Es tentador pensar a Oscar Centeno como un halcón, el chofer del poder que durante años, llevó al número dos del verdadero número del Gobierno en silencio, al volante de su Toyota Corolla, a recolectar las coimas en dólares, millones de dólares, de los grandes empresarios de la Argentina. Todo, para volver a su chalecito suburbano en Olivos, a la vera de la Panamericana, y anotar todo en sus cuadernos espiralados, a escondidas de su mujer.
Parece una doble vida, interesante por lo menos, salida de una vieja novela pocket, escrita de a ratos por un tipo que era una discreta bomba de tiempo para el kirchnerismo, que estuvo allí con Néstor Kirchner y luego con su viuda Cristina, para verla en la quinta de Olivos, de lejos, en jogging.
Pero a realidad es que, a Centeno, lo tenían para cualquier cosa. Y eso, a Centeno, no le gustaba.

Lo anotó también en sus cuadernos, que motivaron la mayor causa contra la corrupción de la historia argentina moderna, que comenzará este 6 de noviembre en el Tribunal Ora Federal N°7 y que lo juzgará como miembro de la asociación ilícita dedicada a recaudar coimas supuestamente encabezada por CFK, Julio De Vido y el ex subsecretario de Coordinación, Roberto Baratta, su viejo jefe.
Al ex remisero, que terminó preso por el caso y declaró como arrepentido, básicamente, lo acusan de un pecado de omisión, de escribir todo y no denunciarlo. Fue su amigo y también remisero, Jorge Bacigalupo, quien entregó los cuadernos al periodista Diego Cabot, que luego los entregó al juez Claudio Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli.
Al lado de los viajes a estacionamientos y hoteles, Centeno escribió, por llamarlas de alguna forma, las tareas menores, una historia dentro de la historia de los cuadernos, una de tantas.

Llevate esto ya que estás
En 2008, mientras llevaba y traía a Baratta de encuentros en las oficinas del Grupo Techint, Centeno era usado frívolamente de mandadero para ir comprar helado a San Martín varias veces por semana, a llevarle cosas casi a diario a Silvina, apodada “Chili” -hermana de Baratta, contadora según declaró Centeno-, a buscar joyas para Dalina -la entonces mujer del ex número dos de De Vido- a la joyería Simonetta Orsini en Posadas y Cerrito, donde el fallecido Norberto Oyarbide habría comprado su lujoso anillo valuado en 250 mil dólares, o llevar a Chelita, la madre de De Vido, a tratarse en el FLENI. En el fondo, se trataba de confianza.
“Yo tenía una relación de confianza con Chelita, la mama de Julio De Vido”, declaró Centeno cuando aceptó declarar como arrepentido: “Baratta me ordenaba que la llevara a algunos lados, entonces establecí una relación afectuosa con ella. Estaba encargado de llevarla a Chelita a rehabilitación.
Los mandados no terminaban allí: también debía ir a buscar camisas o trajes para Baratta, llevar a su jefe al sastre, a comer al Museo del Jamón, a la psicóloga de vez en cuando o “al ‘banco’”, así, con comillas, “a cambiar.”

Centeno no era el único mandadero en el Ministerio de Planificación comandado por De Vido. Hernán Diego del Río era el chofer de José María Olazagasti, secretario privado del ministro. También declaró en el expediente, aterrado por una supuesta amenaza de muerte a días de la explosión del caso. Irá a juicio en el TOF N°7 como supuesto partícipe necesario de la recepción de una coima, también como partícipe necesario de una admisión de dádivas. Centeno lo complicó con una mención en los cuadernos, donde lo inscribió como “El Pelado Hernán”.
Dado lo crudo de su testimonio, es difícil decir que Del Río, oriundo de Ituzaingó, se haya hecho rico con su paso por el círculo interno del poder K.

En su exposición ante el fiscal Stornelli, aseguró que llevaba como remisero particular a Alessandra Minicelli, la mujer de De Vido y que lo usaban para llevar la carne y los chorizos a la quinta del entonces ministro -pero nunca lo invitaban al asado-. Luego, consiguió una changa en el Congreso, no como asesor, sino como cadete en moto.
“Pudieron peritar el auto que está destrozado, pudieron verificar en el allanamiento que me baño con un balde y también que duermo en un colchón tirado en el piso. Por otro lado, quiero decirle que yo en el año 2008 era remisero y 10 años después, en el año 2018, sigo siendo remisero, donde la doctora Minnicelli, Valeria De Vido y la señora Berta, suegra de De Vido, me pedían presupuestos por teléfono de los viajes a Marcos Paz", donde el ex ministro preso estuvo preso en 2019, “con espera incluida. Diez años después y yo seguía siendo remisero”, finalizó.
En su declaración, afirmó que manejaba un auto de la mujer de De Vido porque no podía pagar el seguro del auto del suyo.
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