
La naturaleza esconde comportamientos tan sorprendentes como enigmáticos, y uno de ellos es la práctica de la coprofagia, o el acto de animales que consumen su propio excremento.
Aunque para muchos esta conducta pueda parecer repulsiva, la ciencia ha investigado profundamente las razones detrás de este hábito, revelando descubrimientos que desafían nuestras percepciones.
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Desde la digestión de nutrientes esenciales hasta la obtención de bacterias beneficiosas para su salud intestinal, este tiene diversas explicaciones evolutivas y biológicas que resultan fascinantes.
Una dieta un poco extraña

En algún momento, todos hemos tenido que reprender a nuestros perros por acercarse a sus heces, e incluso algunos han llegado a consumirlas cuando no estamos atentos.
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Sin embargo, aunque lo consideremos una simple travesura, la coprofagia es en realidad una estrategia de supervivencia que permite a muchas especies aprovechar al máximo los recursos disponibles.
“La coproflagia puede ayudar a los animales a obtener calorías adicionales cuando sus fuentes de alimento habituales son limitadas, o a adquirir nutrientes que son difíciles de conseguir en su dieta”, menciona la publicación.
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Las heces también pueden contener bacterias intestinales que estimulan el sistema digestivo, como si fueran probióticos silvestres”, agrega. Ejemplo de esto es el de los buitres encapuchados en Tanzania, quienes prefieren comer las heces de los leones a un cadáver fresco.
Los buitres consumen las heces de los leones principalmente debido al contenido nutricional que estas proporcionan, según el estudio que se enfocó en este caso, Coprofagia de las heces del león Panthera leo por el buitre encapuchado Necrosyrtes monachus: un estudio de caso en el Parque Nacional Serengeti, Tanzania,
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Las heces de león pueden contener hasta un 45% de proteína, lo cual representa una fuente suplementaria de alimentos para los buitres. Los leones son menos eficientes en la digestión de la carne comparados con otros carnívoros como los perros y las hienas, lo que deja más nutrientes residuales en sus heces.
Además, dado que los buitres, como las especies más pequeñas entre los grupos de buitres, enfrentan competencia en el acceso a los restos de animales muertos, las heces de los depredadores representan una alternativa valiosa.
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Sin embargo, esta práctica no sólo se limita a consumir las heces de otras especies. Los conejos y las liebres ingieren sus propias heces para extraer nutrientes que su sistema no absorbió en la primera digestión.
“Cuando escasea el alimento, algunas especies, como los renos de Svalbard (Noruega), se alimentan de excrementos de ganso durante el corto verano ártico. En invierno, las picas de las mesetas del Tíbet comen el estiércol de los yaks domésticos”, menciona National Geographic.
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En el ámbito marino, peces como los cirujanos y los loros en los arrecifes de Bonaire consumen los desechos fecales de los peces chromis marrones, pues son ricos en proteínas y también micronutrientes. Este comportamiento se asemeja a un suplemento nutricional en su dieta habitual de algas, que es pobre en estos nutrientes vitales.
Intestinos saludables

La coprofagia proporciona bacterias intestinales beneficiosas para muchas especies, de acuerdo con Bárbara Drigo, ecóloga microbiana de la Universidad de Australia del Sur.
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La científica cree que algunas aves migratorias, al llegar a una nueva región, pueden consumir los excrementos de aves locales para adquirir bacterias intestinales que faciliten la digestión de los alimentos característicos de ese entorno.
“Los polluelos de focha euroasiática con frecuencia consumen los excrementos de sus padres, que también pueden proporcionarles bacterias necesarias para procesar los recursos alimentarios locales”, menciona National Geographic.
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Exponer el sistema inmunitario a una amplia diversidad de bacterias intestinales favorece la salud en general. Las aves que practican la coprofagia tienden a ser más saludables que aquellas que no lo hacen.
Sin embargo, esta práctica también implica riesgos. Por ejemplo, los excrementos de las aves pueden contener sustancias químicas peligrosas provenientes de aguas residuales, pesticidas u otros compuestos nocivos de origen humano.
El consumo de excrementos también puede ocasionar enfermedades, parásitos intestinales o bacterias dañinas en los animales.
Sin embargo, según la publicación, al menos en cuanto a amenazas naturales, los beneficios de la coprofagia podrían superar los riesgos para muchos animales. Es probable que los sistemas digestivos de los animales sean mucho más resistentes a enfermedades, parásitos y bacterias dañinas que los de los humanos.
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