
En noviembre de 1910 el llamado de Francisco I. Madero contra la dictadura de Porfirio Díaz dio inicio al periodo conocido como la Revolución Mexicana. Al inicio los revolucionarios estaban lejos de ser enormes ejércitos, eran en realidad pequeñas guerrillas que atacaban constantemente diversos puntos de la república.
Conforme nombres como Pascual Orozco y Pancho Villa estaban ganando fama de valerosos guerreros por sus victorias contra las tropas de Porfirio Díaz (alumno de Benito Juárez y uno de sus principales defensores), en el sur un pequeño propietario que ya había incursionado brevemente en la política morelense decidió unirse al maderismo. Así, el 10 de marzo de 1911, Emiliano Zapata entró a la Revolución Mexicana.
Dos meses después de la incorporación de Zapata a la Revolución, el 15 de mayo Porfirio Díaz se vio obligado a renunciar a la presidencia de la república, título que había ostentado con firmeza por más de 26 años de manera ininterrumpida. El 31 de ese mes dejó el país en un exilio que se mantiene hasta la actualidad. El 7 de junio Francisco I. Madero entró triunfalmente a la Ciudad de México.
Rompimiento de Emiliano Zapata con Francisco I. Madero por el tema agrario

El Plan de San Luis, documento de Madero donde llamaba a las armas, mencionaba en su artículo tercero que “numerosos pequeños propietarios, en su mayoría indígenas, han sido despojados de sus terrenos”, a los cuales se les restituirían las tierras que perdieron así como una compensación.
Ese punto del Plan fue el que terminó por convencer a Emiliano Zapata de unirse al maderismo, sus primeros pasos en la política estaban orientados a la restitución de tierras en su natal Anenecuilco.
Sin embargo, diversas acciones de Madero empezaron a provocar desconfianza a Emiliano Zapata. La relación se fue deteriorando porque el coahuilense daba largas al reparto agrario y por las acciones violentas del presidente interino Francisco León de la Barra, Madero se rehúso a tomar el poder sin elecciones.
Al final, la relación entre ambos caudillos se rompió de manera irreparable y Zapata desconoció y atacó a Madero en el Plan de Ayala, donde mostró, además, sus intereses y los ejemplos históricos a seguir.
El Plan de Ayala y la guía del “inmortal Juárez”

El 28 de noviembre de 1911, pocos días después de que Francisco I. Madero asumiera de manera formal la presidencia de la república, Emiliano Zapata publicó el Plan de Ayala. Dicho texto fue el documento más importante del zapatismo, contenía su principal anheló: el reparto agrario.
En el primer artículo del Plan, Zapata afirma que Madero se adueñó del “del Poder violando los sagrados principios que juró defender”, que su principal objetivo era “satisfacer que sus ambiciones personales, su desmedidos instintos de tirano” y que “no llevó a felíz término la revolución que tan gloriosamente inició con el apoyo de Dios y del pueblo”. Por lo tanto, en el punto número dos del texto, Zapata desconoció formalmente toda autoridad de Francisco I. Madero.
El artículo sexto estableció que “los terrenos, montes y aguas que hayan usurpado los hacendados, científicos o cacíques a la sombra de la tiranía y de la justicia venal entrarán en posesión de estos bienes inmuebles desde luego, los pueblos o ciudadanos que tengan sus títulos correspondientes de esas propiedades, de las cuales han sido despojados, por la mala fé de nuestros opresores,...”
Ese artículo garantizó la restitución de tierras que hayan sido tomadas de manera ilegítima por la élite porfiriana, por su parte, el séptimo garantizó el reparto agrario: “En virtud de que la inmensa mayoria de los pueblos y ciudadanos mexicanos no son más dueños que del terreno que pisan (...) se expropiarán, previa indemnización de la tercera parte de esos monopolios a los poderosos propietarios de ellas, a fin de que los pueblos y ciudadanos de México obtengan ejidos, colonias, fundos legales para pueblos, o campos de sembradura o de labor...”

El artículo 8 establecía que las personas que se opusieran sufrirían la nacionalización de sus bienes. El punto noveno declaró que, para conseguir esto último, se debía de seguir el ejemplo de Benito Juárez, quien durante la Guerra de Reforma estableció la Ley de Desamortización de Bienes Eclesiásticos, por ese medio todas las propiedades del clero mexicano pasaron a ser del gobierno liberal encabezado por el presidente oaxaqueño.
A la letra, el artículo nueve del Plan de Ayala dice: “Para ejecutar los procedimientos respecto a los bienes antes mencionados, se aplicarán leyes de desamortización según convenga; pues de norma y ejemplo pueden servir las puestas en vigor por el inmortal Juárez, a los bienes eclesiásticos que escarmentaron a los déspotas y conservadores, que en todo tiempo han pretendido imponernos el yugo ignominioso de la opresión y del retroceso.”
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