
“Yo tengo un alma competitiva para los juegos. Todo lo que juego, me lo juego a ganar”. Javiera Paz es Caprimint para sus seguidores. Es streamer y en los últimos años logró crear una comunidad de más de 600 mil seguidores. Nació en Chile, fue conductora de televisión, presentadora de esports, social media en Isurus, Furious Gaming y es licenciada en Ingeniería en Informática y Computación.
Hoy es creadora de contenidos para 9z Team, una de las organizaciones más importantes de la región. Aunque despegó de la mano de League of Legends, amplió su contenido a nuevas temáticas y siempre está a la búsqueda de formatos novedosos para comunicarse con su audiencias. Además, plantea que promover la tolerancia es uno de sus pilares a la hora de decidir sobre qué hablar.
A través de la pantalla y desde el lugar en el que todos los días interactúa con su comunidad, explicó que su amor por los esports empezó con una fiebre por el Starcraft: “Descubrí esta parte intelectual de los videojuegos, en donde jugaban a otro nivel, atlético. Me interesaba y logró engancharme mucho”. Contó también que solía descargar y copiar las replays de Taeya, una actual leyenda del juego, ex pro player para Liquid y su primer ídolo. Considera que el más alto nivel implica una capacidad de enfoque y una inteligencia distintiva de quienes compiten.
Antes de convertirse en Caprimint, Javiera Paz vivió su infancia en Antofagasta, la ciudad costera de 300.000 habitantes conocida como La Perla del Norte. Tenía muchas amistades y se conocían entre todos. Solía salir a andar en bici o patinar con sus amigos, pero a los 13 años, le tocó mudarse a Santiago de Chile, lugar que la enfrentó a varias cuestiones como la indiferencia y el destrato por ser quien era, pero encontró un refugio en los videojuegos durante su adolescencia.
Con la mudanza vino en cambio de colegio y la interacción con nuevas personas no fue fácil: “Me trataban de rara por las cosas que me gustaban”. Acostumbraba a pintarse los ojos de negro, usar chokers, eso hizo que la etiqueten como “flaite”, una expresión chilena que se usa para referirse en forma despectiva a las “personas de malas costumbres, socialmente inadaptados y de clase baja”.
“Me trataban de mujer fácil porque ya había dado un beso, me tocó ser super diferente y yo me consideraba 100% normal, pero no me dejaron tranquila”, recuerda sobre ese momento. Durante las horas escolares evitaba cruces y su verdadera actividad social empezaba cuando volvía a casa y jugaba con sus amigos de internet.
Su contacto con los videojuegos se dio desde pequeña, porque tuvo acceso a una PC Pentium que era para toda la familia: “Mi mamá decía que las consolas eran para gente adicta, pero no sabía que en la computadora también se podía jugar, porque pensaba que era solo para estudiar”. A los 13 descubrió que los juegos podían ser más sociales. Empezó con Habbo Hotel, después el Ragnarok y de ahí se pasó a World of Warcraft. Le gustaba la onda emo, pero a su mamá no tanto y no le compraba ropa color negro. “En los juegos sentía que podía ser quien quería ser. Podía ser esa elfa con armadura bien oscura, ahí sí. En la vida real era una niña muy nerd”, recuerda mientras se ríe.
En su familia son cinco: sus papás están casados hace más de 40 años, su hermano mayor ya tiene esposa e hijos. Caprimint vive con su hermana más grande, que es artista y ahora se dedica a la escultura en porcelana y resina. “Yo también me dediqué a algo loco. Iba a trabajar en informática y de repente comencé a hacer streams”.
Respecto al origen del nombre “Caprimint”, explicó que viene de ‘caprice’ (capricho en inglés) palabra que relacionó con su persona al querer pasarse de bando en el World of Warcraft a la Horda, a pesar de tener a sus amigos en la Alianza. Le agregó el ‘mint’ en busca de un nombre original, porque su personaje lanzaba poderes verdes color menta. Empezó a jugar al WoW a los 15, al pasarse del MMO (Massive Multiplayer Online), Ragnarok: “La gente más bacán estaba en la Horda y en la Alianza eran pocos. A mí de pequeña siempre me gustó llamar la atención, por eso quería estar donde estaban los populares”.
El paso al League of Legends tampoco fue fácil. La transición de un multijugador masivo al estilo MOBA (Multiplayer Online Battle Arena) la llevó a considerarse por mucho tiempo una mala jugadora, pero desde el principio le gustó el universo LoL y cuenta que hasta cuando más le costaba, siempre lo “tryhardea”. Si bien venía de participar en pequeñas comunidades, su primer salto como creadora de contenido lo dio en 2014, con un concurso presentado por Riot Games en el que el mejor video presentado sería el ganador. Caprimint subió a YouTube su video llamado “Soy Lolera”, en el que cantó un cover de Reik con letra de producción propia referida al juego. “No es que se hizo viral, pero empezó a tener visitas descontroladamente. Era un video con 50.000 reproducciones de un canal muerto”. A partir de eso empezaron a llegarle sugerencias para que empiece a hacer streaming.
Empezó con una base de aproximadamente 20 personas mirando sus transmisiones y no era un mal número para alguien que recién empezaba. En paralelo con su crecimiento progresivo, la exposición le representó un proceso lento en el cual fue formando su identidad. “Al principio tenía un prejuicio con las streamers mujeres, de que eran super gritonas y de que mostraban mucho”. En ese momento Javiera lo veía como un estilo de “gamer poser”, mientras que ella se consideraba “de verdad”. Con el tiempo su visión cambió, pero en aquel momento buscaba definirse a sí misma y alejarse de lo que consideraba que estaba mal.
Su inclinación por los esports la llevó a involucrarse con la llegada de la liga de League of Legends a Chile, la División de Honor de la LVP, organizador oficial de competencias afiliado a Riot Games. Cuando se abrió la escena competitiva se planteó a sí misma que no se trataba de “un juego de niños, era algo profesional con lo que podría vivir”. Estaba estudiando la carrera de Ingeniería en Computación e Informática y le atraía la idea de trabajar en relación al mundo de los videojuegos competitivos.
En aquel momento, apodada a sí misma como “la todóloga en el área”, cualquier propuesta vinculada a la escena, ella la tomaba: “Si me proponían para hacer un programa, yo iba. Si me pedían hacer una nota, yo la hacía. Si me decían de ir a una gaming house para conocer su estilo de vida, yo lo hacía”. Así fue como le llegó la propuesta de ETC TV. Le ofrecieron participar en el programa, vinculado a la liga. El primer año hacía una sección semanal pregrabada y cuando el programa tuvo buena recepción lo llevaron al vivo. “Estaba casi todos los días de la semana. Ahí fue cuando mi familia empezó a apoyarme, porque antes para ellos solo era la niña que perdía el tiempo en la computadora. Cuando escucharon la palabra televisión dijeron ‘ah esto es serio’, mi papá decía ‘mi hija es famosa’. Fue cuando se abrieron a mi mundo”. Confesó creer que hasta el día de hoy no lo entienden del todo, pero que sí la apoyan y la ven en YouTube “haciendo el ridículo”, resalta con humor.
Además de trabajar en ETC TV, se involucró en el área de redes sociales de Isurus y luego junto a Furious Gaming, dos de las organizaciones de esports con más trayectoria en Argentina. Venía trabajando en el área de contenido, no como Caprimint, sino como Javiera, porque “quería trabajar en todo esto de los esports y quería entender más el ambiente”. En algún momento quería dejar Twitch y dedicarse por completo a alguna organización profesional, porque quería dedicarse a los esports y entender más del ambiente. Su aspiración era trabajar internamente y cobrar un buen sueldo. Pero la sobrecarga de responsabilidades la llevó a un límite y decidió renunciar tanto a la televisión como a Isurus.
En TV se sentía un tanto obligada a mantener un perfil enérgico y alegre, mientras que en su stream podía ser realmente como era y abrirse a conversar de sus problemáticas con su comunidad y generar un intercambio. Si bien seguía fiel a su idea de dedicarse a una organización, la cual pasó a ser Furious Gaming poco después, empezó a notar lo feliz que la hacían sus transmisiones que no tuviesen que ver con deportes electrónicos. Por eso, posteriormente optó también por dejar, en buenos términos, su trabajo en redes para Furious y dedicarse de lleno a su canal.
Con esta decisión de priorizar su comunidad en Twitch, empezó a conectar con su audiencia en un ámbito por fuera de los deportes electrónicos y adoptar una postura crítica activa. Promueve una actitud de tolerancia en general y en todos los niveles. “Entendiendo que existen otras realidades que también tienen o creen tener la razón como tú también, y así nos vamos a llevar bien”.
Dice que le molesta que la gente repita cosas que escucha sin hacer un planteo crítico: “me enfada mucho a todos los niveles: a nivel político, feminismo, videojuegos, a nivel de salud también. Diciéndome ‘cuidado con eso que da cáncer’ y yo busco porque me interesa y no encuentro nada basado en la ciencia que diga que es así”. “Me fastidia ese comportamiento de rebaño que tiene la gente. Fui así, por eso estoy tan resentida”. Cuenta que hoy se siente más autónoma y que el pensamiento crítico la ayudó en términos de autoestima, valorando más su posición ante la realidad.
Atraída por el debate, Caprimint se volvió seguidora de Roxana Kreimer, una filósofa y socióloga que bautizó su postura como “feminismo científico”. Lo presenta como un quiebre con lo que ella llama “feminismo hegemónico”, acusándolo de cultivar el victimismo y la intolerancia. “Estoy muy de acuerdo con ella y satisface mi intelectualidad que siempre se basa en hechos científicos, estadística y evidencia empírica”, señala Javiera. Su postura la llevó a tener cruces con otras mujeres que se identifican con el feminismo y cuenta: “he hecho entrevistas que no han sacado porque no dije lo que querían que dijera. Mi dificultad de ser mujer es que cuando hago entrevistas para feministas y no digo lo que quieren que diga, no me publican”.
Cuenta, además, que con el tiempo modificó su posición con respecto a otras streamers mujeres y que su resistencia inicial tenía que ver con la “envidia” que les tenía: “¿cómo pueden estas chicas ser tan sueltas, tan libres de mostrar su cuerpo y yo no?”. Explica que solía cortar sus encuadres en cámara del cuello para arriba por mucho tiempo. A medida que pudo superar esa mirada, pudo sentirse más cómoda con su propio cuerpo y con lo que ella misma decidía mostrar: “empecé a tener escotes en directo algunos días sí, otros no”. Se siente orgullosa de haber mantenido los mismos números de vistas después de ese cambio y de poder refutar a los que dicen que la ven solo por su cuerpo, “mirá, yo salgo hasta con parka (abrigos para la lluvia), y aún así seguía teniendo la misma cantidad de espectadores o más. La variación no sé a qué se debe, pero definitivamente no es por mi cuerpo”.
A la hora de pensar en referentes actuales destaca, Caprimint destacó a Sofi Kimmy, streamer de LoL; a Cristinini, streamer española que hoy en día hace contenido de GTA. Dentro de su círculo de amigos nombró a Dracul1nx, “lo encuentro como ‘¡wow!, es jugador profesional de COD y le va bien en streams’; Dylantero también es alguien que admiro un montón lo que hace y me ayuda mucho como una amistad a salir adelante; Panchaalel es una chica que hace streams y es muy emocional como yo y tenemos esto de que un día quizás no estás tan bien y aún así hay que poner buena cara”.
En abril del 2019 llegó la oferta de 9z Team para sumarse como streamer, lo cual cree que se dio por su trayectoria y presencia en otras organizaciones argentinas. Viajaba a Argentina constantemente para crear contenido junto a la organización, pero con la pandemia se congelaron muchos planes. El encierro y la distancia la obligó a repensar qué hacer y además le empezó a ir aún mejor en Twitch.
Sus planes a futuro involucran hacer más contenidos para YouTube y empezar a monetizarlo, aumentar la variedad de temáticas y volver a viajar a medida que la situación general empiece a normalizarse. “Con los esports quiero volver duro este año, con cosas que no te puedo mencionar por términos de confidencialidad. Así que te va a llegar una bomba probablemente”.
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