
No es ningún secreto que desde siglos atrás hasta nuestros días los seres humanos han buscado la forma de encontrar la felicidad, es decir, la perfecta satisfacción, la plenitud, la conformidad consigo mismo.
Un estado de satisfacción y alegría, la predominancia de las emociones y pensamientos positivos. Algo que al leerse se suena bien y se antoja lograrlo, sin embargo, no es tan sencillo. En dicho ámbito, los japoneses son una de las culturas que más vocación y misión realizan en ello.
¿Qué es el Shoshin?
Shoshin literalmente significa “mente principiante” y su técnica consiste en observar el mundo como si fuéramos un principiante en la vida, es decir, primerizos o novatos, que buscan aprender de todo lo que tienen a su alrededor. Dejar de lado las poses, la soberbia o el orgullo y aprender; ser humilde.
El término proviene del budismo zen, y fue el monje Shunryu Suzuki quien estableció por primera vez esta práctica. El concepto se refiere a la idea de dejar de lado los prejuicios y tener una actitud de apertura a la hora de vivir.
Dicha filosofía estipula que se debe tener una mentalidad curiosa, como la de los niños, para sorprenderse en todo momento, ir descubriendo algo por primera vez, sin dar nada por sentado, lo cual brindará tranquilidad, algo que contrasta con las formas en que abordamos nuestro trabajo y nuestra vida cotidiana ya que en gran medida son el resultado del sistema, las formas en que fuimos educados a lo largo de nuestra vida.
Todos aprendimos a pensar de otra persona, ya que así es como se transmite el conocimiento, pero ¿Quién define que esa es la mejor forma de hacerlo?, es uno de los cuestionamientos principales que se deben considerar. Aprendemos a toda velocidad a través de la información y las conversaciones, hasta oír algo que coincida con nuestra forma de pensar o la experiencia previa para justificar nuestras conductas y creencias actuales, impidiendo con ello nuevos aprendizajes, que finalmente son elementos que interfieren para lograr esa felicidad anhelada.
Aquí algunos consejos para lograrlo:
- Dejar de lado la necesidad de agregar valor. Se refiere a no aceptar sugerencia o situaciones o consejos ya probados, sólo ver y observar.
- Dejar de lado la necesidad de ganar cada discusión. Al conversar lo ideal es no intervenir u opinar, al contrario, abrirse a la posibilidad de aprender algo nuevo.
- Cuéntame más sobre eso. Cuando eres de los que les gusta opinar, lo ideal es quedarse callado y enfocar la energía a escuchar a los otros, escuchar el mundo desde la perspectiva de los otros.
- Suponer ser tonto. Bajo el privilegio de saber que lo eres -al menos momentáneamente- puedes empezar a dejar de lado tus preconcepciones y abordar la vida con una mente de principiante, mente en blanco.
Estos principios pueden aplicarse en cualquier área de la vida ya que ayudan a mantener la mente abierta y una actitud de crecimiento constante, además de que contribuyen a tener una vida más relajada y feliz, porque hay menos estrés.

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