
Desde lo más alto de la pirámide de Kukulcán, en plena zona arqueológica de Chichén Itzá, una figura la atención de miles de personas en redes sociales. No se trata de un arqueólogo, ni de un guía turístico, sino de una perra llamada Osita, que se volvió viral por una imagen que la muestra contemplando el anochecer desde el templo más emblemático de la civilización maya.
La fotografía fue tomada por José Keb Cetina, un lugareño y vigilante nocturno del sitio, y compartida en sus redes sociales, donde rápidamente se volvió viral. La escena muestra a Osita acostada en la cima de la pirámide, observando el cielo mientras sale la luna. “Como si protegiera también a las estrellas”, escribió un internauta conmovido por la estampa.
El canino forma parte de un pequeño grupo de canes conocidos localmente como los “perros sagrados de Kukulcán”, adoptados y cuidados por el personal del lugar, y que desde hace años deambulan libremente por la zona arqueológica, ganándose un lugar simbólico en el corazón del sitio.
Osita, la guardiana de la luna en Chichen Itzá

Chichén Itzá, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y reconocido como una de las siete maravillas del mundo moderno, es uno de los principales referentes del legado maya. Pero, más allá de su arquitectura milenaria, también es hogar de varios animales que conviven en armonía con las estructuras prehispánicas.
Entre ellos se encuentra Osita, una can mestiza de pelaje claro que se pasea por el lugar constantemente. En redes sociales, José Keb Cetina compartió múltiples imágenes y videos de la perra descansando o jugando en la zona de las pirámides.
En una de las grabaciones más virales del internet, Osita se encuentra sentada en lo alto de una pirámide mientras observa de manera tranquila la puesta de sol.
Otras fotografías muestran a Osita observando la luna sobre la edificación milenaria en una noche tranquila.
Los comentarios de Facebook muestran la ternura que la comunidad siente al ver a Osita disfrutando del patrimonio mexicano y gozando del majestuoso paisaje.
José Antonio Keb Cetina dijo en entrevista con La i Yucatán que Osita llegó en 2020, y que fue clave para darle compañía y consuelo durante la pandemia de COVID.
“Puede ser que alguno de esos perros se haya quedado en las selva y haya dejado crías hasta lo que es el día de hoy”, relató el custodio, que comparte en redes sociales fotos y vídeos de ellos.
Los guardianes de cuatro patas

Además de este can, en las pirámides se encuentra Cachimba y Pintorín, que acompañan diariamente a los trabajadores del sitio y que, en más de una ocasión son captados patrullando escalinatas y caminos sagrados.
Lejos de ser un caso reciente, la presencia de estos perros tiene su origen en la “Operación Rescate de Perritos de Chichén Itzá”, iniciada en julio de 2019 por el Patronato Cultur, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y cuatro asociaciones de protección animal. Esta iniciativa buscó atender la sobrepoblación canina que se había identificado en la zona arqueológica, mediante jornadas de vacunación, esterilización y adopción responsable.
Algunos perros fueron reubicados, pero otros, como Osita, fueron integrados al entorno con cuidados permanentes. Desde entonces, los visitantes que recorren las ruinas pueden cruzarse con estos singulares guardianes, acostumbrados a convivir respetuosamente con el turismo sin causar alteraciones en el sitio. Durante las noches, Osita y sus compañeros perrunos acompañan a José Keb en sus rondines. Él les ofrece alimento, agua y afecto, y ellos, a su manera, lo acompañan en las largas horas de vigilancia bajo las estrellas.
Osita no solo conquista el internet, pues también se convirtió en un símbolo del vínculo posible entre la protección del patrimonio y el bienestar animal. Su historia representa una forma distinta de pensar el entorno arqueológico: no solo como un espacio de contemplación histórica, sino como un territorio compartido entre cultura y naturaleza viva.
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