
La muerte de seis personas, la hospitalización de al menos otra y la clausura de una clínica privada en Hermosillo, Sonora, han expuesto un entramado de prácticas médicas irregulares en torno a la aplicación de sueros vitaminados.
Lo que parecía una alternativa de bienestar ofrecida como solución rápida para el cansancio y otros malestares, se transformó en el centro de una investigación penal y sanitaria, que a su vez ha abierto un debate sobre estas prácticas.
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Las autoridades han documentado un conjunto de anomalías que van desde la manipulación de jeringas prerellenadas y material quirúrgico ilegal, hasta la atención de pacientes en condiciones insalubres y la recomendación de suspender medicamentos sin respaldo clínico.
Así operaba la clínica

El establecimiento, ubicado en la colonia Jesús García, se promocionaba como un espacio de medicina regenerativa y biológica. Sus servicios incluían sueros vitaminados, cirugías estéticas menores, terapias alternativas y procedimientos de bienestar.
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Los tratamientos de sueros vitaminados se ofrecían por costos que iban de 500 a 1.000 pesos mexicanos por dosis, y la captación de pacientes se daba tanto por recomendaciones de boca en boca como por la promoción constante en redes sociales.
El consultorio mostraba múltiples diplomas, principalmente de seminarios de medicina estética, y presentaba un ambiente de estética “zen”. Sin embargo, según testimonios recogidos por El Universal, carecía de las condiciones sanitarias requeridas para la atención médica pues se reportó la presencia de mosquitos y personal que manipulaba insumos médicos mientras comía.
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Las aplicaciones se realizaban tanto en la clínica como en domicilios particulares, lo que amplificaba los riesgos y la falta de control sanitario.
Jesús Maximiano “N”, el médico que estaría detrás

Jesús Maximiano “N” posee título de médico cirujano expedido por la Universidad Autónoma de Guadalajara y cédula profesional vigente. Ejercía en Hermosillo desde hace más de dos décadas, primero como médico general y luego orientado a áreas como medicina estética, biológica, liposucción, hilos tensores y homotoxicología. Aunque publicitaba su clínica como homeopática, la Secretaría de Salud Federal confirmó que no posee especialidad en homeopatía y que su reconocimiento en ese campo era inexistente.
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Su presencia en redes sociales y portales especializados ayudó a consolidar una imagen de experto en tratamientos de bienestar. Su perfil público estaba orientado tanto a la captación de pacientes con enfermedades crónicas como a quienes buscaban mejoras rápidas en su energía o apariencia.
Diversos testimonios señalan que Jesús Maximiano “N” sugería a pacientes dejar medicamentos psiquiátricos y antiepilépticos para sustituirlos por sueros vitaminados, lo que representa una mala praxis de alto riesgo. También presuntamente promovía la aplicación de estos tratamientos en menores de edad.
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Las irregularidades que encendieron las alertas

Las autoridades detectaron una serie de prácticas irregulares durante el cateo: se aseguraron expedientes, medicamentos, insumos médicos, dispositivos de videograbación y equipo de cómputo. De acuerdo con información confirmada por una fuente de Salud Federal a la periodista Michelle Rivera, los equipos de venoclisis y herramientas utilizados estaban contaminados.
“Me confirman además que utilizaba jeringas prerellenadas con soluciones y material quirúrgico ilegal dentro de su consultorio homeopático”, señaló Rivera a través de su cuenta de X.
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Se detectó también que el médico preparaba las mezclas ante los pacientes, en ocasiones con jeringas de gran tamaño, similares a las usadas para rellenar pavo, y sin seguir protocolos de bioseguridad, ya que aparentemente manipulaba los insumos sin guantes, mezclaba soluciones en superficies no estériles y reutilizaba material médico sin las condiciones de higiene necesarias.
Los testimonios de familiares víctimas

La alerta sanitaria se activó tras el fallecimiento de seis personas y la hospitalización de otra, luego de recibir la misma terapia intravenosa entre marzo y abril de 2026.
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Los pacientes afectados presentaron síntomas como vómitos, diarrea, daño renal y hepático. Familiares de las víctimas describieron cuadros de intoxicación aguda que derivaron en la muerte poco después de la administración del suero. Entre las personas identificadas se encuentran Dinora Ontiveros, Jesús Héctor Almeida Flores, Sebastián Almeida Cáñez, Catalina Figueroa y Zahid Alberto Castro Lagarda.
El hermano de Catalina, Diego Figueroa, relató que la aplicación se realizó en el domicilio familiar y que la paciente se agravó en cuestión de minutos. “Mi hermana se estaba quemando por dentro; la autopsia mostró que tenía el hígado y los riñones completamente dañados”, afirmó.
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Figueroa denunció, además, que la atención hospitalaria fue insuficiente y tardía, lo que atribuye a negligencia y saturación del sistema de salud local.
También dijo ver cómo otros pacientes salían de la clínica incluso con la intravenosa aún puesta.
Otros pacientes, como Julio Gaxiola, describieron que la clínica carecía de higiene y también relató que tras una de las aplicaciones quedó dormido y tuvo que ser despertado por otra paciente debido al reflujo de sangre en el catéter.
Detalló, además, que tras las primeras aplicaciones no percibió efectos inmediatos, pero expresó preocupación ante la posibilidad de efectos tardíos, ya que una de las víctimas falleció semanas después del tratamiento.
Respuesta de las autoridades y la investigación en curso

Tras conocerse el número de víctimas, la clínica fue clausurada y los insumos médicos asegurados. La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) analizó las muestras de las soluciones y los equipos, mientras que la Fiscalía de Sonora abrió varias carpetas de investigación y mantiene en calidad de “persona de interés” al médico responsable, sin que hasta la fecha se haya confirmado su detención.
Las autoridades realizan estudios histopatológicos a las víctimas para determinar el daño celular provocado y buscan esclarecer el origen de las sustancias utilizadas, así como la cadena de responsabilidad que involucra a posibles proveedores y reguladores.
La empresa Rubio Pharma y Asociados S.A. de C.V., mencionada en algunas declaraciones de familiares, negó cualquier vínculo con los productos administrados y afirmó que no comercializa sueros vitaminados.
Familiares y pacientes han planteado dudas sobre la procedencia de los insumos, sugiriendo investigar no solo al médico sino también a posibles proveedores y autoridades regulatorias.
El caso de Hermosillo ha reavivado la discusión sobre la popularidad de los sueros vitaminados y otras terapias intravenosas en México. Estas prácticas, conocidas como “vitamin drip”, se han extendido en clínicas privadas y spas médicos, impulsadas por la promoción de celebridades y su difusión en redes sociales.
Especialistas advierten sobre los riesgos de infecciones, daño renal y hepático, así como interacciones peligrosas con otros medicamentos.
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