Cómo responder a las preguntas incómodas de la infancia sobre duelos, sexo, racismo y diversidad

En “De eso sí se habla”, las autoras plantean ideas sobre cómo hablar con hijos e hijas de aquellos temas que más cuestan. ¿Se puede hablar de la muerte con los más chicos? ¿Y de salud sexual?

En "De eso sí se habla", editado por Planeta, las autoras Adí Nativ, Ivana Raschkovan y Noelia Schulz aconsejan sobre cómo abordar temas complicados como la muerte y la discriminación con los más chicos.
En "De eso sí se habla", editado por Planeta, las autoras Adí Nativ, Ivana Raschkovan y Noelia Schulz aconsejan sobre cómo abordar temas complicados como la muerte y la discriminación con los más chicos.

Hay temas que resultan incómodos, difíciles o engorrosos de tratar con niños y niñas. ¿Cómo explicarle a tu hijo la muerte de su mascota? ¿Y la identidad de género? ¿Cómo hablar sobre bullying y discriminación? ¿Hay formas de prevenir mandatos heredados como la masculinidad tóxica, el binarismo, la heteronorma y los roles de género?

Ante un mundo en el que el exceso de información puede resultar contraproducente, es recomendable que madres y padres tomen cartas en el asunto y decidan de qué manera criar a sus hijos e hijas. Pero, hoy más que nunca, esa no es una tarea para nada fácil. Para esto, las autoras Adi Nativ, Ivana Raschkovan y Noelia Schultz escribieron De eso sí se habla, un libro que surge de su “profundo deseo de un mundo más respetuoso”.

“Nos gusta pensar que podemos contribuir a criar infancias cuidadas, miradas, respetadas, pero, sobre todo, libres. Apostamos a que los niños y las niñas crezcan en ambientes seguros y amorosos que les brinden las condiciones para desarrollarse siendo quienes han venido a ser a este mundo. Entornos lo suficientemente buenos para que puedan desplegar al máximo su potencial. Para eso no debemos perder la oportunidad de hablar con ellos y ellas con la verdad, aun sobre esos temas que más nos cuestan”, escriben las autoras al comienzo.

Editado por Planeta, De eso sí se habla no intenta llegar a recetas mágicas sino que plantea ideas como perderle el miedo a decir “no sé” para escapar del “adultocentrismo”, es decir, “la relación social que prioriza la necesidad adulta mediante la dominación y la ostentación de poder”. ¿Es posible salir de la rígida cosmovisión adulta?

De eso sí se habla (fragmento)


Hacia crianzas diversas y con perspectiva de género

Decimos que el patriarcado se va a caer y, efectivamente, creemos que se está cayendo. Pero no se cae solo, sino como resultado de las luchas que damos en todos los ámbitos, todos los días. La cultura patriarcal lleva siglos existiendo y no es tan sencillo habitarla bajo una mirada crítica y, mucho menos, modificarla en un lapso corto de tiempo. Como afirma el psicólogo argentino Ricardo Rodulfo con relación al trabajo de deconstrucción, examinar el suelo que se pisa no es sencillo. Lo patriarcal se encuentra tan arraigado en nuestra sociedad que no importa hacia dónde miremos, siempre vamos a encontrar huellas de su impronta. Derribarlo, entonces, es una responsabilidad colectiva.

Culturalmente hablando, lo que consideramos como “lo normal” es solo una construcción. Por ejemplo, la heteronorma (la creencia de que el ser humano por definición es heterosexual), el binarismo (la creencia de que hay solo dos géneros posibles) y los roles de género definidos y herméticos (lo femenino y lo masculino), también son construcciones que están vigentes en ciertas sociedades en ciertos momentos históricos. No se trata de verdades universales ni inalterables.

Durante mucho tiempo, como señalan Gomel y Dorfman en su libro Cómo criar hijxs no machistas, los “derechos de los hombres” no fueron los derechos de hombres y mujeres. Por ejemplo, hasta 1951, las mujeres argentinas no podían votar. Y, si bien hoy son muchos los derechos ganados, aún continúan vigentes numerosas prácticas desiguales que impiden que podamos hablar de una equidad consumada. Todavía existen privilegios y persiste una marcada desigualdad económica: la famosa brecha salarial y el “techo de cristal” por el cual hay menor cantidad de mujeres en puestos de poder. Otra desigualdad clave es la llamada “carga mental” y la invisibilización del trabajo doméstico y las tareas de cuidados.

La cultura patriarcal no solamente es injusta, sino que oprime y mata. Es el caldo de cultivo para que existan los femicidios/transfemicidios/travesticidios, la violencia económica, los abusos sexuales y muchas otras prácticas preocupantes y vigentes en nuestra sociedad. Creemos que es una responsabilidad social deconstruir estas lógicas, reinventarlas y colaborar con la construcción de relaciones más respetuosas, tolerantes, justas e inclusivas.

Género y estereotipos de género

Según la Organización Mundial de la Salud, “el sexo son las características biológicas [...]. Estos conjuntos de características biológicas tienden a diferenciar a los humanos como hombres o mujeres, pero no son mutuamente excluyentes, ya que hay individuos que poseen ambos”. (OMS, 2018). Suele decirse que el sexo son los genitales, los cromosomas y las hormonas; y que el género es una construcción sociocultural que puede corresponder o no con el sexo.

Ahora bien, actualmente existen movimientos o discursos como el queer que afirman que el sexo también es una atribución, una construcción sociocultural basada en una lectura de los cuerpos y cuestionan la concepción de la OMS descrita más arriba por considerarla biologicista. Desde esta mirada, cuando nace un bebé (o incluso desde antes, cuando se ven los genitales en las ecografías o con los estudios genéticos), se lo menciona como femenino o masculino según sus genitales y, en base a la anatomía de los genitales, nuestra cultura tiende a asignar a las personas determinado sexo. Asociado a esa asignación, se atribuyen los roles y las expectativas: a esto llamamos asignación de sexo y atribución de género.

Por otro lado, hay personas que escapan de este binarismo, por ejemplo, las personas intersex. Los cuerpos de las personas intersex presentan características sexuales “ambiguas” que no encajan en el tradicional binarismo sexual. Estas características son muy amplias y no siempre son tan evidentes. Tal como vemos, las posibilidades y corporalidades posibles son diversas. De acuerdo con las Naciones Unidas, el 1,7 % de la población mundial es intersexual, aunque esto no se visualice en los DNI, por ejemplo.

“Nos gusta pensar que podemos contribuir a criar infancias cuidadas, miradas, respetadas, pero, sobre todo, libres", escriben las autoras en "De eso sí se habla".
“Nos gusta pensar que podemos contribuir a criar infancias cuidadas, miradas, respetadas, pero, sobre todo, libres", escriben las autoras en "De eso sí se habla".

Hoy sabemos que nacemos con distintos cuerpos y eso no define necesariamente nuestras identidades y nuestra forma de ser, sino que eso lo va construyendo cada persona. Lo que los estudios de género nos han enseñado es que los seres humanos no nacemos con una identidad de género definida y cerrada, sino que este es un proceso que se construye durante toda la vida. Es un proceso dinámico en el cual cada persona se identifica con determinados atributos según el tiempo y espacio en el cual vive.

Por todo ello es necesario comprender que la identidad de género no es una elección ni un capricho, sino un descubrimiento. Sin embargo, hoy aún hay muchas personas que siguen creyendo que la identidad es algo fijo y que las únicas categorías posibles son “femenino” y “masculino”.

Consideramos que el sexo asignado al nacer y los estereotipos de género en ningún caso deberían determinar las posibilidades de una persona. Hoy la perspectiva de género nos propone también repensar estas categorías y romper los moldes asignados a los roles binarios. Tenemos confianza en que estos nuevos discursos posibilitarán que las personas podamos construir nuestra identidad con mayor libertad.

Muchas frases cotidianas, que a veces se dicen incluso “sin darse cuenta”, reproducen estereotipos de género. En este tipo de construcciones, como por ejemplo, “pegarle a la pelota como una nena”, se entrelazan, al menos, dos prejuicios. El primero, las niñas no saben jugar a la pelota. El segundo, hacer algo “como nena” es vergonzoso.

Feminizar una conducta es sinónimo de humillación. Otro ejemplo: “Mirá cómo juega con las nenas, ya es un galán” (y viceversa): no solo podemos ver una hipersexualización innecesaria de las infancias, sino que también aparece la heteronorma, esta creencia de que todas las personas son o serán heterosexuales.

Estereotipos de género en la crianza

Los estereotipos de género afectan la crianza y la vida cotidiana desde tiempos inmemoriales. Es por eso que la importancia de la corresponsabilidad en las tareas es un tema actualmente muy difundido. Las tareas domésticas y de cuidados no deberían tener un género asignado.

Así como enseñamos con la palabra, más aún educamos con el ejemplo. Cuando hay más de una persona adulta en casa, ¿quién se ocupa mayoritariamente de estas tareas? ¿Quién pide el turno pediátrico? ¿Quién piensa los menús familiares? ¿Quién llama al servicio técnico del lavarropas? ¿Quién junta la ropa sucia? ¿Quién pone la mesa? ¿Podemos establecer acuerdos equitativos entre todos los miembros de la familia?

Vayamos más allá todavía y no pensemos solamente en las personas adultas: niños y niñas son capaces de asumir pequeñas responsabilidades desde muy temprano, sin importar su género. Creemos que es una gran manera de enseñar la importancia de distribuir el trabajo, visibilizar el esfuerzo que requiere y desligarlo de cualquier estereotipo de género.

El feminismo

El primer artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. Sin embargo, como venimos argumentando, esto no ocurre. Y es por esto que surge el feminismo, “un movimiento plural y diverso que trabaja para lograr la equidad entre los géneros. Es decir que todas las personas tengamos las mismas oportunidades y derechos, independientemente de nuestras identidades de género y nuestras biologías”.

El feminismo es un posicionamiento ético y una perspectiva de derechos que se ha gestado a partir de la vivencia de múltiples desigualdades y opresiones. En este camino surge el movimiento “Ni una menos”, una consigna de protesta que apareció en Argentina en 2015 y dio nombre a la primera marcha multitudinaria que buscó visibilizar la violencia contra la mujer y su consecuencia más grave, el femicidio.

Quién es Adí Nativ

♦ Nació en Tel Aviv, Israel, en 1978.

♦ Es médica pediatra egresada de la Universidad de Buenos Aires y exresidente del Hospital Garrahan.

Quién es Ivana Raschkovan

♦ Nació en Rosario, Argentina, en 1984.

♦ Es psicóloga egresada de la Universidad Nacional de Rosario y docente de la Facultad de Psicología (UBA).

Quién es Noelia Schulz

♦ Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1982.

♦ Es licenciada en Ciencias de la Comunicación de la UBA, docente, formadora, profesional en porteo y doula.

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