El jurado tardó menos de cuatro horas en deliberar. Después de nueve meses de proceso y 150 testigos, los 12 miembros declararon a O.J. Simpson no culpable del doble asesinato el 3 de octubre de 1995. Para entender ese veredicto, hay que retroceder al 17 de junio de 1994, el día en que 95 millones de personas dejaron lo que estaban haciendo para mirar la televisión.
Lo que vieron fue una Ford Bronco blanca circulando a baja velocidad por las autopistas de Los Ángeles, California, Estados Unidos, con una veintena de patrulleros detrás y helicópteros encima.
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Todo comenzó en la noche del domingo 12 de junio de 1994. La policía llegó al condominio del barrio de Brentwood, en Los Ángeles, después de que vecinos siguieran al perro de Nicole Brown Simpson —un akita blanco que deambulaba solo con las patas ensangrentadas— hasta la entrada de la propiedad.
La noche del crimen
Ahí encontraron los cuerpos de Nicole y de su amigo Ron Goldman. Los habían apuñalado y degollado. Adentro de la vivienda dormían los dos hijos de Nicole y de su exmarido, el afamado jugador de fútbol americano Orenthal James Simpson: una nena de nueve años y un nene de seis.
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Goldman había ido esa noche a devolver unos anteojos que la madre de Nicole había olvidado en el restaurante Mezzaluna, donde él trabajaba como mozo. Nicole había cenado ahí horas antes, junto a familiares y amigos, después del recital de danza de su hija. Simpson estaba en Chicago cuando se descubrieron los cadáveres. Voló de regreso a Los Ángeles al día siguiente.

Antes de que Simpson regresara, los detectives que fueron a notificarle la muerte de Nicole encontraron algo en su mansión de la calle Rockingham: su camioneta Ford Bronco estacionada en un ángulo extraño, con manchas de sangre en la puerta. Eso les dio motivo para solicitar una orden de allanamiento.
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Dentro de la propiedad hallaron más rastros de sangre: en el camino de entrada y en el interior del vehículo. El detective Mark Fuhrman encontró además un guante de cuero ensangrentado detrás de una de las casas de huéspedes. El guante parecía ser el par del que se había hallado junto al cuerpo de Goldman en la escena del crimen.
Las pruebas de ADN tardaron días en procesarse. El 17 de junio de 1994, hace 32 años, llegaron los resultados finales y los detectives recomendaron imputar a Simpson por dos cargos de asesinato en primer grado con la circunstancia agravante de homicidio múltiple.
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La cronología de la persecución
A las 08:30 de esa mañana, el Departamento de Policía de Los Ángeles notificó al abogado defensor Robert Shapiro que su cliente debía entregarse ese mismo día.
Simpson había pasado la noche del 16 al 17 de junio en la casa de su amigo Robert Kardashian, en el Valle de San Fernando. Shapiro llegó a las 09:30 con la noticia: la entrega debía producirse antes de las 11:00, una hora después de que se formalizaran los cargos.
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Simpson dijo que estaba dispuesto a entregarse. La policía, convencida de que alguien de su perfil no intentaría fugarse, accedió a postergar la hora de entrega hasta el mediodía para que pudiera ver a un especialista en salud mental. En los días previos había mostrado señales de depresión: había actualizado su testamento, llamado a su madre y a sus hijos, y redactado tres cartas selladas. A las 11, más de 1.000 periodistas esperaban en la sede central de la policía. Simpson no apareció.

Lo que nadie sabía en ese momento era que Simpson ya estaba en movimiento. Él y Cowlings, excompañero suyo en la universidad y en la NFL, habían subido a la Bronco y circulaban por la Interestatal 405.
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A la 13:50, el comandante Dave Gascon, vocero del Departamento de Policía de Los Ángeles, declaró ante las cámaras. “El señor Simpson es un fugitivo de la justicia en este momento”, dijo. La policía emitió también una orden de arresto contra Al Cowlings por encubrimiento.
A las 17, Kardashian se paró ante un micrófono en la conferencia de prensa y leyó la carta que Simpson le había dejado. La dirigía “a quien corresponda” y arrancaba con una negación: “Primero, que todos entiendan que no tuve nada que ver con el asesinato de Nicole”.
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La carta de O.J.
Hacia el final, la carta decía: “No puedo seguir. Pase lo que pase, la gente me señalará. No puedo soportar eso”. Y cerraba: “No sientan lástima por mí. He tenido una gran vida, grandes amigos. Piensen en el verdadero O.J. y no en esta persona perdida”.

Shapiro confirmó a los periodistas que tanto él como los psiquiatras de Simpson interpretaban la carta como una nota de suicidio. La madre de Simpson se descompensó al escucharla.
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El 17 de junio de 1994, O.J. Simpson no se entregó a la policía de Los Ángeles pese a haber acordado hacerlo. En cambio, subió a una Ford Bronco blanca conducida por su amigo Al Cowlings y circuló por las autopistas del sur de California durante casi dos horas, con una pistola apuntándose a la cabeza, mientras 95 millones de personas lo miraban en vivo por televisión.
A las 17:51, Simpson llamó al 911 desde un celular. La llamada fue rastreada hasta la autopista Santa Ana, cerca de Lake Forest. A las 18:20, un automovilista en el condado de Orange avisó a la Patrulla de Caminos de California que había visto a alguien parecido a Simpson en la Interestatal 5, con dirección norte.

A las 18:45, la agente Ruth Dixon divisó la Bronco en la autopista 405 y aceleró para alcanzarla. Cowlings le gritó desde la ventanilla que Simpson iba en el asiento trasero con un arma apuntándose a la cabeza. La agente frenó, pero siguió al vehículo a 55 kilómetros por hora. Detrás de ella se fueron sumando hasta 20 patrulleros.
La persecución que vio todo el mundo
Todos los canales interrumpieron su programación. La NBC cortó la transmisión del quinto partido de las finales de la NBA entre los New York Knicks y los Houston Rockets para cubrir la persecución en directo. Veintidós helicópteros de medios de comunicación sobrevolaban las autopistas.
Miles de personas salieron a los costados de las rutas a ver pasar la Bronco. Muchas alentaban. Según informó LiveNow FOX, Domino’s Pizza registró ese día su jornada de mayor venta hasta entonces: tantos televidentes miraban la persecución que no querían alejarse del televisor para cocinar.

La periodista de la agencia AP, Linda Deutsch, que cubrió el juicio posterior, describió la escena ante la BBC: “Fue algo espectacular. Nunca había sucedido nada similar. Ahora estamos acostumbrados a ver persecuciones policiales en televisión, pero cuando retransmitieron la huida de O.J. Simpson el público no había visto nada parecido”.
A las 20, la Bronco entró a la mansión de Simpson en Brentwood. Lo esperaban 27 efectivos del grupo SWAT. El hijo de Simpson, Jason, salió corriendo de la casa.
El vehículo no se detuvo de inmediato. Simpson permaneció adentro durante casi 45 minutos. Pidió hablar con su madre por teléfono. Le trajeron un vaso de jugo. Llegó Shapiro. A las 20:50, Simpson bajó de la Bronco, entró a la casa y finalmente se entregó.

Dentro del vehículo, la policía encontró 8.000 dólares en efectivo, un revólver cargado calibre .357 Magnum, su pasaporte y un kit de disfraz con bigote y barba postizos. También había un cambio de ropa y fotografías de su familia.
Lo trasladaron al Centro Parker, donde quedó detenido sin derecho a fianza y bajo vigilancia por riesgo de suicidio. Cowlings fue arrestado por encubrimiento y quedó en libertad bajo una fianza de 250.000 dólares. Los cargos en su contra fueron desestimados más tarde por falta de pruebas.
El juicio al ídolo deportivo
El proceso comenzó el 24 de enero de 1995 ante el juez Lance Ito. La fiscalía, encabezada por Marcia Clark y Christopher Darden, presentó más de 108 pruebas de ADN —sangre, cabellos y fibras— que según Clark trazaban “un rastro de sangre desde la escena del crimen en Bundy hasta la Bronco de Simpson y su dormitorio en Rockingham”.

La defensa reunió un equipo de abogados de alto perfil con Johnnie Cochran a la cabeza. Su estrategia se centró en atacar la cadena de custodia de las pruebas y en cuestionar al detective Fuhrman. Durante el juicio surgieron grabaciones en las que Fuhrman usaba insultos raciales en más de 40 ocasiones, pese a haber jurado ante el tribunal que no los había usado en la última década. En 1996 fue condenado por perjurio.
Un momento recordado del juicio tuvo lugar el 15 de junio de 1995, cuando Darden le pidió a Simpson que se probara los guantes ante el jurado. Simpson pareció no poder ponérselos. Cochran remató en su alegato final con una frase que quedó grabada en la memoria de los que siguieron el juicio con enorme curiosidad: “Si no le calza, hay que absolverlo”.
El jurado se retiró a deliberar el 2 de octubre de 1995. Al día siguiente, el juez Ito leyó el veredicto: no culpable en los dos cargos de asesinato. Cerca de 145 millones de personas lo vieron en directo. La nota de suicidio, los objetos hallados en la Bronco y la persecución misma nunca fueron presentados como pruebas en el juicio criminal.
En 1997, un jurado civil encontró a Simpson responsable por las muertes de Brown y Goldman de forma unánime. Las familias recibieron una indemnización total de 33,5 millones de dólares. Atrás quedaron aquellas inolvidables escenas de la persecución de la que pasaron más de tres décadas.
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