
A pocos kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, las localidades de San Andrés de Giles, Carmen de Areco y General Madariaga ofrecen una excelente gastronomía regional en la que nunca falta el tradicional asado de campo, históricos bodegones, desayunos y meriendas criollas. A ellos se le suman las clásicas actividades rurales: paseos a caballo y en sulkys, y visitas a granjas y estancias.
San Andrés de Giles, a 110 kilómetros de la capital argentina, propone sumergirse en la cultura de un pueblo que conserva el sello clásico de las cenefas, los viejos almacenes y las tradicionales pulperías con paredes de ladrillo común, heladeras de madera y un patio con un viejo molino. Allí está Casa Gallo, un restaurante rural del pueblo de Cucullú, atendido por la quinta generación de una familia que mantiene la arquitectura y el mobiliario de 1880.

Otra alternativa para relajarse y comer rico es Estancia Chica, un emprendimiento turístico rodeado de árboles y pájaros en el kilómetro 109 de la Ruta Nacional 7 que atiende sábados, domingos y feriados. Su servicio comienza con el desayuno de infusiones calientes y tortas fritas, chocolatada y bebidas frescas o agua caliente para el mate. El almuerzo ofrece cazuelas regionales, empanadas, chorizo, morcilla, pollo, ensaladas, papas, bondiola, asado y vacío, postre y café, además de opciones para vegetarianos y celíacos.
A las bebidas gratis y a los manjares de la merienda se le suman otros entretenimientos, como paseos en sulky o a caballo, juegos campestres, partidos de fútbol, voley, ping pong y metegol, actividades en la huerta y en la granja. También se puede disfrutar del agua y el sol en dos piscinas grandes, con sombrillas y reposeras.

En la zona también está La Cándida López, una estancia dedicada al turismo rural que cuenta con hospedaje propio, por lo que es ideal para eventos. Ubicada en el kilómetro 261 de la Ruta Provincial 41, está rodeado por un parque ideal para caminatas y paseos en bicicleta, o para divertirse en las canchas de paintball, fútbol y voley, o en la pileta.
A menos de dos horas en auto de Capital Federal, sobre la Ruta Nacional 7, se pueden reconocer los encantos de Carmen de Areco, fundado en 1812, con una combinación de tradición y modernismo.
Allí, la familia Noto creó el Gringo Bar & Grill, inspirados en la cultura de los abuelos, sus picadas y asados de campo. Abierta jueves, viernes y sábados por la noche y domingo al mediodía, su parrilla emerge en una casona antigua con fotografías y muebles que homenajean a los extranjeros que eligieron a la provincia de Buenos Aires para afincarse. En el patio hay un bar moderno donde se pueden degustar diferentes tragos para acompañar con sándwiches de vacío, bondiolas con cebolla al disco, tablas de fiambres y papas fritas.
Muy cerca de allí, en el pueblo turístico Gouin, está La Casa del Árbol con sus dulces hechos con las mora que se recolectan de un gigante moral de más 500 años y que nunca fue podado. También se consiguen otras variedades de mermeladas y pastelería ofrecidas en desayunos y meriendas, además de un menú fijo los fines de semana.

Por su parte, el histórico Hotel Carmen de Areco es atendido desde hace 23 años por una familia que apostó a la vida tranquila y amigable de pueblo. Aunque no es de cinco estrellas, se caracteriza por la amabilidad del personal y un excelente ambiente.
A poco más de 300 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, por la Autovía 2, se encuentra Madariaga, donde los platos caseros del Bodegón Los Ruau son un sello característico del famoso Pago Gaucho. Esta casona también es conocida porque allí vivió su adolescencia el cantante y compositor Argentino Luna, y, en esa línea, ofrece las comidas de la infancia: tortillas, bocadillos de acelga, pastas, un poco de carne de cerdo, ternera y pollo, ensaladas y papas.
Los productos de la Tía Ali son otra marca registrada del sudeste de la provincia, con sus recetas heredadas por familiares inmigrantes que vuelcan en la masa historias de vida y emoción. Ofrecen bollería antigua con recetas originales de panificados integrales, con aceite de producción local y sin agregado de sodio ni grasas. Con un recetario de Suiza, Italia y México, este emprendimiento también elabora pan de naranja, alfajores de maicena y ensaimada, entre otras delicias.

La Laguna Salada Grande de la zona tiene un camping donde pasar la noche en carpa, motorhome o dormis, con baños nuevos y donde se pueden hacer diversos deportes náuticos. No obstante, lo más destacado está ligado a la pesca ya que es considerada la mejor laguna con pejerreyes del país.
La historia y la tradición de los pueblos de la provincia de Buenos Aires, su comida y el contacto con la naturaleza son ideales para desconectar de la vorágine diaria y nutrirse de cultura.
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