
El periodista Abdullahi Mire, de 36 años, huyó de la guerra civil de Somalia con su familia cuando tenía tres años y se estableció en Dadaab, en Kenia, uno de los campamentos de refugiados más grandes de África y donde desde 2017 donó 100 mil libros destinados a más de 127 mil jóvenes refugiados.
En una entrevista con EFE en la Oficina Regional del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) en Nairobi, Mire contó que cuando llegó al campamento, en 1991, el lugar “aún era pequeño” y contaba con unos 30 mil refugiados, la mayor parte somalíes.
Nacido en Qoryooley, en el sur de Somalia, este activista huyó después de que milicias de clanes rivales invadieran su ciudad y forzaran a los residentes a marcharse. Así llegó a Dadaab, en el este de Kenia, donde se crió y entendió, a través de la enseñanza que le dio su madre, que “la educación era lo único que podía cambiar a los refugiados”.
Aprendió a leer con 13 años y el primer libro que llegó a sus manos fue Hallo Children, una obra muy común en la educación básica en Kenia.

“La mayoría de la gente en países desarrollados empieza a leer a los cinco años, eso significa que soy igual de joven que todos los que empezaron a leer temprano”, bromeó Mire, galardonado a finales del mes pasado con el Premio Nansen Internacional para los Refugiados de Acnur de 2023.
El somalí rememoró que la escuela donde estudió en el campo era “agobiante” ya que cien estudiantes podían compartir profesor y quince personas un mismo libro. “Ahora es aún peor”, lamentó. Tras un breve paso por Noruega, donde fue reasentado, Mire volvió a Kenia y se licenció en 2013 en Periodismo y Relaciones Públicas en la Universidad Jomo Kenyatta de Nairobi.
La forma en que los niños “necesitan libros y educación”, resaltó, fue lo que le inspiró a crear en 2017 el Centro de Educación para Jóvenes Refugiados (CEJR), un proyecto dedicado a proporcionar desarrollo educativo a los jóvenes de Dadaab.
El periodista, junto a activistas que se unieron a su causa, abrió tres bibliotecas equipadas con más de 100 mil libros donados para los aproximadamente 127 mil niños y jóvenes de entre 5 y 17 años que conforman el 42,2% de la población.

“Casi mil niños empezaron a llorar”
El punto de inflexión que le llevó a comenzar este proyecto fue el encuentro con una niña que le pidió un libro sobre biología y química porque quería formarse para ser doctora. “Un libro costaba siete dólares, y pensé que como ella había muchísimos niños. Por eso volví a Kenia y empecé a moverme por redes sociales logrando miles de libros, lo que me motivó a seguir”, dijo Mire, al admitir que “al comienzo fue difícil”.
El momento más emotivo que vivió el periodista dentro de CEJR fue cuando la embajada de Catar en Nairobi le donó 20 mil libros. “Cuando lo conté en la escuela casi mil niños empezaron a llorar, y yo también, claro”, alegó emocionado.
El objetivo es “cambiar las vidas de los refugiados, de los niños y las mujeres en Dadaab, de Kenia y de gran parte de África”, y su día a día, que compagina con su trabajo como periodista, lo dedica a recopilar libros para los refugiados a través del contacto con amigos, agencias de ayuda humanitarias, redes y medios de comunicación.
Además, ahora el campo de refugiados es muy diferente, se ha expandido mucho y, donde “inicialmente había guerra, ahora también están los problemas derivados del cambio climático”. Asimismo, personas como Mire, criadas en el campamento, han tenido hijos. “Mi familia y yo vivimos una vida difícil, pero sobrevivimos”, apuntó.

Según datos proporcionados por Acnur a EFE, de las aproximadamente 302.000 personas que habitan el campamento de refugiados en la actualidad sin contar los casi 70.500 que están a la espera de registro, un 96,8 % son de origen somalí; un 2,86 % de Etiopía; un 0,47 % de Sudán del Sur y el resto -0,43%- de países como República Democrática del Congo, Uganda, Burundi o Sudán, entre otros.
La labor de Mire fue galardonada con el Premio Nansen Internacional para los Refugiados de Acnur de 2023, que recogerá el próximo 13 de diciembre en Ginebra. “Me siento muy honrado”, subrayó, “pero el premio no es solo para mí, sino para cada niño refugiado y desplazado”.
Sobre sus próximos pasos, el periodista pretende “recaudar más libros, abrir más bibliotecas en los países africanos e incluso extenderlo por todo el mundo”. “Aún tengo mucho trabajo que hacer”, concluyó.
Fuente: EFE
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