para reducir la brecha entre hombres y mujeres en el ahorro destinado al retiro.
Fomentar el ahorro en México requiere ir más allá de los ingresos: implica comprender los comportamientos reales y diseñar productos, incentivos y campañas acordes a las condiciones socioeconómicas y los patrones de decisión de cada persona.
El futuro del ahorro en México dependerá de la capacidad de Estado, empresas, sociedad civil y usuarios para crear un entorno que facilite y acompañe la planeación financiera individual durante toda la vida.
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