En el Día mundial del Whisky, William Faulkner y su afición a la bebida

Para el escritor, el vino y el brandy no tenían los mismos efectos que un buen escocés, bebida a la que se refería como su medicina para escribir

(Gettyimages)
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William Faulkner fue narrador, cronista de hechos, costumbres y personajes y uno de los escritores más influyentes de su generación; sin embargo también fue un personaje muy criticado, entre otras cosas, por sus problemas con el alcohol.

Al escritor se le señaló de alcohólico y arrastró problemas con la bebida durante toda su vida, lo cual no fue impedimento para que fuera destacado como uno de los autores más importantes del siglo XX. Fue galardonado por la Academia Sueca con el Premio Nobel de Literatura en 1949 por su poderosa y artísticamente única contribución a la novela contemporánea estadounidense” y cuando murió, The New York Times publicó un obituario en el que se aseguraba: “Mostró en sus escritos una obsesión con el asesinato, la violación, el incesto, el suicidio, la avaricia y la depravación general que no existe en ninguna parte, sino en la mente del autor”.

El alcohol tuvo un papel importante en la vida de este escritor, que afirmó en varias ocasiones que para él el whisky era medicinal y sostenía que beber tenía una “relación cercana con la literatura”. Incluso, se menciona que el escritor declaró a varios medios que sin su Old Crow Bourbon no hubiera podido escribir sus más famosos libros: “El ruido y la furia”, “Luz de agosto”, “Santuario”, “¡Absalón, Absalón!” o “Mientras agonizo”. “La civilización comienza con la destilación”, mencionó alguna vez.

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Algo recurrente en Faulkner era beber mientras escribía; aunque aseguraba que no era un problema para él, sí lo fue para sus editores y traductores. En 1937, el francés Maurice Edgar Coindreau le preguntó al autor nacido en Misisipi por una frase que no lograba descifrar y éste, sonriendo, le respondió: “No tengo absolutamente idea de lo que quería expresar. “Verá, escribo por la noche y el whisky mantiene en mi cabeza tantas ideas que luego soy incapaz de recordarlas a la mañana siguiente”.

Los biógrafos que se han acercado a la obra del autor de “Luz de agosto” han tenido diferentes acercamientos a su adicción. Joseph Blother intentó pasar por alto el alcoholismo de Faulkner, mientras que Frederick R. Karl aseguró que la bebida era esencial, tanto en el carácter como en la creatividad del autor: “Si quitáramos el alcohol, es muy probable que no existiera el escritor y probablemente tampoco habría una persona definida”, dijo. Jay Parini, por su parte, mencionó que el alcoholismo en Faulkner tenía un fin terapéutico, el escritor aseguraba que bebía para “limpiar telarañas y poner el reloj a cero”.

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Para Faulkner, el vino y el brandy no tenían los mismos efectos que el Whisky. Su coctel favorito era el “Mint julep”, el cual preparaba mezclando whisky bourbon, una cucharada de azúcar, una o dos ramas de menta triturada y hielo, servido en una taza metálica helada. El escritor aseguraba que se trataba de una medicina, justificándose en que el origen de este coctel, creado en el sur de los Estados Unidos, era un medicamento dulce conocido como “julepe”.

Para muchos, su afición por la bebida es la razón de lo difícil de la lectura de algunos de sus textos; no obstante, no era algo que pareciera preocuparle. En una entrevista con Paris Review, cuando el periodista le preguntó a Faulkner qué debían hacer sus seguidores, que debían leer hasta dos y tres veces sus textos para poder entenderlos. El escritor se limitó a sentenciar: “Que los lean cuatro”.

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