
Era el otoño de 1792 y John Dalton estudiaba botánica. Mientras observaba un geranio, se dio cuenta de que los colores que veía no coincidían con los que describían las personas que lo rodeaban. Algunos tonos que para los demás eran rosados, púrpuras o carmesíes, él los percibía de otra manera. Esa diferencia le generó mucha curiosidad y comenzó a preguntarse por qué sus ojos interpretaban los colores de forma distinta.
No se quedó con la duda. Dalton comenzó a investigar qué era lo que le sucedía. Comparó sus observaciones con las de otras personas y comprobó que su hermano también tenía dificultades para distinguir determinados colores. Entonces decidió estudiar esa particularidad y a reunir información sobre una alteración visual que él mismo padecía.
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El 31 de octubre de 1794 presentó sus conclusiones ante la Sociedad Filosófica y Literaria de Manchester, en un trabajo titulado Extraordinary Facts Relating to the Vision of Colours (Hechos extraordinarios relacionados con la visión de los colores). Allí describió sus experiencias y expuso sus primeras explicaciones sobre el fenómeno. Sus investigaciones significaron un paso importante para el estudio de las alteraciones en la percepción de los colores. Con el tiempo, esta condición sería conocida popularmente como daltonismo, en reconocimiento al científico que la estudió.

Sus primeros años
John Dalton nació el 6 de septiembre de 1766 en Eaglesfield, una pequeña localidad del norte de Inglaterra. Creció en una familia que vivía con lo justo y muy religiosa. Sus padres eran miembros de la comunidad cuáquera, un movimiento cristiano protestante que promovía la sencillez, la educación y una vida alejada de los lujos. Su padre trabajaba como tejedor y la economía familiar apenas alcanzaba para cubrir las necesidades básicas.
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Desde muy chico, Dalton mostró facilidad para las matemáticas e interés por el conocimiento. A los 12 años comenzó a dar clases en la escuela de su pueblo, donde tuvo sus primeros años de educación. La docencia se convirtió en una forma de ayudar económicamente a su familia, pero también en una oportunidad para seguir aprendiendo. Uno de sus primeros referentes fue Elihu Robinson, un vecino autodidacta en el estudio de la meteorología y las ciencias, que estimuló su curiosidad y lo acercó al estudio de los fenómenos naturales.
En 1781, cuando tenía 15 años, se mudó a Kendal (en el noroeste de Inglaterra, en el Reino Unido) junto con su hermano mayor, Jonathan, para trabajar en una escuela que dirigía uno de sus primos. Allí continuó su formación académica y, a la vez, asumió responsabilidades como docente. Enseñaba matemáticas y comenzó a interesarse cada vez más por la filosofía natural, como se llamaba entonces al estudio de los fenómenos físicos de la naturaleza. Su curiosidad no se limitaba al aula: buscaba respuestas a través de la observación y el registro de lo que ocurría a su alrededor.
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Luego, llegó el interés por la meteorología. En 1787 comenzó a tomar nota de las condiciones del tiempo, la temperatura, la humedad, la presión atmosférica y la dirección del viento de cada día. Ese registro lo llevó durante 57 años: reunió más de 200.000 observaciones. Esos apuntes fueron la base de su primer libro, Meteorological Observations and Essays (Observaciones y ensayos meteorológicos), publicado en 1793, en el que reunió sus investigaciones sobre la atmósfera.
Ese mismo año se instaló en Manchester para ocupar un cargo como profesor de matemáticas y filosofía natural en el New College. El traslado marcó un cambio importante en su carrera: la ciudad tenía una intensa actividad intelectual y le permitió relacionarse con otros investigadores. En 1794 ingresó en la Sociedad Filosófica y Literaria de Manchester, donde encontró un espacio para compartir sus trabajos y debatir sus ideas. Allí presentó una investigación sobre una particularidad que conocía desde hacía años y que terminaría convirtiendo su apellido en una palabra reconocida en todo el mundo.
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La investigación sobre los colores
A partir de aquella experiencia con el geranio, Dalton comenzó a prestar mayor atención a los colores y a comparar lo que veía con las descripciones de otras personas. En sus observaciones encontró que podía reconocer sin dificultad el blanco, el amarillo y el verde, pero tenía problemas para distinguir el azul, el púrpura, el rosa y el carmesí. Incluso contó que en varias oportunidades había preguntado si una flor era azul o rosa, algo que sus interlocutores solían tomar como una broma.
La observación del geranio le permitió entender que no se trataba simplemente de una diferencia en los nombres de los colores. La flor, que para los demás era rosada, a él le parecía casi azul celeste durante el día. Pero, cuando la observaba a la luz de una vela, adquiría un tono rojizo o amarillento. Sorprendido por eso, consultó a sus amigos y notó que ellos no veían esa “transformación”. El único que también tenía dificultades para distinguir determinados colores era su hermano.
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Convencido de que allí sucedía algo extraño, Dalton profundizó sus observaciones y estudió el fenómeno de manera sistemática. Examinó distintos objetos, telas, flores y pigmentos, y también utilizó un prisma para observar los colores que componían la luz solar. Así, identificó tres colores: amarillo, azul y púrpura. Esos estudios y apuntes buscaban explicar qué era lo que sucedía en sus ojos y en lo de su hermano Jonathan porque, definitivamentes, era una experiencia que no lograba comprender y que tampoco compartían todas las personas.
El 31 de octubre de 1794 presentó sus conclusiones ante la Sociedad Filosófica y Literaria de Manchester. El trabajo se tituló Extraordinary Facts Relating to the Vision of Colours: With Observations (Hechos extraordinarios relacionados con la visión de los colores: con observaciones). Allí reunió sus experiencias personales, las comparaciones que había realizado y una descripción detallada de las diferencias que encontraba en la percepción de determinadas tonalidades. Fue una de las primeras investigaciones científicas dedicadas específicamente a este fenómeno. Se publicó recién en 1798,en las memorias de la Sociedad Filosófica y Literaria de Manchester.
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Una hipótesis equivocada sobre sus propios ojos: el pedido que dejó antes de morir
Dalton estaba convencido de que sus dificultades para distinguir los colores tenían una explicación física dentro de sus propios ojos. Según su hipótesis, el humor vítreo, la sustancia gelatinosa y transparente que ocupa el interior del globo ocular, tenía una tonalidad azulada que modificaba la luz que llegaba a la retina. Creía que esa particularidad funcionaba como un filtro y alteraba la percepción de determinados colores. Aunque no tenía forma de comprobarlo, estaba decidido a encontrar una respuesta.
Su interés por resolver el enigma fue tan grande que dejó instrucciones para que sus ojos fueran examinados después de su muerte. Quería que otros científicos pudieran comprobar si su teoría era correcta. Dalton murió en Manchester el 27 de julio de 1844, a los 77 años. Al día siguiente, el médico Joseph Ransome realizó el examen que el científico había solicitado.
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El resultado descartó su explicación. Ransome comprobó que los líquidos del interior de los ojos no tenían la coloración azulada que Dalton había imaginado. El humor vítreo era transparente y no producía las alteraciones que el químico había atribuido a su visión. El médico también examinó uno de los ojos para comprobar si los objetos rojos y verdes cambiaban de apariencia al observarlos a través de sus estructuras. Tampoco encontró diferencias que explicaran el fenómeno.
Aunque el examen no permitió descubrir la verdadera causa de la alteración visual, el material ocular fue conservado por la institución. Eso tuvo resultados muchos años después: gracias a esa muestra, los investigadores pudieron retomar el caso con herramientas que Dalton nunca llegó a conocer. La respuesta que había buscado durante toda su vida todavía estaba pendiente y llegaría más de un siglo después de su muerte.
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La ciencia resolvió el misterio: el análisis que reveló qué veía Dalton
Más de 150 años después de la muerte de Dalton, la ciencia pudo responder la pregunta que había acompañado al químico durante toda su vida. En 1995, un grupo de investigadores británicos analizó una pequeña muestra de tejido ocular que se había conservado desde su muerte. El estudio, publicado en la revista científica Science, permitió determinar qué tipo de alteración de la visión cromática padecía.
Los resultados demostraron que Dalton tenía deuteranopía, una forma de daltonismo rojo-verde. Esta condición se caracteriza por la ausencia del pigmento visual sensible a las longitudes de onda medias, asociado principalmente con la percepción del verde. Por esa razón, las personas con deuteranopía tienen dificultades para diferenciar determinados tonos, especialmente los rojos y verdes. El hallazgo confirmó que las descripciones que Dalton había realizado sobre su propia visión coincidían con una alteración reconocida por la ciencia moderna.
El descubrimiento también permitió descartar definitivamente la hipótesis que el científico había sostenido durante décadas. Su problema no se debía a una coloración azulada del interior del ojo, como había imaginado, sino a una particularidad genética que afectaba los mecanismos responsables de captar determinados colores. El análisis del tejido conservado convirtió así sus propias observaciones en una evidencia científica que pudo comprobarse más de un siglo después.
La alteración que Dalton describió terminó llevando su apellido y se conoce popularmente como daltonismo. Aunque el término suele utilizarse para referirse a las dificultades para distinguir el rojo y el verde, existen diferentes tipos de deficiencias en la visión cromática y no todas implican dejar de ver los colores. Algunas personas confunden determinadas tonalidades, mientras que otras presentan dificultades más marcadas para diferenciarlas.
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