
Durante años, el nombre de Arturo Beltrán Leyva, alias El Barbas, estuvo rodeado de rumores y mitos escalofriantes. Uno de los más persistentes aseguraba que el capo del narcotráfico comía carne humana.
En una entrevista para el podcast Viviendoo, publicado en YouTube en el 2023, su exchef personal, Nacho Reyes, ofreció por primera vez en público su versión sobre cómo surgió esa historia, que asegura nunca fue cierta.
Según Nacho Reyes, el mito de que Arturo Beltrán Leyva comía carne humana nació por accidente durante una comida en Acapulco. Ese día, una persona de origen colombiano llevó una canasta con tamales típicos de su país: grandes, envueltos en hoja de plátano y rellenos con costilla de cerdo.

Beltrán Leyva —según Reyes— era un hombre de hábitos sencillos en la mesa. En sus comidas no había distinciones jerárquicas: todos, desde el jefe de sicarios hasta el lavaplatos, se sentaban a comer lo mismo, al mismo tiempo: “Si había 20 gentes, las 20 gentes tenían que comer lo que comía él.”
Mientras compartían tamales, buñuelos y chicharrón colombiano, uno de los presentes mordió un tamal y notó algo extraño. Era un pedazo de falsa costilla, una parte del cartílago que, al tacto y vista, puede parecer un dedo humano. Bromeando, gritó: “¡Me salió un dedo!”.
En segundos, el ambiente se tensó. Alguien respondió en tono de burla: “Le dije, compa, que no le echaran los dedos”. La broma fue suficiente para que el pánico se extendiera.
“Toda la gente empezó a vomitar y a enfermarse... que no, pues, acababan de comer la pierna de un personaje, en la mente claro”, dijo el chef.

Según Reyes, fue ahí —en medio de esa escena de confusión y sugestión colectiva— donde nació la leyenda de que Beltrán Leyva se comía a sus enemigos.
Sin embargo, el cocinero fue tajante al desmentirlo: “Yo estoy platicando cómo surgió eso, pero yo nunca vi que él agarrara una persona y se la comiera. Y yo duré diez años con él”.
Aclaró que, aunque Beltrán Leyva tenía un gusto marcado por lo extravagante, eso no implicaba canibalismo. En su cocina llegaron a preparar y comer carne de chango, xoloitzcuintle, jirafa, elefante, ratas de campo, cocodrilo, escamoles, jumiles y cortes japoneses wagyu, que se importaban ilegalmente desde Japón vía Australia y San Diego.
Pero más allá de esos lujos, la comida favorita del capo era simple: “La comida de rancho, definitivamente. Pero él comía mucha carne”.
Una década en la cocina del narco

Atanasio “Nacho” Reyes, originario de Navolato, Sinaloa, conoció a Beltrán Leyva de forma indirecta. En ese entonces, era estudiante de Derecho y trabajaba como ayudante de cocina.
Un día, un conocido le pidió que preparara comida sinaloense para “unos jefes” en el interior del país. Preparó tamales, chilorio, machaca y tortillas hechas a mano, y fue enviado en una avioneta privada desde Culiacán hasta León, Guanajuato.
“Yo llego a León, me suben en una camioneta blindada. Yo no sabía ni a qué iba”, contó.
Ya en la casa, lo llevaron a la cocina para que montara la comida. Cuando terminaron, el anfitrión —un hombre vestido de mezclilla y botas finas— le pidió que se sentara a la mesa. Esa fue la primera vez que vio a Arturo Beltrán Leyva.
“Yo le sirvo, y él empieza a comer. Me dice: ‘Siéntate a comer’. Yo me asusto. Me dice: ‘¿Qué hiciste tú?’ Le dije: ‘Todo’. Y me dice: ‘Estás contratado. Quiero que me cocines cada vez que vengas’“.
A partir de ese momento, Reyes trabajó durante casi una década como cocinero personal del líder del Cártel de los Beltrán Leyva. Aunque no tenía un contrato formal, recibía pagos regulares por su trabajo. Según contó, le pagaba 5 mil dólares a la semana.
Cocinaba para él en fiestas, ranchos, casas de descanso y reuniones privadas. En cada evento, Beltrán Leyva exigía discreción, limpieza y orden. Reyes no solo cocinaba, también organizaba los montajes, seleccionaba ingredientes y, en ocasiones, se encargaba de dar de comer a más de 200 personas.
Los gustos del “Jefe de jefes”

Aunque su poder y riqueza eran evidentes, Reyes describe a Beltrán Leyva como un hombre de gustos simples a la hora de comer, aunque también disfrutaba de platillos exóticos.
“Le gustaba mucho el chilorio, el machacado con huevo, las tortillas de harina, el queso fresco, el café de talega… lo de rancho.”
También probó carnes poco comunes como chango, cocodrilo, jirafa o ratas de campo, pero según el chef, era más por curiosidad que por costumbre.
Uno de los platillos que terminaron llevando su nombre fue una receta improvisada que Reyes preparó en un rancho en Ixtapan de la Sal: tortillas doradas con queso y frijol, servidas como desayuno. Beltrán Leyva las bautizó como “sopitas Arturo”.
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