
A siete siglos de la fundación de Tenochtitlan, el gobierno de la Ciudad de México presentó en el Zócalo el espectáculo de videomapping Memoria Luminosa, que incluye una serie de esculturas mexicas en gran formato, con el objetivo de reconectar a la población con los 700 años de historia, identidad y cultura de nuestra urbe.
Entre las réplicas gigantes se encuentran Coyolxauhqui, Piedra del Sol, monolito de Coatlicue, Tlaltecuhtli, Teocalli de la Guerra Sagrada, figuras centrales en la cosmogonía de los mexicas.
Coyolxauhqui, figura emblemática del México prehispánico
El monolito de Coyolxauhqui fue descubierto el 21 de febrero de 1978 durante trabajos de excavación eléctrica en el centro histórico de la Ciudad de México, cerca del Templo Mayor, el principal recinto ceremonial mexica.
Coyolxauhqui, cuyo nombre significa “la adornada de cascabeles”, representa a la diosa lunar en la mitología mexica.

El monolito, labrado en piedra volcánica, muestra a la diosa desmembrada, un motivo que se relaciona con el mito de su muerte a manos de su hermano Huitzilopochtli.
Según la leyenda, Coyolxauhqui intentó atacar a su madre, Coatlicue, pero Huitzilopochtli, el dios del sol y la guerra, nació armado y la derrotó, decapitándola y desmembrándola. Esta escena simboliza el triunfo del Sol sobre la Luna y las estrellas.
La escultura posee forma circular, mide alrededor de 3.25 metros de diámetro y un grosor de aproximadamente 40 centímetros.
Actualmente, la pieza se exhibe en el Museo del Templo Mayor en la Ciudad de México.
Coatlicue, la madre de los dioses mexicas
El monolito de Coatlicue fue encontrado en agosto de 1790 durante trabajos realizados en la Plaza Mayor de la Ciudad de México, en el área cercana al Templo Mayor, junto a otros hallazgos relevantes como el Calendario Azteca o Piedra del Sol.
Coatlicue, cuyo nombre significa “la de la falda de serpientes”, es la madre de Huitzilopochtli, el dios mexica de la guerra, y figura central en la mitología mexica.

La escultura representa a la diosa en actitud imponente, portando una falda formada por serpientes entrelazadas y un collar de manos, corazones y calaveras.
La cabeza de la figura está constituida por dos enormes serpientes, interpretadas como sangre que brota tras la decapitación de la diosa, en alusión a los mitos sobre su muerte.
El monolito mide aproximadamente 2.5 metros de altura, 1.2 metros de ancho y pesa alrededor de 2,400 kilogramos. En la actualidad se exhibe en el Museo Nacional de Antropología.
Historia de la Piedra del Sol
La Piedra del Sol, conocida popularmente como el Calendario Azteca, es uno de los monolitos más emblemáticos de la cultura mexica.
Fue descubierta el 17 de diciembre de 1790 durante trabajos de remodelación en la Plaza Mayor de la Ciudad de México, frente a la Catedral Metropolitana.

La pieza está tallada en basalto y tiene un diámetro de aproximadamente 3.6 metros y un peso cercano a las 24 toneladas.
Al centro, se encuentra el rostro de Tonatiuh, dios del sol, rodeado de representaciones de eras cósmicas, así como calendarios rituales, glifos y serpientes de fuego.
La piedra se usaba como monumento ritual, posiblemente como escenario para ceremonias y no como instrumento astronómico operativo.
Tras ser desenterrada, la Piedra del Sol fue colocada inicialmente en el muro exterior de la Catedral Metropolitana, donde permaneció durante casi un siglo.
En 1885, fue trasladada al Museo Nacional de Antropología e Historia. Actualmente se exhibe en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México, consolidándose como símbolo nacional e identidad cultural mexicana.
El monolito de Tlaltecuhtli
El monolito de Tlaltecuhtli fue descubierto el 2 de octubre de 2006 durante excavaciones arqueológicas en el predio de la Casa de las Ajaracas, cerca del Templo Mayor, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
Tlaltecuhtli, cuyo nombre significa “señor o señora de la tierra”, es una deidad dual relacionada con la tierra y la fertilidad en la mitología mexica.

El monolito muestra a la diosa en una postura agazapada, con las extremidades dobladas y garras, rodeada de símbolos de renacimiento, muerte y fertilidad. Su boca abierta exhibe un cuchillo de obsidiana, representando la tierra insaciable.
La escultura está tallada en andesita, mide aproximadamente 4.17 metros por 3.62 metros, con casi 40 centímetros de grosor y un peso de alrededor de 12 toneladas.
La pieza también se exhibe en el Museo del Templo Mayor.
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