
Las dunas costeras de México cumplen un papel estratégico como barreras naturales ante vientos intensos y fenómenos climatológicos, además de servir como refugio de especies y amortiguar los efectos del cambio climático.
De acuerdo con información de la Gaceta UNAM, especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) alertan que las dunas se encuentran totalmente amenazadas y carecen de la protección legal necesaria, a pesar de sus múltiples beneficios para las comunidades cercanas.
Según la Gaceta UNAM, Gabriela Mendoza González, investigadora del Instituto de Ecología del campus Yucatán de la UNAM, señaló que estos ecosistemas no son considerados prioritarios dentro del marco normativo nacional.
Mientras los manglares cuentan con normas internacionales de protección, las dunas permanecen al margen de la atención pública y legislativa.
“En el país no tenemos esa conciencia tan necesaria sobre las dunas que sí hay en otros sitios, pero estamos en un momento coyuntural en el que las autoridades federales empiezan a interesarse”, afirmó Mendoza en declaraciones recogidas por el medio universitario.
La investigadora explicó que las dunas forman parte de una red ecológica que incluye arrecifes, pastos marinos, playas, manglares y lagunas. Este equilibrio permite la movilidad natural de la arena y favorece la estabilidad de las playas.
Las dunas albergan una biodiversidad considerable, como plantas adaptadas a altas concentraciones de sal, vientos fuertes y temperaturas elevadas, así como aves, reptiles, invertebrados y especies como las tortugas marinas, que dependen de estos espacios para su reproducción.
De acuerdo con la Gaceta UNAM, el desarrollo turístico y la construcción de viviendas constituyen la principal amenaza para estos sistemas.
Mendoza advirtió que “la construcción indiscriminada de hoteles o viviendas sobre las dunas altera el flujo natural de arena que alimenta las playas. Cuando esto ocurre se rompe el equilibrio dinámico del sistema, lo cual provoca problemáticas diversas, como la erosión costera”.
Como ejemplo, recordó que tras el huracán Wilma, en Cancún, se implementaron proyectos de ingeniería para restaurar playas trasladando arena desde el fondo marino, sin contemplar la interacción entre los ecosistemas costeros.
El medio universitario reportó que la recuperación de las dunas depende de su nivel de degradación. Existen estrategias de restauración basadas en la reintroducción de vegetación nativa capaz de retener la arena y estabilizar el sistema.
En la Riviera Maya, personal investigador de la UNAM ha colaborado con asociaciones hoteleras para recuperar vegetación costera y reducir la pérdida de arena provocada por tormentas y frentes fríos. Uno de los proyectos destacados opera en las comunidades de Yucatán.
A través del Programa de Pequeñas Donaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), mujeres de Sisal, Chuburná y Telchac Puerto establecieron viveros comunitarios para reproducir plantas nativas de dunas.
En Chuburná, el trabajo conjunto con la agrupación Lirios del Mar integra ciencia y saberes locales. Sandra Lara, integrante del colectivo, indicó que la labor incluye recolectar semillas, cultivar plántulas, restaurar áreas degradadas y organizar talleres de educación ambiental en escuelas y comunidades.
“Seguimos siendo responsables de nuestras familias, pero también somos productoras. Estamos enseñando a nuestros hijos a cuidar las plantas, nuestra primera protección contra las tormentas”, declaró Lara, según la Gaceta UNAM.
La UNAM acompaña estos esfuerzos mediante asesoría técnica sustentada en el Manual de restauración para dunas costeras de la península de Yucatán y el Catálogo de vegetación de la duna costera de la península de Yucatán, editados por la ENES Mérida.
Hasta el momento, el colectivo ha reforestado más de 300 metros de duna y planea intervenir otros cuatro mil metros cuadrados de brechas y caminos.
“Se están abriendo grandes puertas desde el conocimiento, el cuidado, la protección y la producción”, compartió Lara para la Gaceta UNAM.
En materia de políticas públicas, la Gaceta UNAM informó que la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) han iniciado acercamientos con investigadoras para avanzar en la elaboración de normativas específicas que protejan estos ecosistemas.
Mendoza manifestó: “Tenemos la esperanza de que, dentro de esta administración, avancemos hacia una normativa clara que obligue a protegerlas”.
Para la especialista, el primer paso consiste en modificar la percepción social sobre el paisaje costero.
“No debemos ver a la playa como un espacio aislado para el turismo, sino como parte de un entramado de ecosistemas que hacen posible esa belleza natural. Cuidar las dunas protege la biodiversidad, reduce los impactos del cambio climático y garantiza la permanencia de los litorales que sostienen la economía turística de México”, concluyó Mendoza en diálogo con la Gaceta UNAM.
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