
Ella estuvo acostumbrada a las luces de los sets de filmación. Actuó, por si alguien desprevenido no lo sabe, en la película Vértigo de Alfred Hitchcock y ese fue su papel consagratorio entre muchos otros. Nació el 13 de febrero de 1933 en Chicago, Illinois, Estados Unidos. Hace más de medio siglo se alejó del mundo del espectáculo y a los 93 años pinta. Y lo hace por una razón absolutamente personal: encuentra consuelo en el arte.
La vida de Kim Novak ha estado marcada por una búsqueda constante de independencia y autenticidad. La actriz no quiso ceder ante las expectativas ajenas, tanto en su carrera como en su vida personal. Ella misma recuerda ese impulso: “Rechacé una carrera exitosa y lucrativa para definir quién era y qué quería dar y recibir de la vida”. A pesar de haber sido una estrella de Hollywood en la década de 1960 decidió alejarse del mundo del espectáculo.

Su infancia en Chicago estuvo signada por la rigidez y la precariedad. Hija de padres checos, Novak creció en un barrio difícil, bajo la vigilancia estricta de su madre: “Mi madre me mantenía alejada de los riesgos, incluso limitando mi apariencia para no llamar la atención”. La discriminación y el acoso escolar fueron frecuentes en su niñez: “Solían tirarme al suelo, enterrarme en la nieve y lanzarme pasteles podridos”.
Novak también padeció un episodio de abuso sexual en su adolescencia, un hecho que nunca compartió con sus padres. Ella atribuye su trastorno bipolar a un componente hereditario, pero reconoce la influencia de esa experiencia traumática: “Lo heredé de mi padre, pero la violación debió sumarse a ello”. El silencio acompañó su vida durante años, tanto respecto al acoso como al abuso.

Pese a los obstáculos, Novak consiguió dos becas para estudiar bellas artes. Su madre, buscando vencer su timidez, la inscribió en un club juvenil donde fue impulsada a iniciarse como modelo. Novak narra: “Trabajando como modelo durante la universidad, viajé a Hollywood en vacaciones de verano, donde un agente me descubrió y firmé con Columbia Pictures”. Así comenzó una carrera inesperada, signada por la casualidad y acompañada por su talento.
La relación con el productor Harry Cohn en Columbia Pictures estuvo cargada de tensión. Nacida como Marilyn Pauline Novak Cohn intentó que se pusiera un nombre artístico y la presionó con comentarios peyorativos: “El productor intentó cambiar mi nombre artístico a Kit Marlow, pero solo accedí a modificarlo por Kim”, recuerda la actriz. El trato de Cohn se basaba en la provocación constante.

Uno de los episodios más tensos de esa época fue el rumor sobre una posible relación entre Novak y Sammy Davis Jr. Cohn consideraba inaceptable que una de sus estrellas se vinculara con un hombre negro y llegó a amenazar a Davis. Novak, aunque sentía afecto por él, aclara: “No estaba enamorada de él. Siempre fue tan vulnerable, y uno quiere andar con cuidado con alguien así”.
El salto de Novak al estrellato fue inesperado. Como ella misma relata: “Nunca soñé con ser actriz ni estrella de cine. De joven, gané dos becas para el prestigioso Instituto de Arte de Chicago, donde esperaba convertirme algún día en una gran artista. Trabajando como modelo durante la universidad, viajé a Hollywood en vacaciones de verano, donde un agente me descubrió y firmé con Columbia Pictures”. Su primer papel en el cine llegó a los 21 años, junto a Fred McMurray en Pushover. Un año después, su rol en Picnic le dio la categoría de figura relevante en la industria.

La cúspide de su carrera llegó con el clásico de Alfred Hitchcock, Vértigo, que narra la obsesión de un hombre por un amor inalcanzable, una mujer inexistente. La propia Novak reconoce la importancia de ese filme: “Mi película más famosa fue Vértigo, de Hitchcock, considerada por muchos la mejor película de la historia. ‘Picnic’ y ‘La campana, el libro y la vela’ fueron dos de mis favoritas”. Ese trabajo la acercó a las inquietudes sobre la identidad y las proyecciones ajenas, un tema recurrente en su vida, tanto fuera como dentro de la pantalla.
El trabajo con Hitchcock la expuso a una lógica particular del cine. Novak recuerda cómo el director privilegiaba el misterio sobre la coherencia narrativa: “Mi querida, no todo tiene que tener sentido en un misterio”, le respondió él ante sus dudas sobre ciertas escenas. Aunque la crítica fue severa en su momento, la actriz sostiene que su actuación era intuitiva y que con el tiempo se valorizó su performance en Vértigo: “Es muy gratificante saber que mi trabajo cinematográfico recibe cada vez más reconocimiento con el paso del tiempo”.

La experiencia junto a James Stewart, la otras estrella que protagonizó Vértigo fue diferente. Novak destaca la autenticidad del actor: “Vivía en medio de toda esa vanidad y nunca se dejó contaminar”. Mientras muchos colegas se dejaban seducir por el glamour, Stewart prefería la sencillez, algo que Novak apreciaba especialmente.
En otros filmes, como “Pal Joey” y Kiss Me, Stupid, Novak: “Notaba una disonancia entre el tono estridente de las producciones y mi propio estilo interpretativo, más contenido y empático”.

A pesar del éxito, Novak decidió alejarse de Hollywood en la cima de su carrera. Ella misma explica los motivos: “En la cima de mi carrera cinematográfica, decidí alejarme de Hollywood, pues no quería caer en los trágicos finales que suelen surgir cuando las estrellas y los sex symbols se pierden en una crisis de identidad”. Buscó una vida en armonía con la naturaleza, en la costa de Big Sur, combinando la pintura y la poesía: “Recuerdo la alegría que sentí cuando uno de mis poemas se convirtió en canción y fue grabado por el Kingston Trio y Harry Belafonte”.
Aunque nunca recibió un Oscar, Novak ha sido reconocida con un Globo de Oro, el León de Oro a la trayectoria y el Premio Eastman Kodak Archives, una distinción que la coloca junto a figuras como Greta Garbo, Jimmy Stewart, Audrey Hepburn, Martin Scorsese y Meryl Streep.

Novak se casó dos veces, primero con un actor shakespeariano y luego con el veterinario Robert Malloy, a quien describe como su alma gemela.
Pinta, lo ha dicho, para, entre otras cosas, enfrentar el duelo por la muerte de su esposo, Bob Malloy, con quien estuvo desde 1976 hasta el fallecimiento en 2020. Novak ha dedicado pinturas en memoria de Malloy, eligiendo retratarlo para no perder el contacto con su presencia. Ella misma lo expresa: “Desde que Bob se fue, le he hecho un retrato para poder comunicarme con él”.

La pintura se convirtió en refugio y pasión. Novak afirma: “Mi primer sueño nunca ha cambiado. Me siento muy agradecida por la perspectiva que adquirí al experimentar el arte de la fantasía en Hollywood y luego retomar mi primer objetivo: perfeccionar mi talento y plasmar mis sentimientos”. La artista se volcó de lleno al aprendizaje: “He tenido la particular bendición de recibir la sabiduría y la influencia de mis dos grandes e irremplazables mentores, Harley Brown y Richard McKinley”.
Sobre su vida de los últimos años ha dicho que: “Ahora vivimos y nos amamos con nuestros perros y caballos en el sur de Oregón. Cuando no estoy cabalgando por las colinas y valles, me dedico a pintarlas”.

La naturaleza es una fuente inagotable de inspiración. Novak siente que los paisajes y los animales la conectan con su imaginación y su capacidad de asombro: “He vivido una vida larga y plena, y las maravillas de la naturaleza han permitido que mis ojos conserven su inocencia para experimentar cosas por primera vez”.
La artista destaca la importancia de mantenerse fiel a los sueños iniciales: “Mis únicos límites son los de mi imaginación. Espero siempre poder expandir mi mente mientras ejercito mi cuerpo para seguir cultivando mis sueños y expresando mis fantasías”.
A pesar de los reconocimientos recibido, Novak prefiere medir su éxito a través del impacto emocional de su arte: “Hay tanto de la vida que aún me conmueve profundamente, y si puedo conmover a alguien más en el camino, a mi manera, ¡no puedo imaginar una mejor recompensa!”.
Kim Novak continúa explorando nuevas formas de expresión, guiada por la resiliencia y la fidelidad a su propio deseo. Su historia es la de una mujer que, ante la adversidad, eligió siempre el arte y la libertad como respuestas.
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