
Duró apenas un minuto. Tal vez, incluso, menos. Pero esos segundos escurridizos alcanzaron para que los fotógrafos inmortalizaran el único encuentro entre Martin Luther King Jr. y Malcolm X, los dos grandes líderes de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos. Fue el 26 de marzo de 1964 en un hall del Capitolio, en Washington D. C.
Los dos estaban allí porque en el Senado se debatía la Ley de Derechos Civiles, que era la gran causa de cada uno de esos líderes. La legislación abría un escenario de mayor igualdad y menos segregación hacia la población afroamericana. Pero no era un día fácil en el recinto.
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Los segregacionistas del sur estadounidense apostaron a una jornada plagada de filibusteros que daban discursos maratónicos o discutían tecnicismos para “embarrar la cancha”. A esa estrategia se sumaba la presencia de los “Dixiecrats”, una escisión del Partido Demócrata que desde hacía décadas bregaba por la supremacía blanca.
A ese Capitolio fueron, cada uno por su lado, Malcolm X y Martin Luther King: los dos sabían que su presencia allí le daba potencia a la lucha por los derechos civiles que debatían los senadores.
Dos historias, dos ideologías
Luther King Jr. había nacido en Georgia, en una familia de clase media. Se había formado en Teología y apostaba a una desobediencia civil que no se rozara con la violencia. Se inspiraba en Gandhi y creía que el método más eficaz para conseguir una mayor igualdad era apelar a la conciencia moral de los estadounidenses y conmoverlos.
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Malcolm X, en cambio, era el hijo de un hombre asesinado por supremacistas blancos. Había crecido en la pobreza extrema y representaba el nacionalismo y el orgullo afroamericano. Para él, la conquista de la igualdad debía conseguirse “por el medio que sea necesario”.
Defendía el derecho a la autodefensa ante la agresión y llegó a asegurar que Luther King Jr. era el “Tío Tom del siglo XX”: se trataba de una alusión peyorativa al protagonista de una novela decimonónica en la que los esclavos afroamericanos eran demasiado sumisos respecto de los blancos. Para Malcolm X, Martin Luther King Jr. era excesivamente complaciente con la estructura establecida de poder.
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El Capitolio como escenario
Ese 26 de marzo, Martin Luther King Jr. estaba en el Capitolio para ejercer presión hasta último momento para que saliera la ley más igualitaria posible. Se reunió con el senador Hubert Humphrey para impulsar ese objetivo. A la vez, Malcolm X estaba en el Parlamento para presenciar el debate y, con esa presencia, ejercer presión también.
Malcolm X acaba de romper su relación con la Nación del Islam (NOI), una organización religiosa y sociopolítica afroestadounidense que había nacido en 1930 en Detroit. La organización combinaba creencias del islam con una fuerte postura de nacionalismo afroamericano.
Esa ruptura implicó que los líderes de NOI amenazaran al hermano de Malcolm X para que lo denunciara públicamente, algo que ocurrió apenas un día después del debate en el Capitolio. Malcolm quería establecerse como un líder afroamericano independiente de esa organización, a la que empezó a considerar demasiado extrema.
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Fue en ese contexto que cada uno de los líderes se sentó en la galería de visitantes del Capitolio para escuchar el debate entre los senadores. Cada uno de ellos estaba flanqueado por sus colaboradores más cercanos.
Martin Luther King Jr. brindó una conferencia de prensa en la que advirtió que si la ley no se aprobaba, sería difícil garantizar la no violencia en las calles. Al mismo tiempo, Malcolm X ofrecía sus declaraciones a un grupo de periodistas: aseguró que cualquier retroceso respecto de lo planteado en el proyecto de ley era “una estafa” y empezó a caminar hacia la salida del edificio gubernamental.
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Un instante imborrable
James 67X, uno de los asistentes de Malcolm, fue quien vio que Luther King también se acercaba a la salida del Capitolio. Guió a Malcolm en esa dirección sin avisar para qué, y de repente ambos líderes quedaron frente a frente. Se sorprendieron y Martin Luther King Jr. fue el primero en extender la mano para saludar: “Malcolm, me alegra verte”, dijo. La respuesta fue inmediata: una sonrisa enorme y una caminata juntos por un gran pasillo, con los flashes de los fotógrafos estallando a su alrededor.
Malcolm le dijo a King que se estaba “lanzando al corazón de la causa de los derechos civiles”, se inclinó hacia el oído del ministro pastoral y le dijo: “Ahora te van a investigar”. Los dos se rieron, caminaron algunos metros más a la par y cada uno se fue con su equipo de colaboradores. Nunca más volverían a verse.
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Líderes y mártires
Aunque habían sido distantes, y sobre todo Malcolm había sido muy crítico de los métodos de Luther King, empezaron a acercarse. Algunas semanas después del encuentro en el Capitolio, Malcolm X viajó a La Meca y empezó a moderar su postura radicalizada, apostando por una posible “revolución sin sangre”. Lo asesinaron en febrero de 1965.

El asesinato de Malcolm X radicalizó la postura de King, que le escribió a Betty Shabazz, la viuda del activista, que aunque no habían coincidido en los métodos, siempre había sentido “un profundo respeto por su gran capacidad para poner el dedo en la raíz del problema”. King Jr. se centró cada vez más en una lucha por la igualdad civil y económica y en la oposición a la guerra de Vietnam. A Martin Luther King lo asesinaron en 1968.
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Cada uno de los líderes de la lucha por los derechos civiles tenía 39 años cuando terminaron con sus vidas. Habían querido cambiar el mundo y habían logrado dar varios pasos en esa dirección. Se habían visto apenas una vez, apenas por unos instantes, pero la foto había recorrido el mundo como un mensaje de unión contundente contra la segregación racial.
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