Descubren en México un nuevo género de serpiente subterránea, UNAM apoya en su identificación

El descubrimiento de Yakacoatl tlalli, serpiente endémica de la cuenca del Balsas

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Nueva especie serpiente UNAM Yakacoatl
Nueva especie serpiente UNAM Yakacoatl tlalli (Fotos serpiente: cortesía de Oscar Olivares Loyola/Gaceta UNAM)

México vuelve a colocarse en el mapa mundial de la biodiversidad tras el hallazgo de Yakacoatl tlalli, una serpiente nunca antes descrita que no sólo constituye una especie nueva, sino también un género completamente inédito. El descubrimiento confirma que los ecosistemas del país, especialmente los de difícil acceso, siguen resguardando formas de vida desconocidas para la ciencia.

La identificación fue posible gracias al trabajo conjunto de especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) la Universidad de Texas en Arlington y el Conicet de Argentina.

Investigadores como Óscar Flores Villela, Gustavo Campillo, Ricardo Palacios, Antonio Yolocalli Cisneros y otros expertos integraron un equipo multidisciplinario que analizó los pocos ejemplares disponibles.

Un reptil de evolución singular

Yakacoatl tlalli pertenece a la tribu Sonorini, grupo de serpientes pequeñas y no venenosas con hábitos principalmente subterráneos. De acuerdo con los especialistas, su anatomía presenta modificaciones excepcionales:

  • Reducción de escamas en la cabeza.
  • Fusión y reacomodo de huesos del cráneo para facilitar la excavación.
  • Una escama en forma de pala semejante a una “nariz” adaptada al desplazamiento bajo tierra.
  • Ojos relativamente grandes, rasgo poco común en especies fosoriales.

Estas características la distinguen de otros integrantes del grupo, compuesto por alrededor de 11 géneros distribuidos entre el norte de México y el sur de Estados Unidos. La mayoría habita zonas secas o semiáridas, y sólo unas cuantas especies logran sobrevivir en ambientes de montaña.

Claves para reconocer un nuevo género

Nueva especie serpiente UNAM Yakacoatl
Nueva especie serpiente UNAM Yakacoatl tlalli (Fotos serpiente: cortesía de Oscar Olivares Loyola/Gaceta UNAM)

Uno de los elementos decisivos fue el estudio de los hemipenes, estructuras reproductivas de los machos. Su forma y disposición resultaron totalmente diferentes a las de cualquier otra serpiente conocida, lo que permitió confirmar que se trataba de un linaje independiente.

“Los hemipenes son caracteres fundamentales para diferenciar especies cercanas; en este caso fueron la prueba definitiva de que estábamos ante un género nuevo”, explicó Flores Villela.

Una especie casi invisible

Hasta ahora sólo se conocen tres ejemplares: dos encontrados sin vida y uno observado brevemente antes de ser liberado. Todos proceden de la cuenca del río Balsas, región xerófila con clima semidesértico y alto número de endemismos.

Sobre su dieta apenas existen pistas. En uno de los individuos se halló la cola de un alacrán, lo que sugiere que podría alimentarse de artrópodos del suelo, aunque no se descarta el consumo de insectos y lombrices.

Conservación: un desafío urgente

Se debe cuidar la biodiversidad
Se debe cuidar la biodiversidad del país Crédito: Greg McFall/Wikimedia, Ramos Keith/ Wikimedia, Claudio Giovenzana/Wikimedia

La falta de información impide evaluar su estado de conservación, pero los científicos advierten riesgos evidentes:

  • Cambio de uso de suelo y pérdida de hábitat.
  • Muerte de serpientes por miedo o desinformación.
  • Alteraciones climáticas que modifican temperatura y humedad del suelo.

“Muchas personas creen que los reptiles toleran cualquier calor, pero sus límites térmicos son estrictos; un aumento excesivo puede ser letal”, señaló Yolocalli Cisneros.

Equipos de investigación continúan realizando muestreos para conocer su reproducción, comportamiento estacional y distribución real. Organizaciones como Totlok A. C., integrada por académicos de la UNAM, impulsan además proyectos de educación ambiental en comunidades locales.

El hallazgo de Yakacoatl tlalli representa mucho más que una curiosidad científica: es un recordatorio de la riqueza natural del país y de la responsabilidad de protegerla. Cada nueva especie descrita amplía el conocimiento humano, pero también exige acciones concretas para que estos seres —ocultos bajo nuestros pies— sigan formando parte del patrimonio biológico de México.