
Leer las más de 12 mil fojas de la causa de los cuadernos de las coimas y sus expedientes paralelos lleva a una conclusión, una de tantas: a través de una década, el kirchnerismo y el gran capital crearon una cultura de la corrupción, sí es que las acusaciones son ciertas. Era un mundo en sí mismo, hecho de guiños, entendimientos y, sobre todo, si uno le cree a esos grandes empresarios, matoneadas, un bullying político del sobre y el bolso.
Figuras como Ángelo Calcaterra, cabeza de IECSA, imputado en el expediente que será llevado a juicio este 6 de noviembre en el Tribunal Oral Federal N°7, se victimizó un poco al asegurar que el kirchnerismo había generado condiciones desfavorables para su grupo en términos de acceder a los jugosos contratos de obra pública. Era, según estos empresarios, pagar o nada.
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Pero, irónicamente, en ese bullying del sobre y el bolso, los matoneados ganaron todavía más. El financista Ernesto Clarens, arrepentido en el caso, afirmó que cada grupo empresario debía entregar un 10% del contrato total. Una fuente judicial clave en el caso se ríe en voz alta desde el anonimato: “Pensá en toda la que se llevaron”. Los registros de papeles que acreditan los beneficios recibidos en contratos oficiales por los empresarios acusados atraviesan el expediente basado en las anotaciones del chofer Oscar Centeno, investigado por el fiscal Carlos Stornelli y elevado a juicio por el fallecido juez Claudio Bonadio.
Y así, se creó esa cultura, lo que el ex secretario de Obras Públicas, José López, arrepentido en el caso, llamó “El Club”. Comenzó con Néstor Kirchner vivo y fue más allá de su muerte y llegó hasta su viuda.
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Enrique Pescarmona, un gigante metalúrgico y del negocio de la energía, cabeza en aquel entonces de IMPSA, su corporación familiar, que fue víctima de un resonante secuestro en 1985, enfrentará el juicio si es que su oferta de $510 millones de pesos a la Justicia para cerrar la causa en su contra no prospera. Bonadio elevó a juicio por el pago de 13 coimas a Roberto Baratta y su secretario, Nelson Lazarte; seis de esas coimas llegaron, supuestamente, a Cristina Fernández de Kirchner, con deliveries a su departamento en la calle Uruguay, donde, casi una década más tarde, Fernando Sabag Montiel intentaría matarla de un tiro en la cabeza. Los bolsos atribuidos a Pescarmona, remarcó Centeno, siempre pesaban lo mismo. Porque llevaban el mismo monto: 200 mil dólares.

El postre vino después
Tal como todos esos empresarios -Aldo Benito Roggio, Calcaterra, Carlos Wagner-, Pescarmona declaró y confesó. Pero su confesión fue distinta. Los otros hicieron el mismo relato mecánico: dijeron que los matonearon, que pagaron, etcétera. El gigante metalúrgico fue más específico, más íntimo.
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Para empezar, relató una escena, un almuerzo con el ex ministro de Planificación Julio De Vido. La comida ocurrió en 2006, según Pescarmona mismo, dos años antes de que comenzara a pagar sus supuestas coimas a Baratta, para discutir un proyecto en la zona de Yacyretá. Es un preludio que sirve para ilustrar, más o menos, cómo funcionaban las cosas para “El Club”:
“Me llama el arquitecto Julio De Vido diciendo que quería reunirse con nosotros. Entonces lo dije si quería venir a una comida. Así es como vino a comer. Está el ingeniero Valenti, mi hijo Lucas que era muy joven y yo... Los primero 20 minutos fue todo muy bien. En un momento determinado, el ministro dice ‘vos necesitas un socio’, a lo que le respondí que no necesitábamos un socio".
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“Lucas le dice ‘señor ministro, disculpe pero creo que no necesitamos un socio porque íbamos a desarrollar esta idea que era nuestra, sabíamos cómo hacerlo, ¿para qué queremos otro socio?’. Le dijo que, en todo caso, no tendríamos problema en ser socios del estado Argentino. Recuerdo, también, que mi hijo le dijo también ‘mire, Ministro, si nosotros nos asociamos con usted vamos a ir presos’“.

No te quedes afuera
Pescarmona continuó: “Lo que decía De Vido no era para ser socios” en el proyecto de Yacyretá, “sino directamente ser socio de la compañía”, es decir, socio de IMPSA.
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De Vido, según el empresario, respondió: “Nene, nosotros no nos vamos a ir nunca de acá, vos no entendés nada”. Lucas Pescarmona, en vez de callarse, respondió por qué la corporación no necesitaba un socio. “El Ministro se enoja y se ve a las puteadas con mi hijo. Le dijo ‘pendejo de mierda’, tenía un ataque de bronca”.
“El ingeniero Valenti” es Francisco Rubén Valenti, un alto ejecutivo de IMPSA que trabajó en la corporación durante 33 años, imputado en el caso, acusado de ser el entregador de las coimas. Enfrentará el juicio junto a su viejo jefe si su oferta tampoco prospera. También declaró y ofreció colaboración en su indagatoria, donde ratificó la historia del tumultuoso almuerzo y el matoneo político.
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Al mes de aquel encuentro, De Vido le pidió a Pescarmona una nueva cita: “Esta vez no se queda a comer. Directamente dice: ‘Vengo con un mensaje de la corona, o te asociás o te asociás’. Estaba presente mi otro hijo de nombre, Luis. Con esa extorsión que nos hacían me hizo acordar a la extorsión del secuestro que sufrí en el año 1985. En esa segunda comida le respondí que no, que no me iba a asociar con ellos. Terminó igual que la otra vez, con puteadas y enojo del ministro, que se fue vociferando insultos, esta ver contra mi hijo Luis, que no había hablado. Siempre elegía al más débil para insultar".

“Siempre aparecía alguien de ellos pidiendo el 10 o el 15 por ciento de las obras. Me parecía totalmente increíble que nos pidieran esas sumas, más cuando el margen de ganancia era del orden del 5 por ciento. La tercera vez que nos presentamos nos sacaron de la cancha de una forma alevosa, incluso hicimos presentaciones judiciales. Contratamos los mejores estudios de abogados y aun así no teníamos éxito”, finalizó.
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Así, Pescarmona comenzó a notar cómo empresas en sintonía con el discurso kirchnerista lograban licitaciones con ofertas mucho más caras que la suya. La presión, si es que era cierta, era de todo menos sutil.
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