El fallecimiento de Bill Haley ocurrido el 9 de febrero de 1981 marcó el cierre de una etapa pionera en la música popular. El músico estadounidense que había cambiado la escena mundial con Rock Around the Clock (El rock alrededor del reloj) tuvo una vida marcada por la pasión musical, los excesos y las contradicciones.
El nacimiento de William John Clifton Haley, tal su nombre verdadero, tuvo lugar en Highland Park, Michigan, el 6 de julio de 1925. La música formó parte de su entorno desde el principio: su padre tocaba el banjo y su madre era pianista clásica. Cuando observaron que el niño intentaba construir una guitarra de cartón, decidieron regalarle una verdadera.
La mudanza de la familia a Pensilvania permitió que, a los 13 años, Haley comenzara a tocar en público, aunque apenas ganaba un dólar por noche. Dos años después, la determinación lo empujó a dejar su casa y lanzarse a la ruta con su guitarra. Tocó en conjuntos ajenos, colaboró con grupos de yodel (canto tirolés) y grabó discos con su propia banda, Bill Haley and The Four Aces of Western Swing.

Noches largas y alcohol
Durante la década de 1940, el joven músico se convirtió en animador de bailes y ferias rurales. Las noches interminables en bares y clubes forjaron su carácter, pero también sembraron un vínculo duradero con el alcohol. Su timidez y el hecho de haber quedado ciego de un ojo por una operación a la que fue sometido cuando niño, lo acomplejaban y acentuaron su tendencia a refugiarse en la bebida, fenómeno que se repetiría a lo largo de su vida.
El grupo de Haley experimentó varias transformaciones de nombre. Primero fueron The Saddlemen y, en 1952, adoptaron el nombre definitivo: Bill Haley and His Comets. A partir de entonces, el ascenso sería imparable.
En 1953 grabaron Crazy Man, Crazy, una pieza inspirada en el lenguaje juvenil que escuchaban en los bailes escolares. Esa canción logró ingresar en la lista Billboard Juke Box, convirtiéndose en la primera de rock and roll en hacerlo. Si bien sólo alcanzó el puesto quince, el movimiento ya había comenzado. Además, fue la primera canción de rock and roll en sonar en televisión, cuando fue escogida como banda sonora para un programa teatral en vivo protagonizado por James Dean.

El ascenso de Bill Haley
La explosión llegó con Rock Around the Clock, compuesta por Max C. Freedman y James E. Myers. Aunque el tema tuvo un éxito moderado en Estados Unidos al principio, arrasó en el Reino Unido, Alemania y Australia. El impacto fue tan grande que la revista Rolling Stone la incluyó entre las 500 mejores canciones de todos los tiempos y se convirtió en uno de los discos simples de vinilo más vendidos de la historia, con una estimación de 25 millones de copias.
En una entrevista concedida en 1955 a la revista NME, el propio Haley explicó la diferencia entre los estilos musicales: “Tiene que haber una música Cadillac y una música Ford. Tchaikovsky y Bach son música Cadillac, mientras que nosotros tocamos una música Ford, más terrenal. Suena con un ritmo sólido que no puede ser ignorado”.
La popularidad de la canción se disparó tras aparecer en la película Blackboard Jungle. El cine también abrió nuevas puertas: Columbia Pictures convocó a Haley y su banda para protagonizar los primeros filmes musicales dedicados al rock, entre ellos Rock Around the Clock (1956) y Don’t Knock The Rock.

En ese período, el grupo sumó otro éxito al repertorio con Shake, Rattle and Roll, un tema que antes había interpretado Big Joe Turner. La imagen de Haley luciendo el emblemático rulo en la frente y moviendo la guitarra con energía se volvió inolvidable para la juventud de la época.
El año 1957 marcó un hito: Bill Haley and His Comets se convirtieron en la primera banda de rock estadounidense en realizar una gira europea. El fenómeno fue inmediato. Muchos de los futuros protagonistas de la “invasión británica” de los años sesenta recordaron la influencia de aquellos conciertos.
Paul McCartney relató en una ocasión que el primer escalofrío musical que experimentó fue al ver a Haley y su banda en televisión. Decidido a no perdérselo, ahorró para comprar su entrada para verlo en vivo en un recital. “Sabía que allí estaba ocurriendo algo”, afirmó el ex Beatle. Graham Nash también compartió su recuerdo: “Conservé la entrada del recital de Bill Haley en Mánchester de febrero de 1957. Perdí casas, perdí esposas, pero ese ticket sigue en mi billetera”.

El éxito internacional contrastaba con la situación en Estados Unidos, donde la llegada de Elvis Presley o Little Richard renovó el panorama del rock y desplazó a Haley del centro de la escena. Sin embargo, en Europa y Sudamérica la popularidad del estadounidense se sostuvo por décadas, especialmente en Argentina (llegó a dar 25 conciertos) y México, donde actuó ante multitudes.
La agenda de Haley nunca se detuvo. Durante los años sesenta y setenta, continuó con giras constantes y presentaciones en televisión. Una de sus últimas actuaciones destacadas fue en 1979, cuando ofreció un recital especial para la reina Isabel II.
Los amores de Haley
La vida personal del músico fue tan agitada como su carrera. Contrajo matrimonio en tres oportunidades y fue padre de diez hijos. Las historias de conflictos familiares y disputas por la herencia ocuparon titulares tras su muerte. Algunos de sus hijos intentaron seguir sus pasos musicales, mientras otros se distanciaron definitivamente de la figura paterna.

Los problemas con el alcohol y la salud mental fueron una constante que marcó la existencia de Haley. Las giras interminables, el estrés de la fama y la presión financiera agravaron sus dificultades. La depresión lo acompañó durante años, y las recaídas afectaron tanto su vida profesional como personal. En los últimos tiempos, el deterioro se acentuó: en 1980 se hizo público que padecía un tumor cerebral.
La noticia de su fallecimiento conmocionó al mundo del espectáculo. Tenía 55 años. La prensa destacó la paradoja de un hombre que había sido símbolo de rebeldía juvenil y, al mismo tiempo, encarnó la fragilidad humana.
El paso del tiempo no apagó el interés por la figura del artista. Varias biografías y documentales exploraron su intimidad y reconstruyeron los excesos y contradicciones de una vida única. El relato de sus hijos, en particular, permitió arrojar luz sobre los momentos de euforia y los abismos de soledad que enfrentó fuera de los escenarios.
En el plano profesional, el repertorio de Bill Haley abarcó decenas de grabaciones, giras internacionales y colaboraciones con músicos de distintas generaciones. La banda The Comets continuó actuando durante años bajo distintas formaciones, llevando el nombre de su líder por escenarios de Estados Unidos y Europa.

Las disputas por la herencia
Las disputas legales por las regalías y los derechos de autor acompañaron a la familia durante mucho tiempo. El éxito comercial de sus grabaciones, especialmente Rock Around the Clock, generó conflictos entre los herederos y los antiguos integrantes del grupo.
En México, la figura de Haley adquirió un perfil especial. Allí realizó giras multitudinarias y grabó versiones en español de algunos de sus temas más conocidos. Su carisma y cercanía con el público latinoamericano consolidaron una admiración que se mantuvo mucho después de su muerte. La vida de Bill Haley ofrece una imagen compleja y genuina de los primeros años del rock and roll. El ascenso meteórico, los excesos y las caídas, los logros artísticos y las sombras personales se entrelazan en una biografía intensa y plagada de matices.
Las últimas décadas de su vida transcurrieron entre escenarios internacionales y períodos de reclusión. La lucha con la depresión y el alcoholismo, las internas familiares y la presión mediática desgastaron su ánimo, pero no pudieron borrar la huella de su obra.

La música Ford, como él mismo la definió, sigue girando en los tocadiscos y plataformas digitales, recordando el pulso de una época en la que el rock and roll era sinónimo de juventud, rebeldía y fiesta. Bill Haley fue uno de los primeros en encender esa chispa y llevarla a los rincones más remotos del planeta.
El relato de su vida, sin grandilocuencias ni adornos, deja al descubierto las luces y sombras de un pionero. Desde aquellos días en que tocaba por un dólar en Pensilvania hasta las grandes giras internacionales, la historia de Bill Haley es la de un hombre que supo ser protagonista de su tiempo, enfrentando la gloria y el desencanto con la misma pasión.
El 9 de febrero de 1981, hace 45 años, Bill Haley murió en su casa de Harlingen, Texas. Su ritmo inconfundible aún perdura.
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