
Alexandre Exquemelin llegó al Caribe en 1666 como barbero y cirujano y terminó convertido en el cronista de la vida de los bucaneros del siglo XVII. Participó en campañas de Henry Morgan contra Portobello, Maracaibo, Gibraltar y Ciudad de Panamá, y luego volcó esa experiencia en Piratas de la América, publicado primero en holandés en 1678.
Ese rumbo cambió en 1666. Los cirujanos y barberos tenían un lugar importante en los barcos que cruzaban el Atlántico, y Exquemelin embarcó hacia América al servicio de la Compañía Francesa de las Indias Occidentales.
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Allí trabajó como barbero y cirujano en un navío esclavista. National Geographic detalló que aquella experiencia resultó insuficiente para sus aspiraciones, y ese mismo año abandonó ese circuito para dirigirse a la parte occidental de La Española, en el actual Haití.

En esa zona vivían los bucaneros, cazadores de reses salvajes que también atacaban el comercio español. Para Exquemelin, el cambio fue total. Pasó de ser un aprendiz de médico en Europa a convertirse en una pieza útil dentro de una comunidad armada que necesitaba curar heridas, detectar enfermedades y amputar miembros destrozados en combate.
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En esos barcos, el médico y el barbero solían ser la misma persona, y ese doble oficio le dio un lugar entre los hombres del Caribe.
No existe una fecha exacta para su primer contacto con Henry Morgan, aunque las fuentes lo sitúan junto a él en 1668, durante el asalto a Portobello. Esa campaña abrió la etapa central de su vida y también la materia prima de su obra posterior. Exquemelin observó desde dentro una estructura armada sostenida por la disciplina, el reparto del botín y una violencia que alcanzaba tanto a enemigos como a la propia tripulación.
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Lo que contó sobre la tripulación de Morgan

Entre los datos más citados de su relato figura el sistema de compensaciones para los heridos. Exquemelin consignó que en la tripulación de Morgan la pérdida de las dos piernas se compensaba con 1.500 pesos o 15 esclavos.
Ese registro muestra la lógica con la que aquellos grupos valoraban el cuerpo humano. Las mutilaciones formaban parte de una contabilidad precisa, donde el dolor y la supervivencia se traducían en dinero o en personas esclavizadas.
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Su testimonio también recogió un episodio del ataque a Portobello. Según describió el propio Exquemelin y recordó National Geographic, Morgan utilizó a curas, monjas y niños como escudos humanos para presionar a los defensores del castillo. Tras la rendición, la ciudad quedó expuesta al saqueo. Años después, escenas como esa explicarían el escándalo que provocó su libro entre lectores europeos y entre antiguos protagonistas de esas expediciones.
La vida del cirujano siguió ligada a Morgan en nuevas campañas. Sirvió durante los saqueos de Maracaibo y Gibraltar, en la actual Venezuela, y presenció la ofensiva contra Ciudad de Panamá en 1670, uno de los puertos más codiciados del imperio español por su vínculo con la plata del Virreinato del Perú. Ese ataque consolidó la fama de Morgan y marcó un punto de quiebre para Exquemelin.
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Del Caribe al manuscrito que escandalizó a Europa

Mientras el rey Carlos II de Inglaterra nombró caballero a Morgan, Exquemelin decidió alejarse de esa vida después de cerca de 10 años en el Caribe. Regresó a Europa, retomó sus estudios en Ámsterdam y transformó su experiencia en un manuscrito. De acuerdo con National Geographic, la obra apareció primero en holandés en 1678 y luego circuló en español con el título Piratas de la América en 1681.
El libro ofreció una mirada poco habitual para su tiempo: la vida de los piratas narrada por alguien que había compartido cubierta con ellos. Sus páginas describieron ataques, enfermedades, castigos, reglas de reparto y formas de convivencia dentro de las tripulaciones.
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La recepción fue inmediata y también conflictiva. Henry Morgan intentó frenar la publicación en Inglaterra y buscó reparar su imagen ante lo que consideraba acusaciones graves. Pese a eso, la obra fue traducida al inglés, al francés y al alemán.
Piratas de la América se convirtió en el libro de piratas más vendido del siglo XVII. Esa difusión instaló a Exquemelin como uno de los testigos de la piratería atlántica. Su historia personal quedó atravesada por dos mundos: el de la medicina y el de la violencia naval. De esa combinación surgió el relato que fijó para Europa una imagen duradera de los bucaneros del mar Caribe.
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