
El Espacio Escultórico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se erige como uno de los proyectos artísticos y culturales más significativos de México, integrando el arte contemporáneo con el paisaje natural. Este emblemático lugar, situado en el área cultural de Ciudad Universitaria, en el Pedregal de San Ángel, ofrece un diálogo entre la creación humana y el entorno natural.
Recientemente, la Fundación Benetton Studi Ricerche en Italia otorgó el Premio Internacional para el Paisaje Carlo Scarpa a dos emblemáticos sitios de México: el Espacio Escultórico y la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel (Repsa), ambas de la máxima casa de estudios.
Este galardón, entregado en su 33ª edición para el periodo 2023-2024, busca reconocer aquellos lugares que resalten por sus valores naturales, de memoria e invención. Este reconocimiento incluirá la difusión del lugar premiado a través de diversas iniciativas culturales como una publicación bilingüe, un documental y una exposición en Treviso, sede de la fundación, que se llevará a cabo del 12 de abril al 30 de junio.
Este premio no solo celebra la estética y valor histórico de los espacios galardonados, sino también su contribución al diálogo entre la naturaleza y la cultura.
El Espacio Escultórico fue creado en 1979 por un conjunto de destacados artistas, encabezados por el exrector Guillermo Soberón Acevedo, mientras que la Repsa se fundó en 1983 como una iniciativa para preservar el ambiente natural. Ambos sitios representan una fusión entre el arte modernista y el paisaje volcánico, creando una narrativa que invita a la reflexión sobre la relación del ser humano con el entorno natural.
¿Quién diseñó el Espacio Escultórico?

El Espacio Escultórico fue inaugurado el 23 de enero de 1979, resultado del trabajo colaborativo de un grupo de artistas que buscaban integrar el arte en un ambiente natural. Los artistas involucrados en su creación fueron: Helen Escobedo, Manuel Felguérez, Mathias Goeritz, Hersúa, Sebastián, y Federico Silva. Este colectivo de visionarios compartía la filosofía de que el arte debía salir de los recintos cerrados para amalgamarse con el espacio abierto, permitiendo una experiencia más profunda y directa con el espectador.
Situado en una zona de gran riqueza natural, aprovechando el paisaje del Pedregal de San Ángel, se caracteriza por su suelo volcánico y su flora endémica. Su diseño se inspira en conceptos prehispánicos relacionados con la cosmogonía y la arquitectura astronómica, creando un vínculo directo con la rica historia cultural de México.
El Espacio Escultórico de la UNAM es un homenaje a las civilizaciones que habitaron el territorio mexicano antes de la llegada de los conquistadores españoles.
Una de las inspiraciones fundamentales es la cosmogonía mesoamericana, especialmente la visión del mundo, pues los prehispánicos veían el universo como un vasto organismo vivo, compuesto por capas superpuestas y dimensiones interconectadas.
La disposición circular del Espacio Escultórico remite a esta concepción cosmológica, simbolizando la circularidad del tiempo y la eterna repetición de los ciclos cósmicos. Este diseño circular también tiene ecos del Tzolk’in, el calendario sagrado maya, que desempeñaba un papel central en la planificación tanto de actividades cotidianas como de rituales religiosos.

Otro concepto prehispánico presente en el diseño del Espacio Escultórico es la importancia de la orientación y la astronomía en la estructura de las ciudades y los espacios ceremoniales. Las culturas mesoamericanas, como la maya y la mexica, eran expertas astrónomas, y sus conocimientos se reflejaban en la alineación precisa de sus pirámides, templos y observatorios con eventos astronómicos específicos. De manera similar, la disposición de los prismas y la configuración general del Espacio Escultórico buscan establecer un diálogo con el sol, la luna y las estrellas, invitando a la reflexión sobre el lugar del ser humano en el cosmos.
Además, el uso de la piedra volcánica en el centro del Espacio Escultórico hace referencia al origen volcánico del Valle de México y a la importancia simbólica y material que tenía este tipo de roca en las culturas prehispánicas. La piedra volcánica, resistente y duradera, era usada en la construcción y en la elaboración de herramientas y objetos ceremoniales. De esta manera, el Espacio Escultórico no solo se integra físicamente al paisaje del Pedregal, sino que también establece un vínculo conceptual con las prácticas y creencias de los pueblos originarios de la región.
La obra pretende ser un punto de encuentro entre el pasado y el presente, un lugar donde el arte contemporáneo dialoga con las tradiciones.
Estructura
La estructura se caracteriza por su forma circular, con un diámetro aproximado de 120 metros. Esta configuración circular es significativa por varios motivos: establece un diálogo con el entorno natural al seguir una forma orgánica que se integra armoniosamente con el paisaje, alude a conceptos prehispánicos de la cosmogonía, como la noción de ciclos cósmicos y la eterna repetición del tiempo, y facilita una experiencia contemplativa, permitiendo al espectador una inmersión completa sin puntos de inicio o fin determinados, lo que invita a la meditación y a la reflexión.

El elemento más distintivo de su estructura son los 74 prismas de concreto que se extienden hacia el exterior desde el núcleo central, creando una especie de corona o anillo dentado. Cada prisma tiene una forma triangular, y juntos, estos prismas forman un cerco que rodea una explanada central de piedra volcánica. Estos elementos estructurales no solo tienen un valor estético, sino que también funcionan como puntos de referencia que dirigen la vista y el movimiento hacia el centro, reforzando el simbolismo del espacio como un lugar de convergencia y reflexión.
A lo largo de los años, el Espacio Escultórico ha sido objeto de numerosos reconocimientos por su valor artístico y cultural. Su diseño innovador y su capacidad para fomentar un diálogo entre el arte y el entorno natural lo han consolidado como un referente en el ámbito del arte público. La UNESCO, al declarar a Ciudad Universitaria como Patrimonio cultural de la Humanidad en 2007, reconoció indirectamente el valor del Espacio Escultórico como parte integral de este conjunto arquitectónico y paisajístico.
El Espacio Escultórico continúa siendo un lugar de inspiración y contemplación, atrayendo a visitantes nacionales e internacionales. Además de ser un punto focal en el paisaje cultural de la Universidad, sirve como escenario para diversas actividades académicas y culturales.
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