
Por cuarto mes consecutivo, los ingresos por remesas que llegan a México desde el extranjero han experimentado una disminución, alcanzando en julio los 5 mil 330 millones de dólares, de acuerdo con los datos publicados por el Banco de México (Banxico).
Esta cifra representa una contracción anual del 4.7%, lo que confirma la tendencia descendente que se ha mantenido durante el último cuatrimestre.
El análisis de los primeros siete meses de 2025 revela que el flujo acumulado de remesas hacia México sumó 34.889 millones de dólares, lo que equivale a una reducción del 5.5% respecto al mismo periodo del año anterior, según el informe de Banxico.
En este lapso, la gran mayoría de los envíos, el 99.1%, se efectuó mediante transferencias electrónicas, totalizando 34.583 millones de dólares.

En cuanto a las remesas enviadas desde México hacia el exterior, el monto registrado en julio fue de 100 millones de dólares, lo que supone una caída interanual del 9%.
Si se considera el acumulado hasta julio, los egresos por remesas alcanzaron 687 millones de dólares, reflejando un descenso anual del 13,7% en comparación con el mismo periodo de 2024.
El saldo superavitario de la cuenta de remesas, resultado de la diferencia entre ingresos y egresos, se situó en 34.202 millones de dólares en los primeros siete meses del año, lo que representa una disminución del 5.3% respecto al año anterior, según los datos proporcionados por el Banco de México.
Por qué son importantes las remesas para México
Para México, estas transferencias representan una fuente crucial de divisas y contribuyen a la estabilidad macroeconómica del país.
Las remesas se sitúan entre las principales fuentes de ingreso en divisas para México, junto con las exportaciones de manufacturas y el turismo.
Además, refuerzan la balanza de pagos, ayudan a mantener la estabilidad cambiaria y fortalecen las reservas internacionales del Banco de México.
Millones de hogares mexicanos dependen de estos recursos para cubrir necesidades básicas como alimentación, educación, salud y vivienda.
El dinero enviado permite mejorar el nivel de vida de las familias receptoras, especialmente en comunidades rurales o con limitadas oportunidades económicas.
Las remesas contribuyen a disminuir los niveles de pobreza y desigualdad en regiones donde el empleo local es escaso. Los hogares que reciben remesas pueden invertir en pequeños negocios, educación o vivienda, lo que promueve el desarrollo de las comunidades.
El flujo de remesas impacta directamente en el consumo, ya que las familias receptoras suelen destinar la mayor parte de estos recursos a la compra de bienes y servicios dentro del país. Este efecto dinamiza las economías locales y regionales.
Durante periodos de crisis económicas o desastres naturales, las remesas han mostrado ser un ingreso estable y poco afectado por las fluctuaciones económicas internas, lo que ayuda a amortiguar el impacto de estas situaciones en la economía nacional.
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