
El abad Guillermo von der Schulenburg Prado, figura prominente en la historia eclesiástica de México, desempeñó un papel crucial como abad de la Basílica de Guadalupe en Ciudad de México durante tres décadas, desde 1963 hasta 1996.
Su legado se entrelaza con una serie de controversias que impactaron profundamente en la comunidad católica y la veneración de la Virgen de Guadalupe, un pilar central en la identidad religiosa y cultural del país.
Durante su mandato, Schulenburg dejó una huella indeleble en la historia de la Basílica. Se destacó por sus acciones decisivas, como la creación de la Basílica Efímera, una estructura improvisada para las celebraciones de la coronación de la Virgen de Guadalupe. Asimismo, impulsó la construcción del nuevo complejo que albergaría el ayate de Juan Diego, un proyecto de gran envergadura.
Sus dichos, le hacen renunciar a la abadía

No obstante, su trayectoria se vio empañada por una controversia de proporciones significativas. En 1996, Schulenburg desató un alboroto dentro y fuera de la comunidad católica al sugerir públicamente la inexistencia histórica de Juan Diego, una figura esencial en la narrativa de la aparición de la Virgen de Guadalupe en el siglo XVI. Sus afirmaciones desafiaron creencias arraigadas y generaron un intenso malestar entre aquellos que consideran a Juan Diego como un componente crucial en la tradición religiosa mexicana.
Las declaraciones de Schulenburg, en particular las realizadas para la revista Ixtus del poeta Javier Sicilia, ofrecían una lectura simbólica de Juan Diego y el milagro guadalupano, apartándose de la afirmación literal del milagro. Sin embargo, estas fueron descontextualizadas más tarde por el vaticanista Andrea Tornelli, lo que llevó a interpretaciones que sugerían que Schulenburg era un incrédulo, exacerbando aún más la controversia.
Esta postura personal del abad generó reacciones encontradas y debates acalorados en su tiempo. Mientras algunos respaldaban su enfoque crítico y simbólico, otros consideraban que socavaba la esencia misma de la fe guadalupana. Es fundamental tener en cuenta que las opiniones expresadas por Schulenburg eran de naturaleza personal y no representaban necesariamente la postura oficial de la Iglesia Católica sobre el tema.

El periodo de controversia y tensiones entre el abad Guillermo Schulenburg y el cardenal Norberto Carrera Rivera marcó un capítulo significativo en la historia de la Basílica de Guadalupe. La disputa se centró en la autonomía en la gestión de recursos, llevando a presiones por parte de Carrera Rivera para que Schulenburg renunciara a su cargo como abad.
A pesar de que Schulenburg tenía un cargo vitalicio designado por el Papa, el escándalo generado por declaraciones provenientes del guardián del ayate, el manto de la Virgen de Guadalupe, desencadenó un linchamiento mediático contra él.
Finalmente, Schulenburg se vio obligado a renunciar en 1996, convirtiéndose en el último abad de la Basílica de Guadalupe, una posición que había existido desde 1751. Después de su salida, se estableció un rectorado designado por el Arzobispado para liderar la institución. La muerte de Schulenburg el 20 de julio de 2009 marcó el fin de una era en la historia de la Basílica.
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