
La posibilidad de convivir con un perro o un gato durante unas horas o un fin de semana se ha convertido en una alternativa cada vez más popular en grandes ciudades como Nueva York, Los Ángeles, Tokio o Berlín. Plataformas digitales y programas de refugios han impulsado el auge de servicios que permiten a personas sin tiempo o espacio suficiente disfrutar de la compañía animal de manera temporal, una tendencia que responde tanto a la búsqueda de bienestar emocional como a los desafíos de la vida urbana contemporánea.
El fenómeno de las mascotas temporales se apoya en la proliferación de aplicaciones y plataformas como Rover, Wag!, BorrowMyDoggy, Dogshare y Pawshake, que facilitan el contacto entre quienes desean compartir su hogar por unas horas o días con un animal y quienes buscan experiencias de compañía sin el compromiso de una adopción permanente. Además, numerosos refugios han comenzado a promover el “foster” de corta duración, permitiendo que perros y gatos pasen entre veinticuatro y setenta y dos horas fuera del albergue, lo que contribuye a su socialización y reduce el estrés asociado a la vida en estos centros.

El contexto social y económico explica en parte la expansión de estos servicios. El aumento del trabajo remoto e híbrido ha generado una demanda de compañía puntual durante jornadas laborales en casa, mientras que el ritmo acelerado y las restricciones de espacio en las grandes urbes dificultan la tenencia responsable de mascotas a tiempo completo. Paralelamente, el interés por experiencias temporales y la dificultad para asumir los costos de una mascota permanente han impulsado la preferencia por vínculos flexibles, especialmente entre millennials y la Generación Z.
Los beneficios de la interacción con animales, incluso en períodos breves, están ampliamente documentados. El Centers for Disease Control and Prevention (CDC) señala que “las mascotas proporcionan compañía, reducen el estrés y mejoran la salud mental en general”, según su informe sobre salud y mascotas. En la misma línea, el Human-Animal Bond Research Institute (HABRI) reporta que el setenta y cuatro por ciento de las personas experimenta una disminución de la soledad tras interactuar con animales, aunque sea por poco tiempo.
Además, el mismo instituto destaca que “incluso interacciones cortas con animales pueden reducir significativamente los niveles de cortisol y aumentar la sensación de apoyo social”.

Desde la perspectiva de los refugios, el “foster” temporal no solo beneficia a los humanos. La American Society for the Prevention of Cruelty to Animals (ASPCA) sostiene que “el acogimiento salva vidas. Incluso el acogimiento a corto plazo ayuda a reducir la saturación de los refugios y mejora el comportamiento de los animales”. Esta modalidad, además, incrementa las probabilidades de adopciones definitivas, ya que muchas personas que prueban la experiencia por un día deciden finalmente incorporar al animal a su vida de manera permanente.
El bienestar animal, sin embargo, plantea interrogantes éticos. La American Veterinary Medical Association (AVMA) advierte que “los animales prosperan cuando reciben cuidados consistentes y previsibles, pero las interacciones positivas con varios cuidadores también pueden fortalecer su resiliencia”. A pesar de estos beneficios potenciales, surgen dudas sobre el impacto de la rotación constante en animales sensibles, la calidad del cuidado en hogares temporales y el riesgo de que la tendencia derive en una mercantilización que explote emocionalmente a los animales.

El funcionamiento de estos servicios varía según la plataforma o el refugio. Generalmente, los cuidadores temporales son evaluados para garantizar su idoneidad, y se priorizan animales con temperamento adaptable para convivencias breves. Los usuarios suelen reportar sensaciones de compañía, alivio y diversión, mientras que los refugios destacan la reducción de la saturación y el aumento de la socialización y el ejercicio para los animales.
El crecimiento de la economía del cuidado animal es notable: las plataformas de “pet-sharing” aumentaron más del sesenta por ciento entre 2022 y 2024, según el Rover Industry Report. Este auge plantea nuevos desafíos para la regulación y el control de la calidad del servicio, así como para la protección del bienestar animal en un contexto donde la demanda de compañía emocional y la flexibilidad marcan el pulso de la vida urbana.
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