
La avenida Paseo de la Reforma, sin duda alguna, es una de las más emblemáticas de la Ciudad de México, e incluso, del país.
Y es que en ella pueden encontrarse icónicos sitios, edificios y monumentos, por ejemplo, la Glorieta de la Diana Cazadora, el Ángel de la Independencia, o la Torre Mayor, que fue por un tiempo el edificio más alto del país.
Aunado a esto, la avenida, que también es una de las más largas de la capital, está llena de historia y recuerda a personajes que han destacado en México.
Uno de ellos es el último emperador de México, Maximiliano de Habsburgo, quien gobernó el país de 1864 a 1867, y quien fue fusilado en el Cerro de las Campanas, en Querétaro, tras el triunfo de la República, que en ese momento era representada por Benito Juárez, presidente de México.

Y es que, de hecho, la emblemática avenida que en la actualidad va desde el poniente de la capital, en la zona de Cuajimalpa y Santa Fe, pasando por Lomas de Chapultepec, Polanco y el Bosque de Chapultepec, hacia el centro hasta alcanzar la Zona Rosa y la colonia Juárez, el Centro Histórico, y al norte Tlatelolco y el inicio de la Calzada de Guadalupe y la calzada de los Misterios, fue mandada a construir por Maximiliano.
Sin embargo, en sus principios no era tan larga, pues únicamente marcaba el camino que iba desde el Castillo de Chapultepec hasta el Zócalo capitalino.
¿Por qué se dice que Paseo de la Reforma fue creada por celos?
Los encargados de realizar el trazo de esta calzada tan importante en la actualidad fueron los arquitectos Carl Gangolf, Ramón Rodríguez Arangoiti y los artistas de la Academia de San Carlos, Felipe Sojo, Miguel Noreña y Santiago Rebull.
La calzada fue realizada porque Maximiliano y su esposa Carlota tenían su residencia en el Castillo de Chapultepec, sin embargo, él iba a trabajar todos los días al Palacio Imperial, ahora Palacio Nacional, en el Zócalo de la Ciudad de México.

Fue por ello que se pensó en trazar la calzada que facilitara el traslado.
Sin embargo, existe una leyenda que indica que Maximiliano, en realidad, construyó la avenida con la intención de no preocupar ni molestar a Carlota, pues el emperador, en diversas ocasiones, no pudo regresar al Castillo de Chapultepec debido a la compleja ruta que debía tomar desde el Palacio Imperial.
En las noches que no pudo volver al Castillo, se rumoraba que el segundo y último emperador de México gustaba de la compañía de mujeres, por lo que, para evitar problemas con su esposa por celos, Maximiliano consideró prudente la realización de una vía de acceso a la cual nombró Paseo de la Emperatriz, en honor a Carlota.
Sin embargo, no hay ninguna fuente oficial que confirme esta hipótesis pero fue un rumor de los emperadores austriacos que se mantuvo a lo largo de los años.

Con la caída del Segundo Imperio, Benito Juárez renombró dicha avenida con el nombre de Paseo de Degollado, en honor a Santos Degollado, sin embargo, en 1872, por iniciativa de Sebastían Lerdo de Tejada, se renombró a Paseo de la Reforma, nombre que conserva hasta la fecha.
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