El emotivo relato de un excombatiente que fue a Malvinas con su perro: “El vínculo es eterno; me debe haber estado esperando”

José Cruz tenía 21 años cuando fue enviado a las islas como parte de la sección Perros de Guerra. Décadas después, reconstruye su experiencia atravesada por el hambre, el frío y un vínculo inseparable que marcó su vida dentro y fuera del conflicto

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"Está vivo, llega mañana“. Esas fueron las palabras pronunciadas por Rubén Cruz a su esposa, garantizándole que su hijo volvería de la guerra. José Cruz tenía 21 años cuando fue convocado al servicio militar. El 2 de abril de 1982 fue a las Islas Malvinas junto a los integrantes de la sección Perros de Guerra. Su vida y la de su familia cambiaron desde que recibió la noticia de que debía marchar al sur, un mandato inevitable en la Argentina de aquel entonces.

“Cuando llegué a Malvinas ese año, el 2 de abril fue un día viernes. Pasó sábado, domingo, lunes y, el martes a la tarde, se dio un indicativo de que tenían que seleccionarse 18 perros que iban a ir al sur y precisamente a Malvinas. Mi perro, como era uno de los que estaba dentro del segmento de los mejores preparados, fue convocado", indicó Cruz en Infobae en Vivo Al Mediodía.

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Continuamente, el excombatiente recordó: “A mí me dieron la oportunidad y a muchos, con el transcurso de los años, cuando nos encontramos con los veteranos, nos preguntábamos si te dieron la oportunidad de elegir, de ir. Y en mi caso personal eso sucedió. Estábamos todos alistados, todo preparado y se preguntó: ‘¿Hay alguno que no quiere ir?’”.

José Cruz no dudó. Si bien esa experiencia le dejó grandes secuelas emocionales, hoy Malvinas forma parte de su identidad. “Tardé 28 años en ponerme de pie para empezar a hablar de Malvinas. Hay cosas que las hicimos por amor, por convicción. Y también por una cierta inocencia en cuanto a que vos cumplís órdenes y el servicio militar te prepara para ejecutar, sin dudar".

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Los perros de guerra

Al explicar la función de los perros en la guerra, Cruz fue claro: “Desde la antigüedad los perros han acompañado, no tan solo en tiempo de paz, sino también en tiempos de guerra. Todos los regimientos, e inclusive los ingleses, nos respetaron porque ellos no mandaron a Malvinas regimientos con perros. Ojalá no haya más guerra para que no vayan ni los hombres ni los animales. Pero lo que aprendí es todo lo que esos seres de cuatro patas nos pueden enseñar", reflexionó.

Los días transcurrieron en Malvinas con frío y hambre, tanto para los soldados como para los perros. “Hasta el 1° de mayo, que empieza la guerra, había cierto abastecimiento porque todavía no había empezado el conflicto pleno. Y nuestros perros comían carne congelada. Cuando salía el sol se descongelaba, era carne cruda. Si no salía el sol, no tenían carne", contó.

El veterano José Cruz rememora su experiencia en Malvinas junto a su perro de guerra, un lazo que marcó su vida con dolor y orgullo (La 17)
El veterano José Cruz rememora su experiencia en Malvinas junto a su perro de guerra, un lazo que marcó su vida con dolor y orgullo (La 17)

Emotivo, rememoró: “Sufrieron ellos, sufrimos nosotros, pero cuando se nos acabó la carne para nuestros animales, la ración que me daban a mí, la mitad era para mi perra". Y agregó: “Cuando contás esto, que es doloroso, lo convertimos en hidalguía, sacrificio, entrega. Eso es lo que quisimos contar desde el primer momento. Perdimos, pero lo dejamos todo, lo entregamos todo siendo jóvenes”.

El vínculo era tan fuerte que dormía con la cabeza apoyada en su perro. De los perros de la camada, dos murieron en combate: “Estoy trabajando duramente para que sean nombrados héroes, que no lo fueron. Son soldados de cuatro patas”.

Respecto a su perro, compartió: “Volvió en ese repliegue. Fue el último en morir de la camada. El vínculo es eterno. Mi perro me debe haber estado esperando. Yo no estuve sano. Él tenía que haber vuelto a casa, a un hogar, y no morir en un batallón. Es el único que tiene tumba y está enterrado. Hagan de cuenta que están todos los perros acá, donde vamos a llorar y a darle las gracias y ponerle una flor. Malvinas es una mezcla de emociones tan grande que nos lleva de la alegría a las lágrimas”.

La experiencia en Malvinas y el regreso

El desembarco en las islas fue un impacto. “Sabíamos que íbamos hacia el sur. Al ser de la sección Perros de Guerra, fuimos embarcados. El martes eligieron los perros, el miércoles ya estábamos preparados para salir, cada uno con su perro, su mochila, su casco, su munición en el puerto”, contó.

El viaje duró tres días. Los soldados viajaron en buques, en el Mar Argentino. “Para mí, que soy de San Miguel de Tucumán, llegar hasta lo más lejano que podía imaginar era como un sueño. Las islas son hermosas, las casas, los paisajes, todo. Pero el clima fue muy marcado”, recordó.

En cuanto a las emociones del momento, precisó: “Al bajar ya veíamos a nuestros hombres enmascarados, municiones, helicópteros, el ruido del helicóptero, el corazón se agitaba. Y ahí pensé: ‘Esto va en serio. Ojalá no, pero hay que seguir’”.

El primer patrullaje en Puerto Argentino dejó una marca en Cruz. “En tiempo de paz era cuiden este barrio de los oficiales. Acá decían: ‘Pueden venir por el mar y los pueden degollar. Tiren. A matar’. Tenías que asimilarlo. En mi caso, mi familia había adoptado la religión de los mormones. Mucha paz, armonía, familia. Acá fue mi primer conflicto: tenía que matar. Y uno de los mandamientos era no matar. Sufrí bastante hasta que tomé la decisión de que iba a hacer lo que debía. Quería cumplir con lo que tenía que cumplir,” compartió el veterano.

El regreso a casa

Casi como si fuera hoy, José Cruz compartió, íntimo, el momento en que su padre, con quien no había logrado tener gran comunicación durante la guerra, se enteró que regresaba a casa. “Papá en ese momento trabajaba en el correo, era telegrafista. Son esas máquinas con las que se hacían los telegramas", contó.

En ese momento, decidió dirigirse hacia el correo de Punta Alta. “Mi tren salía a las seis de la tarde. A las cuatro golpeé la puerta al correo. Les dije: ‘Perdón, necesitaría hablar con alguien que sea telegrafista’. Les pedí comunicarme con mi papá, que trabajaba en la sucursal 28 de Cabildo", precisó.

José Cruz compartió su vínculo eterno con su perro, el único de la camada con tumba, homenajeando a los 'soldados de cuatro patas' (Billiken)
José Cruz compartió su vínculo eterno con su perro, el único de la camada con tumba, homenajeando a los 'soldados de cuatro patas' (Billiken)

Y continuó: “Un hombre amablemente me dijo: ‘Dale, vení, sentate’. Entendió de qué se trataba. Le dije el nombre de mi papá, Rubén Cruz. Empezó a buscarlo. Y de allá respondió: ‘Adelante, colega, habla Rubén Cruz’. El corazón me quería salir por la boca. El hombre le dijo: ‘No sabés el honor que tengo. Está tu hijo acá a mi lado, que acaba de volver de Malvinas’“.

Con lágrimas en los ojos, el excombatiente detalló: “Mi papá respondió: ‘Gracias a Dios, lo voy a estar esperando mañana’. Así fue como, como no teníamos teléfono, papá cumplió todo su turno y cuando llegó, le dijo a mi mamá: ‘Está vivo, llega mañana’”.

“Puse bombas en mi casa”

Durante la guerra, era común que los soldados recibieran cartas de argentinos de diversas partes del mundo, quienes les daban ánimos para continuar adelante y les hacian saber el orgullo que tenían de saber que existían héroes defendiendo su tierra, su patria.

“Solo respondí una carta de Malvinas y esa jovencita tenía 16 años. Cuando volví, la conocí, se convirtió en la madre de mis hijas", detalló el excombatiente. Pero, las secuelas emocionales se manifestaron con fuerza tras el regreso.

"Volví roto, vacío. No estuve a la altura de ella y puse literalmente las bombas en mi casa. Llegó el divorcio. Ella se cansó, no resistió y yo no estaba entero. Tardé 28 años en ponerme bajo tratamiento, hacer terapia, reconstruirme y empezar a sentir que la vida tiene otro propósito”.

Reconstruir los vínculos fue otro desafío: “Soy un papá que puso las bombas en un hogar, destruyó el hogar, hubo muchas consecuencias y tuve que enfrentar y decirle a la mamá de mis hijas mil veces perdón. Y a mis hijas: ‘Hijas, estuve roto’. No obstante, me reconstruí. Y hoy puedo decir que estamos en paz y armonía, por un proceso trabajado. Hace poco más de un año me casé de nuevo”.

De sus hijos, cuatro sobreviven. Uno falleció poco después de nacer. “Me enojé de vuelta con Dios, pues dije: ‘¿Otra vez a mí?’”, admitió. El legado de Malvinas también atravesó a sus hijas: “Los hijos de veteranos tienen condimentos difíciles de comprender. Crecieron con un papá y una mamá a quienes Malvinas unió, y luego el dolor provocó una ruptura. Vivieron idilio, tristeza, angustia, vergüenza y rabia. Cuando canto el himno, jamás dejan de pararse. Crecieron con esas consignas", explicó.

Los símbolos después de la guerra

La historia de la bandera tiene lugar central en la vida del veterano: “El 14 de junio fue el día de la máxima resistencia, un lunes. Llegó una orden: cinco soldados de la agrupación Perros de Guerra van a ir a una colina y la función era que con nuestros perros permaneciéramos despiertos y vigilando nuestras ametralladoras. Al empezar el repliegue, el lunes a la mañana, perdimos dos perros”.

Cruz narró: “Estando prisioneros, metí la mano en una mochila y encontré esta belleza”, dijo mostrando una bandera. “La olí, tiene un olor particular. La abrí. Había estado flameando. Está rota, sucia y le faltan pedazos. Como cada uno de nosotros que nunca más volvimos a ser iguales. Pero al encontrarla, vinieron las enseñanzas: una bandera no se abandona, siempre hay un responsable de cuidarla, arriarla, izarla y jamás debe quedar en manos del enemigo”, dijo con convicción.

El testimonio de José Cruz contiene un mensaje dirigido a las nuevas generaciones. “Reconstruirse de una gran miseria es posible. Es el mensaje que le llevamos a los chicos que ahora están pasando hambre, frío, o que sufrieron abuso. Mi guerra ya no sirve para contar qué me pasó a mí. Voy a decirles que se puede salir de la trinchera y enfrentar la vida”.

Hoy, Cruz lleva su historia y su bandera a las aulas. Insiste en que la mejor manera de transmitir lo aprendido es desde la educación y los valores. La memoria y la promesa siguen vigentes cada 2 de abril: “Todos hemos sufrido batallas, hemos sentido soledad, miedo, hambre, frío. Pero nosotros fuimos allá a Malvinas y eso lo hace de una manera particular. Hoy estamos de pie para alentarlos a todos. Que el 2 de abril sea una celebración, más allá de lo que venga después”, concluyó.

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