De los desfiles de la CDMX a volar el cielo patrio: Evelyn y Alfredo, los rostros del orgullo naval en la Marina

A un siglo de la creación de la Aviación Naval, ambos elementos destacan la equidad de género, el trabajo en equipo y el invaluable apoyo humanitario

Guardar
(Cortesía)
(Cortesía)

La brisa marina, el ensordecedor ruido de los motores y la disciplina militar convergen todos los días en las bases de la Armada de México. En el marco del centenario de la Aviación Naval, el trabajo en el aire no sería posible sin el esfuerzo milimétrico que se realiza en tierra. Para que una aeronave despegue con éxito en una misión de rescate o vigilancia, se requiere de un binomio inquebrantable: la pericia de quien pilota y la exactitud de quien mantiene la máquina.

Esa es la realidad cotidiana de la Teniente de Navío Piloto Aviador, Evelyn Hernández, y el Teniente de Corbeta Mecánico de Aviación, Alfredo Emmanuel Iniestas. A través de sus historias, se vislumbra el lado más humano de la Secretaría de Marina (SEMAR), uno marcado por la vocación, el sacrificio de dejar el hogar y el profundo orgullo de servir a la nación.

El sueño que nació mirando al cielo

Para Evelyn, originaria de la Ciudad de México, el llamado del aire llegó a temprana edad. “Yo desde pequeña veía los desfiles y [...] tenía la oportunidad de ver más de cerca lo que son las paradas aéreas. Todo el tiempo me emocionaba, era algo que siempre había querido”, relata la Piloto Aviador en entrevista con Infobae México.

A pesar del natural dolor de sus padres al verla partir de casa, siempre contó con su respaldo para ingresar a la Heroica Escuela Naval Militar. Tras cuatro años de formación académica y un año adicional en la Escuela de Aviación en La Paz, Baja California Sur, Evelyn egresó con cerca de 180 horas de vuelo, lista para enfrentarse a la realidad operativa. Hoy, con 13 años en la institución, vuela equipos destinados a la patrulla y vigilancia.

La Teniente de Navío Piloto
La Teniente de Navío Piloto Aviador, Evelyn Hernández Velasco, acumula 13 años de servicio en la Marina y destaca el avance en la participación de las mujeres en todas las ramas operativas de la institución. (Cortesía)

Pero la Marina no solo ha significado cumplir una meta personal, sino ser testigo y protagonista de un cambio histórico. “Es algo admirable, ya que la aviación inició desde 1926 y se puede observar cómo desde el principio, que nada más se tuvo un cuerpo de puros hombres, en la actualidad todo el equipo que tenemos, la participación del personal, el hecho de que ya se pueda trabajar tanto hombres como mujeres en las diferentes ramas, es algo admirable”, destaca Hernández Velasco.

De las bicicletas de Michoacán a los motores navales

La historia de Alfredo Iniestas, nacido en Zitácuaro, Michoacán, tiene un origen muy distinto. Su pasión siempre fueron los engranajes y la grasa en las manos. “Siempre fui muy afín de desarmar mi bicicleta, ponerle la cadena, una llanta, luego la moto de mi papá, el carro de mi abuelo”, recuerda con nostalgia.

A diferencia de su compañera, Alfredo no sabía de la existencia de la Secretaría de Marina, hasta el 2009. Fue durante un paseo por Chapultepec, en la Ciudad de México, cuando encontró un tríptico en el Metro que le cambió la vida. Al leer las especialidades, supo de inmediato que su camino era la aeronáutica.

Sin embargo, el salto de la teoría a la pista de aterrizaje es uno de los mayores retos. El Teniente de Corbeta explica que, al egresar, existe la falsa creencia de que “ya se sabe todo”. “Cuando te incorporan a un centro de mantenimiento aeronaval [...] llegas y dicen, ‘ah, son los nuevos, a ver, hay que cambiar ese generador’. Y dices, ¿cómo le hago? Porque ya sabes todo lo que es teoría, pero la práctica no la tienes”, confiesa Iniestas.

El trabajo técnico en los
El trabajo técnico en los hangares no admite errores. Elementos como el Teniente Alfredo Iniestas garantizan la seguridad operativa de los vuelos basándose en rigurosos protocolos de actualización tecnológica. (Cortesía)

Esa curva de aprendizaje es vital en su área, pues el mantenimiento exige una actualización constante. Hoy en día, los mecánicos navales se apoyan con tecnología de punta y manuales digitales directos de los fabricantes, garantizando así que no haya margen de error ni en tierra ni en vuelo.

Plan Marina: El orgullo de tender la mano

Más allá de los vuelos de rutina, el verdadero temple de los marinos mexicanos se forja en la adversidad. Tanto Evelyn como Alfredo coinciden en que las misiones de apoyo a la población civil son las que dejan una huella imborrable.

La Teniente Hernández recuerda con claridad las operaciones aéreas durante la emergencia sanitaria que se registró hace unos años. “Participé en el transporte de vacunas cuando fue la temporada de COVID y el transporte de víveres. Es muy satisfactorio el poder apoyar de alguna forma a la gente que tenía esa situación o que necesitaba esa vacuna”, señala la piloto, subrayando que en su escuadrón también realizan labores de búsqueda y rescate.

Por su parte, Alfredo rememora su despliegue en Baja California Sur tras el paso del Huracán Odile. Lejos del confort, las jornadas consistían en descargar suministros incansablemente para la población afectada. “Ni dormíamos tal vez por cargar despensa y colchonetas y cobijas y llevar víveres hasta allá. Y tienes que cargar aquí y luego tienes que descargar allá [...] al final del día, cansado y como tú quieras, sin dormir, sin comer, pero con el orgullo de decir: ‘Estoy haciendo algo por el país’”.

Durante contingencias sanitarias o desastres
Durante contingencias sanitarias o desastres naturales, el binomio entre pilotos y mecánicos de la Aviación Naval se vuelve fundamental para el transporte de víveres, medicamentos y rescate de la población civil. (Foto: Semar)

A las puertas de celebrar el centenario de esta fuerza armada en los cielos, la conclusión de ambos elementos es unánime: la Aviación Naval es un engranaje perfecto. Requiere vocación, mucha disciplina, y la consciencia de que, ya sea ajustando una tuerca en el hangar o tomando los controles a miles de pies de altura, el objetivo final es uno solo: servir a México.