Tres claves de una alimentación saludable: por qué además de frutas y verduras necesitamos cariño

Se presentó el libro “Me importa un rábano. La importancia de sumar alimentos naturales a nuestras recetas”, de la emprendedora agroecológica y Health Coach, Lucía Calogero. La importancia de los detalles y la afectividad a la hora de transformar hábitos.

Lucía Calogero (Gustavo Gavotti)
Lucía Calogero (Gustavo Gavotti)

Como sucede desde tiempos ancestrales, la comida es un espacio de reunión, de expresión cultural y de identidad. También de aprovechar a estar en comunidad, de compartir, de festejar. De eso se trató la presentación del libro Me importa un rábano. La importancia de sumar alimentos naturales a nuestras recetas de la emprendedora agroecológica y Health Coach en Nutrición Holística Lucía Calogero: encuentro, transformación y amorosidad.

Porque si hay palabras que definen la presentación de este libro son esas. Fue en el patio de una tienda que promueve la alimentación saludable, en el barrio de Palermo, en un ambiente casi selvático, rodeados de distintas plantas, ramos de flores rosas y ¡racimos de rábanos! —la estrella de la tarde—, que decoraban la mesa principal. Los abrazos también fueron los grandes protagonistas de la tarde.

Lucía Calogero trabajó durante más de diecisiete años en la industria alimenticia, con altos cargos en multinacionales, en áreas de consumo masivo. Pero su carrera dio un salto rotundo y hoy, tras certificarse por el Institute of Integrated Nutrition New York como Health Coach en Nutrición Holística, se desempeña como productora de alimentos agroecológicos en San Antonio de Areco, junto a su familia: el emprendimiento que encabeza es conocido en redes sociales como Bien de la Tierra. “Este libro está escrito por una profesional que se reinventó, que dejó la industria que tanto placer y amor le dio para perseguir un sueño”, dijo la autora a Infobae Leamos.

"Me importa un rábano. La importancia de sumar alimentos naturales a nuestras recetas" (Gustavo Gavotti)
"Me importa un rábano. La importancia de sumar alimentos naturales a nuestras recetas" (Gustavo Gavotti)

La transformación diaria

En una de las semanas más calurosas de noviembre en Buenos Aires, la brisa empezaba a sentirse en los manteles rosa, verde y amarillo pastel, que ondeaban dando un alivio de temperatura, en composé con las sillas. Y mientras se ultimaban los detalles del lugar al aire libre —un entorno atinado para el mensaje del libro—, gritos de alegría y saludos afectuosos indicaban que Calogero había llegado al lugar, acompañada de todos sus hijos. La comunidad que acompaña la transformación, sostiene y celebra el libro Me importa un rábano.

Las limonadas empezaban a servirse pero también otra bebida, extraña para nosotros, pero que Calogero se encargó de explicar: “Es agua de rabanito rallado, que se tiene que tomar cuatro veces a la semana y sirve para limpiar los metales pesados del cuerpo”. Esta, quizá, fue una de las muestras de lo que promueve el libro: transmitir la importancia de incorporar más frutas y verduras a la alimentación diaria, “sin presiones ni fundamentalismos”. También se sirvieron tarta de arándanos, fainá con cebolla de verdeo y morrón rojo, muffins y bocados, todo cocinado por ella. El ritual de disfrutar acompañados había comenzado.

Pasados varios minutos de las 18 se escuchó “¿cuándo traen la comida?”. Fue uno de los hijos de la autora, mientras amasaba una pelota de fútbol con el escudo de Boca (también esperaba cambiar figuritas del Mundial). Y así, entre sonrisas y teléfonos celulares dispuestos a retratar el momento, empezó la presentación del libro y, también, el inicio de ese ritual tan antiguo como necesario: el compartir.

Lucía Calogero en la presentación de su libro "Me importa un rábano. La importancia de sumar alimentos naturales a nuestras recetas" (Gustavo Gavotti).
Lucía Calogero en la presentación de su libro "Me importa un rábano. La importancia de sumar alimentos naturales a nuestras recetas" (Gustavo Gavotti).

Calogero estaba nerviosa, según deslizó, pero los aplausos y arengas de los presentes la animaron. “Vengo de muchos años del mundo corporativo, de la industria alimenticia, donde perseguir los objetivos es la que va y, por primera vez, se rompió un paradigma enorme porque el libro vino a mí”. La autora de Me importa un rábano contó que, tras diecisiete años escuchando lo que come la gente, no solo obtuvo conocimiento sino un gran interrogante: ¿de dónde viene la comida?

Así, estudió Health Coach en Nutrición Holística, donde investigó las 100 tendencias de alimentación del mundo y llegó a una conclusión: todo se basa en comer más frutas y verduras. “Parece una pavada pero de cosas simples está hecha la vida”, afirmó.

“Este libro tiene una particularidad: no está escrito ni por una chef ni por una cocinera ni por una escritora”, detalló Calogero y afirmó, orgullosa: “Está escrito por una mamá que cocina todos los días de su vida y a veces cuatro veces por día”. Con visible emoción, la autora del libro miró a su familia, sentada en una mesa cercana, mientras la observaban atentos.

Un aporte al cambio social

Lucía Calogero y su libro "Me importa un rábano", en el que propone la incorporación de más frutas y verduras a la alimentación, sin fundamentalismos ni restricciones (Gustavo Gavotti)
Lucía Calogero y su libro "Me importa un rábano", en el que propone la incorporación de más frutas y verduras a la alimentación, sin fundamentalismos ni restricciones (Gustavo Gavotti)

Me importa un rábano es una invitación a pensar en el modo en que cocinamos y que comemos, a tener una alimentación no solo más saludable sino más consciente. ¿Cómo se define el libro? Calogero apuntó a tres elementos fundamentales que guían las 240 páginas de la obra. El primero es que el libro contiene cincuenta recetas, todas hechas con frutas y verduras. “Se trata de sumar, no eliminar nada. Y cuando sumo nutrientes hay otras cosas que se van”, explicó y agregó: “Este libro no tiene presiones, no te juzga y te invita amorosamente a que incorpores eso a tu dieta”.

Luego, Calogero remarcó el siguiente punto —y de más relevancia para la autora— e introdujo un concepto distinto para pensar la alimentación: “Este libro no habla de fundamentalismos ni de cosas radicales sino de lo que se llama la ‘bio-individualidad’, donde uno decide qué come y qué no”, y sentenció, contundente: “Las reglas genéricas no sirven para nadie”.

Los ramos de rabanitos fueron estrellas de la presentación. (Gustavo Gavotti)
Los ramos de rabanitos fueron estrellas de la presentación. (Gustavo Gavotti)

Otro concepto que la autora destacó es el de agroecología. Se trata de una forma primitiva de producción agraria, sustentable y ecológica, que se nutre de lo que brinda la naturaleza. ¿La clave? Sin herbicidas, ni pesticidas ni fertilizantes. “Nuestra salud está conectada con la salud del planeta. Comencemos a hacer un suelo saludable”, escribió en Me importa un rábano e hizo alusión a uno de los grandes descubrimientos que hizo en su camino de transformación: volver al campo, a la tierra.

“Es un saber compartido, muy antiguo, producir tu propio alimento, la capacidad de generar y tener esa soberanía alimentaria e involucrarte con la naturaleza y con la tierra lo máximo posible”, contó para revalorizar un conocimiento que implica “volver a las bases”.

“Si me preguntaban hace algunos años, podría haber diseñado mi presente de mil maneras y nunca, ni en la más loca de mis fantasías, hubiese sido escribiendo un libro y acercando alimentos ‘de granja’ a las personas”, leyó Calogero. Se trataba del fragmento de su libro que eligió para concluir la primera parte de la presentación, y remató: “Porque formas de cuidarse hay muchas, un montón pero muy pocas que sean todos los días, cuatro veces al día”. Hubo aplausos y emoción.

La agroecología como camino para volver al contacto con la naturaleza, la tierra y la soberanía alimenticia.
La agroecología como camino para volver al contacto con la naturaleza, la tierra y la soberanía alimenticia.

El ritual del afecto

Hablar, pensar, reflexionar y escribir sobre comida y modos de alimentación, para Calogero, también es una manera de pensar en el cariño que uno recibe y brinda a través de las distintas preparaciones y platos. No fue casual que el agasajo a todos los presentes haya sido con creaciones culinarias hechas por ella.

“Para cerrar y que comamos algo todos juntos”, adelantó la autora de Me importa un rábano e hizo entrega de tres ejemplares a modo representativo de todos los presentes. El primero se lo regaló a su madre, “porque gracias a ella estoy acá y le doy el libro en representación de mi mamá y mi papá porque hemos pasado muchas cosas feas pero si hay algo que siempre nos caracterizó es que festejamos los logros y esta es mi forma de hacerlo”.

Las lágrimas de quienes participaban de la presentación se fundieron con el abrazo que la autora le brindó a su madre, a modo de agradecimiento por el camino transitado. Luego, a modo de oración, con los ojos cerrados les entregó otro ejemplar a sus “‘musos inspiradores’, quienes me enseñaron la vida en el campo y no alcanza con decir que son mis amores. Este libro se los debo a ellos”, dijo sobre sus hijos, que estaban en primera fila.

Lucía Calogero y su madre (Gustavo Gavotti).
Lucía Calogero y su madre (Gustavo Gavotti).

El último ejemplar fue para Marcela Harvey, con quien Calogero trabaja desde hace casi veinte años y, esta vez, fue la encargada de la dirección general y diseño de Me importa un rábano. “Son esas personas que Dios te pone en el camino”, afirmó la autora. Además, agradeció al equipo que acompañó la producción del libro.

“Quería difundir lo máximo posible el mensaje: no todo el mundo es consciente de la importancia de la alimentación en el cuerpo, que nos mantiene despiertos para lo que se viene”, dijo al finalizar. Le siguieron abrazos, besos y muestras de cariño de los familiares y amigos presentes. También hubo espacio para que la autora firmara ejemplares, y para selfies y sonrisas.

Como una puerta de entrada a una alimentación distinta fue el souvenir que los que participaron de la presentación recibieron. Se trató de una caja de huevos agroecológicos —un “superalimento”, según define Calogero en su libro— y una botella de pulpa de tomates con hierbas frescas, sin conservantes ni agroquímicos. Porque en los pequeños detalles se juega la diferencia. En esos detalles que construyen los rituales donde compartimos la amorosidad en torno a la comida, como un símbolo de cuidado y atención para transformar el mundo.

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