
La reacción social tras el perdón otorgado por Valentina Gilabert a su agresora ha generado una oleada de mensajes de odio en redes sociales, evidenciando la complejidad emocional y legal que rodea su caso.
La modelo e influencer, quien sobrevivió a un ataque que la dejó en coma durante cinco días y la mantuvo dos meses en terapia intensiva, ha decidido compartir públicamente tanto su proceso de recuperación como las secuelas que enfrenta, no solo físicas, sino también sociales y legales.
Tras abandonar el hospital, Gilabert se enfrentó al desenlace del juicio contra Marianne Gonzaga, la joven que la atacó con al menos quince puñaladas, según relató la propia víctima en sus redes sociales.
Durante las audiencias judiciales, se estableció que el motivo del ataque estuvo vinculado a una relación sentimental: Gonzaga agredió a la modelo al enterarse de que mantenía un vínculo con José Said, a quien consideraba aún su pareja.

La decisión de Gilabert de perdonar a su agresora, quien fue juzgada bajo la legislación para menores de edad, ha sido objeto de controversia. La ley mexicana impidió que Gonzaga fuera imputada por intento de feminicidio, lo que ha motivado a la modelo a impulsar un debate sobre la pertinencia de estas normativas.
En una publicación en su cuenta de Instagram, Valentina Gilabert expresó: “En menores de edad el feminicidio u homicidio en grado tentativa no amerita prisión preventiva. Es completamente ilógica la ley de menores en México”.
El proceso de sanación emocional incluyó un encuentro entre Gilabert y Gonzaga fuera del ámbito judicial, con el objetivo de ‘cerrar ciclos emocionales’. Posteriormente, Gonzaga declaró en medios de comunicación que consideraba superada esa etapa de su vida y que su prioridad era recuperar a su hija.

Mientras tanto, la exposición pública de Gilabert la ha convertido en blanco de mensajes hostiles. En una de sus historias de Instagram, la modelo mostró una captura de pantalla de uno de estos mensajes, en el que se leía:
“No estoy en contra tuya y tampoco apoyo el hecho de casi matarte pero es que tampoco quieran defenderte tanto porque tú te metiste en una familia que no debías. Y la otra también tuvo que hacer algo para que le hicieran. Fin, se acabó”.
Ante este tipo de comentarios, Gilabert respondió de manera directa: “Yo nunca destruí una familia. Esto no es mi culpa, es sólo la culpa de mi victimaria y su cómplice”.
La modelo también ha solicitado a las autoridades que se procese judicialmente a Aintzane, a quien acusa de haber colaborado con Gonzaga para perpetrar el ataque.

En sus redes sociales, Valentina Gilabert ha compartido detalles sobre su experiencia al borde de la muerte. En un video, relató que permaneció en coma inducido durante cinco días debido a un orificio en la tráquea que le impedía respirar por sí misma, lo que requirió intubación y el uso de una máquina para asistir su respiración.
“A veces sí había sonidos muy fuertes, yo reaccionaba, a veces escuchaba o abría los ojos. Me acuerdo que abrí los ojos unos segundos y vi como cajitas que decían ‘Star Médica’. Me acuerdo haber pensado: ‘¿Dónde estoy? ¿Qué es esto?’”, describió sobre sus percepciones durante el coma.
El tratamiento incluyó la administración de medicamentos potentes como fentanilo y morfina. Gilabert explicó que uno de los recuerdos más vívidos era el sonido de la máquina utilizada para limpiar la mucosa de su garganta:
“Me aspiraban la garganta para succionar la mucosa que producía. Me acuerdo de esa máquina, del sonido. Me despertaban poquitos segundos para preguntar si quería que me aspiraran, yo decía que sí porque a veces ese tubito me hacía vomitar y así sentía que mi cuerpo descansaba”.

La modelo también evocó momentos con su familia mientras permanecía intubada: “Tengo recuerdos muy chiquitos de mi papá saludándome, mi mamá entró cinco minutos y me puse a llorar e intentaba hablar, pero no podía. Me dijo que escribiera, me dio una tablita con una hoja”.
Al describir el proceso de despertar, detalló: “Cuando estás en coma tienes dos cosas pegadas en la cara y un tubo. Me quitaron el tubo y yo no entendía, quería arrancarme las cosas de la cara, me tuvieron que amarrar con toallas a la cama, yo me zafaba”.
Finalmente, Gilabert subrayó que el momento más difícil no fue el coma en sí, sino el despertar: “Lo más fuerte fue despertar del coma y entrar a la realidad. Yo pensé que habían pasado horas, ocho o diez horas. Y cuando me entero de que llevaba cinco días dormida para mí fue un shock super grande”.
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