
El enorme primate conocido como Gigantopithecus blacki habitó la tierra hace dos millones de años durante el Pleistoceno temprano. Hallazgos revelan que en vida, sus ejemplares podían llegar a medir más de tres metros de altura y pesar cerca de 250 kilos.
Los primeros restos del simio parecido a un gorila fueron identificados por primera vez en una farmacia por el antropólogo Ralph von Koeningswald en 1935.
El simio se extinguió antes de que los humanos llegaran a la región. Hasta ahora, las causas de su desaparición eran un misterio que aquejaba a los paleontólogos, pero evidencias nuevas obtenidas en las llanuras kársticas del sur de China arrojaron luz sobre la interrogativa.
Una misteriosa extinción

El primate más grande que ha caminado sobre la Tierra se extinguió al ser incapaz de adaptar sus gustos alimentarios y comportamientos a los cambios del clima, según la agencia de noticias Europa Press (EP).
Yingqui Zhang, profesor del Instituto de Paleontología y Paleoantropología de Vertebrados de la Academia China de Ciencias (IVPP), declaró que la historia del gigantopithecus es un enigma para este campo de la ciencia, ya que muchos se preguntan cómo es que una criatura “tan poderosa” se extinguió en un momento en que otros primates recién estaban adaptándose.
“La causa no resuelta de su desaparición se convirtió en el Santo Grial en esta disciplina”, dijo Zhang.
El equipo del IVPP excava en búsqueda de evidencia la región del sur de China desde hace más de 10 años, pero “sin una datación sólida y un análisis ambiental consistente, la causa de su extinción se nos escapó”, expresó el paleontólogo.
Tras años de excavación e investigaciones constantes, la evidencia definitiva que tanto buscaban los científicos llegó gracias a un proyecto a gran escala que recopiló evidencia de 22 sitios de cuevas repartidas en la región de la provincia de Guangxi, al sur de China.
“Es una gran hazaña presentar una causa definida para la extinción de una especie, pero establecer el momento exacto en que una especie desaparece del registro fósil nos da un plazo objetivo para una reconstrucción ambiental y una evaluación del comportamiento”, informó Kira Westaway, coautora principal del estudio y geocronóloga de la Universidad de Macquarie.
La verdad detrás de su extinción

En el estudio participaron seis universidades australianas, que utilizaron técnicas para fechar muestras y mapear los dientes de G. blacki para extraer información sobre su comportamiento.
Se aplicaron seis técnicas diferentes de datación a las muestras. Los resultados se combinaron con ocho fuentes de evidencia ambiental de comportamiento y le permitió al equipo de investigadores conocer “una cronología completa y confiable para entender la extinción de G. blacki”.
Después, los científicos utilizaron análisis detallados de polen, isótopos estables de los dientes y de los sedimentos de una de las cuevas y reconstrucciones de fauna para establecer las condiciones ambientales que llevaron a la extinción al gigantesco primate.
Los hallazgos demostraron que el gigantopithecus se extinguió hace entre 295.000 y 215.000 años, mientras habitaba en un “bosque rico y diverso”.
Los orangutanes, parientes cercanos del G. blacki, adaptaron su tamaño, comportamiento y preferencias de hábitat a medida que cambiaban las condiciones climáticas, no así el gigantopithecus, que dependía de una fuente de alimento de respaldo menos nutritiva cuando sus preferencias no estaban disponibles.
El simio se volvió menos móvil, tenía un rango geográfico reducido que le impedía salir a buscar alimento y enfrentó estrés crónico, lo que propició en gran medida su eventual extinción.
“Era el especialista definitivo, en comparación con los adaptadores más ágiles como los orangutanes, y esto finalmente lo llevó a su desaparición”, concluyó Zhang.
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