
Dentro de un edificio ubicado en la 175 West 79th Street del barrio de Upper West Side, en Manhattan, Nueva York, Estados Unidos, vive Sam, un perro de apoyo emocional que provocó una batalla legal después de aterrorizar tanto a residentes, trabajadores del inmueble, como a repartidores.
El mes pasado, un inquilino de nombre Joseph Venafro interpuso una demanda, en la que alega que fue atacado por Sam en el ascensor en septiembre del año pasado, sin embargo, el hombre descubrió que esta no era la primera vez que el perro de apoyo emocional atacaba a alguien, pues tiempo atrás se lanzó sobre un repartidor en el mismo ascensor y le propinó una mordida.
En la demanda, Venafro culpa a Inna Fayenson y Alan Katz, dueños de Sam, por su incapacidad de controlar al perro, negarse a entregarlo o mudarse. De igual manera, el demandante asegura que tanto el propietario del edificio como la empresa gestora sabían acerca del comportamiento agresivo del perro, pero no tomaron ninguna acción para evitar desgracias ni notificaron a los demás habitantes del inmueble.
Las consecuencias legales provocadas por Sam

Además del ríspido encuentro que tuvo con Venafro, Sam se vio involucrado en por lo menos una docena más de altercados con otros residentes, trabajadores y repartidores, tanto dentro como fuera del edificio, según reportó el periódico estadounidense The New York Times.
En la demanda, el abogado de Venafro menciona una serie de ataques puntuales, uno de ellos ocurrido durante el invierno de 2021-2022. En aquel entonces, Sam no tenía puesto su bozal y “cruel y ferozmente” atacó a otro residente dentro del edificio.
Al día siguiente, Fayenson le aseguró a la víctima que su mascota “jamás había hecho algo similar en el pasado”, y le pidió no reportar el ataque con el dueño del inmueble.
En septiembre de 2022, Fayenson entró al elevador de la vivienda junto con un “animal sin bozal” que, “cruel y agresivamente” amenazó con atacar a una víctima diferente a la referida anteriormente y que ya se encontraba dentro del ascensor. El perro volteó a la víctima y le gruñó antes de lanzarse sobre él y chasquear los dientes, significado de que estaba a punto de lanzar una mordida.
El abogado declara en la demanda que Fayenson detuvo al animal tirando de su correa “una fracción de segundo” antes de que pudiera morder al hombre del ascensor. “La mujer no expresó preocupación, remordimiento, o arrepentimiento en respuesta a la amenaza en contra de la víctima”, se lee en el documento.
Jeffrey K. Levine, abogado representante de Venafro, declaró para el Times que “por lo general”, al ocurrir una situación como esta, el dueño sentiría vergüenza por el comportamiento de su mascota y “le preocuparía” que lastimara a más personas.
“Es triste, porque puedo creer completamente que este perro que asusta a otras personas, es muy querido por esta pareja y ofrece consuelo a su dueño, pero eso no es lo que el público ve”, añadió Levine.
Venafro busca, además de la reparación económica por los daños y perjuicios provocados por el perro, la resolución después de que los dueños de Sam lo calumniaron con el resto de los vecinos contándoles que “no pasó nada”.
El ataque de Sam

En octubre de 2023, el medio estadounidense The New York Post reportó sobre el ataque de Sam a Venafro, quien sufrió siete heridas punzantes después de que el perro de raza mixta lo atacara, mordiéndolo en el estómago.
El hombre regresaba de dejar a su hija en la escuela, la mañana del 8 de septiembre, cuando se encontró con Fayenson y sus dos perros dentro del elevador.
“Entré al ascensor y uno de los canes se abalanzó sobre mí, ladraba y gruñía. Permanecí a un costado del elevador, manteniendo la distancia. Miré fijamente al perro y eso lo mantuvo a raya. Luego miré hacia arriba para ver cuántos pisos tenía que subir antes de salir y fue entonces cuando me atacó”, relató Venafro.
La mascota se abalanzó sobre el hombre y lo mordió sobre el ombligo. Según reporta el medio, tras salir del ascensor, Venafro informó al portero del edificio sobre el altercado, llamó a la policía y acudió a una clínica de urgencias donde fue vacunado contra el tétanos, la difteria y la tos ferina, además le administraron antibióticos durante 10 días.
Katz, comentó en entrevista que “nadie niega que el perro lo mordió”, pero que “necesitaba una curita y antibióticos” y no fueron necesarias suturas, pues no lo admitieron dentro de la clínica, sólo le “limpiaron la herida y lo enviaron a casa”.
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