
Un 19 de junio de 1867, o sea, hace exactamente 158 años, Maximiliano de Habsburgo, segundo y último emperador de México, murió fusilado en lo alto del Cerro de las Campanas, ubicado en la ciudad de Querétaro, en el centro de México.
Maximiliano llegó al país tres años antes, en 1864, acompañado de su esposa Carlota de Bélgica, y juntos tenían el sueño de gobernar el país, mismo que les fue ofrecido por el emperador de Francia, Napoleón III, sobrino de Napoleón I, el gran conquistador de Europa que murió solitario y enfermo de cáncer de estómago en una lejana isla en el Atlántico Sur a más de 1800 kilómetros de la costa occidental de África, específicamente entre Angola y Brasil: Santa Elena. Es uno de los lugares más remotos del planeta.
Maximiliano murió al lado de dos de sus más fieles generales conservadores: Miguel Miramón, quien es considerado el hombre más joven en ocupar la presidencia de México, pues tomó el poder a los 27 años de edad, y Tomás Mejía, un militar de origen indígena que conocía la Sierra Gorda como la palma de su mano, y que, por lo mismo, la utilizó como base de operaciones durante sus campañas militares.
El Segundo Imperio mexicano cayó por diversas razones, mismas que serán explicadas a continuación.
Las razones por las que el imperio de Maximiliano de Habsburgo no tuvo éxito
Fueron varias las razones por las que el Segundo Imperio mexicano, a cargo de Maximiliano de Habsburgo, no tuvo éxito.

Una de las razones más destacadas, fue que el emperador llegó a México apoyado por los conservadores mexicanos, mismos que tenían ideas contrarias a las de Benito Juárez, quien era presidente del país antes de la llegada del emperador austriaco.
Sin embargo, una vez impuesto el imperio, Maximiliano insistió en conservar la mayoría de las Leyes de Reforma, impuestas por Juárez, lo que provocó que perdiera el apoyo de los conservadores.
Otros eventos, internos y externos, también jugaron un papel importante para que Maximiliano fracasara y terminara fusilado en Querétaro.
Uno de ellos fue el final de la Guerra de Secesión en Estados Unidos, que permitió al país vecino del norte brindar un préstamo a Benito Juárez y a los Ejércitos Liberales.
En 1867, Napoleón retiró sus tropas de México para evitar la expansión de Prusia, ahora Alemania, lo que desató la guerra Franco-Prusiana, además de que a Francia le costaba mucho dinero mantener sus tropas en el país.

Además, Maximiliano no había logrado formar un ejército imperial y carecía de recursos económicos para reunir uno propio. Carlota acudió a Europa para buscar apoyo, sin embargo, no obtuvo nada.
A mediados de 1867 el Ejército de Juárez había logrado dominar gran parte del territorio perdido, y Maximiliano se encontraba sitiado en Querétaro, junto a Miguel Miramón y Tomás Mejía. Poco después los tres serían ejecutados.
Se dice que las últimas palabras de Maximiliano, antes de que sonaran los rifles que le quitarían la vida, fueron: “Moriré por una causa justa, la libertad y la independencia de México. Que mi sangre selle las desgracias de mi nueva patria ¡Viva México!“.
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