
Keith Hunter Jesperson, asesino serial conocido como el de la cara feliz, fue un camionero de larga distancia de origen canadiense que sembró el terror en Estados Unidos durante la primera mitad de los años 90. Nacido en Chilliwack, Columbia Británica, y radicado desde joven en el estado de Washington, llevaba una vida familiar que contrastaba con los crímenes que cometió mientras recorría las rutas del país.
Entre 1990 y 1995 mató al menos a ocho mujeres en distintos estados. Elegía a varias de sus víctimas durante sus viajes y abandonaba los cuerpos lejos de los lugares donde las había conocido. Su caso adquirió notoriedad porque dejó confesiones anónimas en baños públicos y envió cartas a medios de comunicación, que firmaba con el dibujo de una carita sonriente.
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Jesperson fue detenido en marzo de 1995, después de que la policía lo vinculara con el asesinato de su novia, Julie Ann Winningham, en Washington. Tras su arresto, confesó otros homicidios y aportó datos que permitieron resolver casos, entre ellos el de Taunja Bennett, por cuyo asesinato dos personas inocentes habían sido condenadas. Actualmente cumple múltiples penas de prisión perpetua en la Penitenciaría Estatal de Oregón.
El detrás de los crímenes del asesino de la cara feliz
Durante años, aprovechó los recorridos de su trabajo para desplazarse entre ciudades, conocer potenciales víctimas en bares o recoger mujeres en la ruta y alejarse de las escenas del crimen sin despertar sospechas inmediatas.
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Su primera víctima conocida fue Taunja Bennett, de 23 años, a quien conoció en un bar de Portland, Oregón, en enero de 1990. Jesperson la llevó a una vivienda que alquilaba, donde la golpeó, la violó y la estranguló. Después abandonó el cuerpo cerca de la garganta del río Columbia. Según Oxygen, el asesino buscaba sitios alejados para deshacerse de los cuerpos, una práctica que dificultó durante años la identificación de algunas víctimas y la conexión entre los casos.
La investigación por el asesinato de Bennett se desvió cuando Laverne Pavlinac acusó falsamente a su novio, John Sosnovske, de haber cometido el crimen. Ambos fueron condenados pese a que ella luego se retractó. Jesperson, molesto porque otra persona recibía atención por un asesinato que él había cometido, dejó una confesión en la pared de un baño público.
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“Maté a Tanya Bennet [SIC] el 21 de enero de 1990 en Portland, Oregón. La golpeé hasta matarla, la violé y me encantó”, escribió. El mensaje terminaba con una carita sonriente.

Ese símbolo dio origen al apodo de asesino de la cara feliz. Jesperson volvió a utilizarlo en mensajes enviados a la policía y a medios de comunicación. En 1994 remitió una carta de seis páginas a The Oregonian, donde se atribuyó el asesinato de Bennett y otros homicidios. “Todo comenzó cuando me pregunté cómo sería matar a alguien. Y lo descubrí. Ha sido una pesadilla”, señaló en una de las comunicaciones citadas por A&E. El columnista Phil Stanford bautizó al autor de esas cartas como Happy Face Killer.
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El patrón se repitió en otros casos. Jesperson estranguló a sus víctimas y abandonó sus restos en zonas rurales, al costado de rutas o en parajes distantes. Entre las mujeres asesinadas estuvieron Laurie Ann Pentland, Cynthia Lyn Rose, Patricia Skiple, Angela May Subrize, Suzanne Kjellenberg y Julie Ann Winningham. También mató a una mujer que durante décadas fue identificada como “Claudia”. La dispersión geográfica de los crímenes, sumada a la falta de identificación de algunas víctimas, demoró la reconstrucción de la serie.
Aunque llegó a asegurar que había cometido hasta 160 asesinatos, las autoridades solo lograron confirmar ocho. Tras su detención, sus confesiones permitieron vincularlo con casos que habían permanecido sin resolver durante años y llevaron a nuevas condenas en distintos estados. La identidad de algunas víctimas se conoció décadas después.
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Cómo hallaron al asesino de la cara feliz
La caída de Jesperson comenzó con el homicidio de Winningham, su novia, cuyo cuerpo fue hallado el 11 de marzo de 1995 cerca de la Ruta 14, en el estado de Washington. Tras ser interrogado, confesó ese asesinato y luego admitió otros.
En una carta dirigida a su hermano, escribió: “He sido un asesino durante cinco años y he matado a ocho personas. He agredido a más”. La confesión permitió reabrir investigaciones y demostró que Pavlinac y Sosnovske no habían cometido el asesinato de Bennett, según People.
Para Melissa Moore, hija de Jesperson, descubrir los crímenes de su padre durante la adolescencia destruyó la imagen que tenía de él. “No se puede reconciliar al asesino con el padre, pero son la misma persona”, dijo en una entrevista con The Spokesman-Review.
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Moore sostuvo que la revelación implicó “la muerte total de una percepción” y relató que, con el tiempo, entendió que su padre había sostenido distintas fachadas ante su familia y sus víctimas.
Keith Hunter Jesperson cumple múltiples condenas a prisión perpetua en la Penitenciaría Estatal de Oregón, en Salem, donde permanece recluido desde los años 90. Las autoridades continúan revisando casos sin resolver y utilizando pruebas genéticas para identificar a posibles víctimas.
En agosto de 2026, la Fiscalía del Condado de Riverside confirmó que la mujer a la que Jesperson llamaba “Claudia” era Lydia Jane Wade McWhorter, de 26 años, una identificación lograda más de tres décadas después de que sus restos fueran hallados en California, según A&E.
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